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Eso fue hace mucho tiempo, jovencito. Sucedió hace 25 años. ¿Cómo espera usted que yo me acuerde de todo lo que sucedió aquella madrugada? Sí, ya sé que su periódico quiere mi versión. Pero le digo que es difícil acordarse así como así. A ver. Aquí guardo unas fotos de los sucesos de aquí. Veámoslas. Mire esta: una camioneta con hombres armados con escopetas, carabinas, y uno que lleva fusil. Ese, el de la esquina, con uniforme militar y un distintivo en el brazo. Un brazalete. Eso es para diferenciarse de los soldados leales al gobierno. Van por una avenida de dos canales que no sé cual es. Debe ser en el sur. Y levantan las armas en plan de triunfo. Esos de la camioneta fueron llevados prácticamente al sacrificio, porque a esa hora los golpistas ya estaban derrotados. La foto es buena, se ve que la tomó un profesional. Debe haber sido un fotógrafo de periódico. Hasta se le ve la placa: 769XFB. Una Ford pick up F-100, negra o azul oscura. No sabemos, porque la foto es en blanco y negro.

“Ahora comienzo a recordar. Era martes. Yo estaba en el apartamento con mi mujer, embarazada de siete meses. Como a la medianoche sonó el teléfono. Me levanté y lo primero que pensé fue malas noticias. Un teléfono que suena a esa hora es por algún muerto de la familia, o un accidente. Pero no era personal. Al otro lado del auricular (estamos hablando de 1992, con teléfonos de los viejos) escuché la voz de una profesora amiga. “Hay un golpe de Estado. En Caracas hay una plomamentazón y se están matando a tiros”. Luego la comunicación se cortó. Así fue que me enteré. Encendimos el televisor pero no había nada de noticias y entonces saqué mi radio de onda corta y en el balcón, en medio del viento frío de un quinto piso en el norte de Valencia, logramos oír a Radio Caracol de Colombia. Un locutor, con voz de urgencia, informaba que en Caracas se desarrollaba un enfrentamiento entre militares alzados y militares leales al gobierno de Carlos Andrés Pérez.

“Mire esta otra foto. Es la otra cara de la moneda. Parece la misma camioneta F-100 pero ahora tiene el vidrio trasero destruido por los tiros. Y mire los dos cadáveres dentro de la parte de atrás. Seguro que si comparamos con la de los hombres que levantaban las escopetas en la avenida, son dos de ellos. Jóvenes. Uno parece que estuviera durmiendo con el arma arriba de él. Al otro se le ve un gran hoyo que le dejó el tiro en el pectoral derecho. Ese fue un disparo de fusil automático. Y está la Guardia Nacional observando. ¿Ve usted a ese guardia que tiene la gorra sostenida con una correa que va a la quijada? Así se la aseguran cuando van a echarse tiros. Para que no se les vuele.

“Recuerdo que no dormimos más y a las cuatro y media me metí en la ducha y me vestí. Mi mujer preguntó que adónde iba y yo dije, a la emisora, como todos los días. Debía estar ahí a las cinco para comenzar a escribir el noticiero que salía al aire a las seis de la mañana. En el corto recorrido hasta la Bolívar Norte no había nada extraño. La ciudad dormía. Llegué de primero, como siempre. Encendí el televisor y entonces vi a Carlos Andrés Pérez en Venevisión, diciéndole al país lo que pasaba, asegurando que el alzamiento estaba dominado y pidiendo apoyo. Comencé a redactar las noticias con lo que estaba sucediendo. Lo que había oído en Caracol y lo de Carlos Andrés. Al rato llegó el otro periodista y le dije que refritara informaciones de El Carabobeño, para llenar el noticiero. No todo podía ser el alzamiento.

“Mire aquí, otra foto. Esto es en el sur. Estoy seguro. Los GN con fusiles, los policías de azul con subametralladoras. Esos de civil con pistola en el cinturón seguro son encubiertos. De esos cinco hombres tirados en la calle, dos están muertos. Los otros que tienen los brazos en la nuca son presos. Ahí tenemos un oficial GN hablando con un civil gordito de lentes, con barba. Si detalla su mano derecha se ve el cañón de una pistola. Ese es un jefe. Hay un civil sin camisa, pero su actitud es de policía. En esos momentos, la gente no se iba a acercar con toda esa gente allí armada.

“La verdad el noticiero nunca arrancó ese día. Faltando diez minutos para el inicio, llegó una orden de esperar autorización del dueño de la radio. Nosotros teníamos un aparato un poco ilegal, un escáner traído de los Estados Unidos. Era de onda corta. Con éste escuchábamos las transmisiones de la policía, GN, PTJ y los demás. Lo usábamos más que todo cuando había un atraco a un banco, o un tiroteo, y lanzábamos fanfarrias de urgente, urgente, última hora. Bueno joven, por ese escáner comenzamos a oír como a las seis y cuarto que había un movimiento de tropas desde Valencia a Maracay. Decidí lanzar urgentes con aquello, pero en eso sonó el teléfono. El dueño ordenaba pasar pura música. Nos fuimos a nuestras casas y yo renuncié a la emisora el lunes, cuando volvía la normalidad”.

 




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