Managua, Nicaragua 30 de Mayo del 2018. Poblacion Nicaraguense marcha en honor a las madres de los caidos por la lucha contra el regimen de Daniel Ortega.FOTO/LA PRENSA/CARLOS VALLE.

Managua, 1 jul (EFE).- Centenares de personas a bordo de autos, motos, camionetas y furgonetas marcharon hoy por las calles de Managua para exigir el desarme de los grupos armados irregulares afines al Gobierno que, según opositores, atacan las manifestaciones pacíficas en medio de la actual crisis sociopolítica.
Esta caravana de vehículos, que tiene como lema “Managua no olvida, Nicaragua no se rinde”, es “por el desarme de los escuadrones de la muerte”, explicó en una declaración la Articulación de Movimientos Sociales y Organismos de la Sociedad Civil, que convocaron a esa manifestación.
A su paso por barrios populares de Managua, numerosos conductores hicieron sonar sus bocinas, lanzaron proclamas en favor de los estudiantes y manifestantes antigubernamentales, y contra el Gobierno y levantaron los puños en señal de victoria.
Por su parte, centenares de peatones y pobladores de todos las edades salieron de sus casas con enseñas azules y blancas propias del emblema nacional y con cacerolas para permanecer en los aceras de sus viviendas y dar un caluroso apoyo a la caravana.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y organismos humanitarios nicaragüenses han responsabilizado al Gobierno de Daniel Ortega de graves violaciones a los derechos humanos en el marco de la actual crisis, que deja ya al menos según organismos humanitarios.
Las violaciones incluyen “asesinatos, ejecuciones extrajudiciales, malos tratos, posibles actos de tortura y detenciones arbitrarias cometidos en contra de la población mayoritariamente joven del país”, según la CIDH, lo que ha sido rechazado por el Gobierno de Nicaragua.
La Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH) denunció en un informe que policías, antimotines, parapolicías, paramilitares y grupos de choque oficialistas “hacen uso de arma de guerra no justificado, con francotiradores, contra ciudadanos que protestan cívica y pacíficamente”.
Hoy se cumplen en Nicaragua 75 días de una crisis sociopolítica, la más sangrienta desde la década de 1980, con Ortega también como presidente, que ha dejado 285 muertos y más de 2.500 heridos, según cifras de la ANPDH.
Las protestas contra Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, comenzaron el 18 de abril por unas fallidas reformas a la seguridad social y se convirtieron en un reclamo que pide la renuncia del mandatario, después de once años en el poder, con acusaciones de abuso y corrupción en su contra.
Ayer, sábado se produjeron al menos dos muertos y 11 heridos cuando miles de nicaragüenses marcharon en Managua contra el presidente Daniel Ortega, y en memoria de los menores que están entre los más de 220 fallecidos en dos meses y medio de represión del gobierno.
En la llamada “Marcha de las Flores” pudo ver cuando el joven, que vendía cintas a los manifestantes, cayó con el impacto de bala en la cabeza. Horas después murió en el hospital.
La marcha, convocada por la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia -de la sociedad civil-, concluyó en la rotonda Jean Paul Genie, pero quienes se apartaron de la ruta pretendían respaldar a los estudiantes de la UNAN.

Con flores y banderas, desafiando el temor, miles de nicaragüenses acudieron a la “Marcha de las Flores” en Managua y otras ciudades como León, Masaya y Granada, para exigir justicia por la veintena de menores muertos en la ola de violencia.

Esta fue la primera gran marcha celebrada desde la enorme manifestación del 30 de mayo en el Día de la Madre, que dejó 18 muertos por un ataque de policías, parapolicías y paramilitares.

“Quiero a mi Nicaragua libre. Duele que hayan muerto niños como yo, pero hay que seguir en lucha hasta que salga el dictador”, dijo a AFP un estudiante de 15 años, con pasamontañas y quien llevaba una bandera nicaragüense -azul y blanco- y un lanza morteros.

Entre las muertes de menores que han conmocionado al país están la de un bebé de cinco meses, calcinado en el incendio a su casa, y otro de un año por un disparo en la cabeza en una calle de Managua. Sus familias culparon a policías.

“Estamos denunciando la masacre contra el pueblo de Nicaragua por este gobierno genocida. !Qué se vaya!. Nos están matando a los niños”, dijo Carmen Martínez, de 64 años, vestida de blanco y azul, con flores rojas en las manos.

En misa en la Catedral, el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, clamó: ¡Ni un muerto más, alto a la violencia! No podemos seguir derramando más sangre de hermanos, tenemos que reaccionar denunciando e indignándonos, pero nunca devolviendo mal por mal”.




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