Foto EFE
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Los restos simbólicos de las esclavas que participaron en la crianza del Libertador Simón Bolívar, Matea e Hipólita, y la líder indígena Apacuana, ingresaron este miércoles al Panteón Nacional, en un acto que reivindica la contribución de estas “heroínas históricas” con la gesta emancipadora de ese país.

El acto se desarrolló tras una movilización que partió desde la Sala Mayor de la Casa Natal del Libertador Simón Bolívar, en el centro de la capital donde se concentraron miembros de movimientos y organizaciones sociales, y autoridades de Estado, en conmemoración al Día Internacional de la Mujer.

El traslado de los restos simbólicos de las heroínas tuvo su inicio el 1 de marzo pasado en San José de Tiznado, estado Guárico (centro), donde nació Matea Bolívar quien, como esclava, llevaba el apellido de sus amos.

Continuó por la población de San Mateo en el estado Aragua, lugar donde nació la ‘Negra Hipólita’, en una hacienda propiedad del padre de Bolívar.

La historia narra que Hipólita amamantó al Libertador debido a que su madre, doña María de la Concepción, padecía de tuberculosis. Asimismo, se dice que Hipólita no fue una simple nodriza, ya que se le achaca el ser un factor fundamental en el desarrollo de la personalidad de Bolívar, quien siempre guardó por ella un profundo afecto.

Ambas esclavas participaron en la crianza de Simón Bolívar, líder independentista de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela.

“Hoy damos la bienvenida al Panteón Nacional a estas dos mujeres. Dos mujeres que, viniendo de familias esclavas traídas del África, tuvieron un papel significativo en la forja del espíritu y el carácter del Libertador Simón Bolívar”, dijo el presidente Nicolás Maduro desde el mausoleo.

Por su parte, Apacuana fue una indígena respetada que, según el Gobierno venezolano, “representa el espíritu antiimperialista” de las mujeres del país caribeño y, además, “lideró la liberación de las tierras de Súcuta” (actualmente Valles del Tuy y Tácata, en el céntrico estado Miranda).

Apacuana encabezó esta rebelión indígena en contra de los colonizadores, hasta que fue encontrada y, en venganza, la capturaron y torturaron hasta su muerte.

“Yo estoy seguro de que Apacuana está comprobando la certeza absoluta que tuvo en su lucha de que algún día su espíritu inmortal iba a vencer, iba a ser reconocido por la tierra a la que le dejó su sangre de mujer buena, de mujer madre, de mujer luchadora”, expresó el jefe de Estado venezolano.

El Gobierno venezolano exaltó a estas mujeres por considerarles “símbolo de lucha y resistencia ante el imperialismo” y, en medio de consignas, música y bailes tradicionales, celebró que “consagraron su vida para crear y fortalecer la humanidad”.




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