El COVID-19 y la epidemia de emociones
Buscar apoyo familiar y de los amigos, invita la psicológa Yorelis Acosta, en tiempos de aislamiento por el COVID-19(Cortesía)

Toda epidemia supone afectación de la salud y causan gran cantidad de enfermos y muertes y llevan implícitas tres dimensiones que debemos considerar: La dimensión económica, la más tendida por varios especialistas nacionales e internacionales; la dimensión social y la psicológica.

En todas esas áreas causa grandes impactos. Y el coronavirus no es la primera pandemia del siglo XXI. Registramos el Síndrome de Respiración Aguda, entre 2002 y 2003 que acabó con la vida de cerca 800 personas en Asia; la gripe A-H1N1 con un saldo negativo de 18000 vidas en el 2009; el brote de Ébola en África y las afecciones trasmitidas por mosquitos como el dengue, el zika y el chikunguña en América Latina, apunta la psicóloga clínica Yorelis Acosta.

Pero sin duda, ninguno con la alarma mundial que ha generado el COVID-19 y las medidas de higiene y aislamiento obligatorio para detener su propagación.

Esta dimensión pone en peligro la estabilidad emocional de las personas, pero también de los grupos y la sociedad, sostiene Acosta, también profesora de la Universidad Central de Venezuela.

Sin duda, pensar y atender la vida y la salud de los ciudadanos es el punto uno, acota. Pero también debemos atender los componentes emocionales de la pandemia y los peligros sociales y psicológicos que nos trajo y nos dejará como secuelas.

El sacudón emocional fue mundial, países que considerábamos más robustos para atender problemas de salud, quedaron de rodillas ante los efectos del coronavirus. Todos temen por su salud, por su vida y por sus familiares. Todos en el mundo tememos, por diferentes razones y vulnerabilidades.

Pero, la psicóloga invita a pensar ahora en Venezuela.

Nuestro sistema de Salud

Es evidente, refiere, los mútiples factores que le quitan tranquilidad y disminuyen la calidad de vida de los venezolanos: los temas económicos y en especial la hiperinflación y la escasez, la inseguridad, el colapso de los servicios públicos, el tema gasolina, efectivo y un largo etc. que suma en nuestro cerebro y lo ponen a trabajar las 24 horas del día.

Y cuando pensamos en salud, generalmente nos situamos en la dimensión física: calidad de vida, enfermedades o ausencia de ella, bienestar y sentirnos sanos.

Pero, además, la salud incluye las condiciones sociales de vida, la falta de cuidados, el sentirse feliz, la alegría de vivir, el sentido de la vida, el disfrute de múltiples actividades que deberíamos realizar y la salud mental.

Agrega que la salud también se estudia desde una dimensión individual, con la que estamos más familiarizados, es nuestra salud y la de nuestros cercanos.

Mientras, la salud pública refiere a la salud colectiva para promover el bienestar y la salud, prevenir y vigilar la enfermedad y los factores de riesgo; y en tercer lugar, la salud de los grupos sociales, relacionada con la estratificación de colectivos según su clase social, género, etnicidad, situación migratoria, edad, territorio, identidad sexual o cultural, o distintas formas de discapacidad, es decir con las desigualdades de salud.

Las emociones de la pandemia

Sin buscar la exhaustividad de las teorías de las emociones,que se se clasifican en teorías fisiológicas, neurológicas y cognitivas; la psicología positiva propone la distinción de emociones positivas y negativas donde se identifican, por un lado el amor, la alegría, placer, satisfacción, orgullo, esperanza y otras.

Y por el otro lado, miedo, rabia, tristeza, aflicción, insatisfacción. Sin embargo, es necesario acotar que todas las emociones tienen un lado positivo y otro menos positivo.

Por ejemplo, En el caso de la rabia, puede llevar a la autorreafirmación, a la defensa y demarcación del territorio, y en definitiva conduce a la acción; pero mal canalizada esta emoción se vuelve irritabilidad, agresión, resentimiento, no expresada se puede volver contra sí mismo y afecta la salud física.

Es lo que dice la teoría, pero los estudios de la psicóloga sobre las emociones y el estado emocional de los venezolanos, la han llevado a hablar de las emociones de la crisis.

Y es que los venezolanos conocemos, toleramos y somos amigos de la tristeza, el miedo, la rabia, la frustración; pero la crisis de los últimos años, ha hecho aparecer otras emociones complejas, mixtas, que nos cuesta identificar.

En este sentido, Yorelis Acosta ha desglosado, que estas emociones conductuales y cognitivas han derivado en estados emocionales como la perplejidad, anestesia, aturdimiento, confusión, duelo intenso, dolor, sufrimiento, vulnerabilidad, colapso y hasta culpa de sentirnos bien en medio de la crisis, de ver oportunidades, de prosperar y no dejarnos derribar por los otros y por la adversidad.

“Lo que contrasta con nuestra característica histórica de alegría”, dice.

Llegó el coronavirus

Con el anuncio oficial de las medidas de aislamiento obligatorio para controlar la propagación del virus, comenzaron las conductas irracionales y el pánico colectivo. A la calle hacer colas, compras exageradas, acaparar el que pudiera.

Y es que en este país tenemos una historia de dolor y escasez que se nos activó inmediatamente con esta emergencia sanitaria. ¿Pensaron en lo que evoca una simple fotografía de estantes vacíos en una farmacia o un supermercado? ¿No pensamos si la foto era local o no, o anterior a la pandemia? simplemente corrimos a protegernos.

Miedo colectivo fue la primera reacción de la pandemia, detalla Yorelis Acosta.

Una pandemia de gran magnitud implica una perturbación psicosocial que puede exceder nuestra capacidad de calma y racionalidad. El estudio de las pandemias incluso nos señala que toda la población va a sufrir preocupaciones, angustia y tensiones en mayor o menor medida.

Es la reacción normal ante una situación anormal. Además, si en las familias hay antecedentes de problemas psicológicos en alguno de sus miembros, sus síntomas aumentarán durante este periodo, por eso es importante mejorar la atención pública en salud psicológica.

Por ello, recomienda la experta que es muy probable que las personas con antecedentes de salud requieran apoyo, incluso a distancia, porque los efectos en la salud psicológica van a ser más marcados en las poblaciones vulnerables y en las que viven en condiciones de precariedad, con escasos recursos y dificultades con los servicios públicos.

Hay mucho miedo. Pero no es la única emoción presente. Tenemos un abanico de opciones que se registran en la población. Tres semanas de aislamiento, predomina la ansiedad, el aburrimiento, el hastío por el encierro, por la ruptura de las rutina y por el deseo de volver a “nuestra normalidad”, aun cuando sabemos que no tenemos un espacio de vida normal y que nos espera un mundo diferente.

Estar en casa con todos los miembros de la familia, o en la soledad absoluta también nos movió emocionalmente. Familias con fisuras terminan por darse cuenta que son grietas y deben ser atendidas, parejas con problemas terminan por confrontarse, algunas mentiras quedan al descubierto y los comportamientos violentos y adictivos se hacen evidentes.

Ante este panorama, informa Acosta que entre sus colegas psicólogos clínicos no han dejado de atender a sus pacientes con este aumento de síntomas y con la nueva realidad que puso en evidencia el COVID-19.

Complicaciones de sueños

Uno de los aspectos por los que más se les consulta, reveló la especialista, es por los problemas de sueños. También, sobre el aumento de consumo de alcohol y drogas.

Pero también, hay otro grupo de personas que llevan mejor el tema del encierro, que acata la norma, que puede trabajar desde su casa y aprovecha el momento para la reflexión y sacar las conclusiones de vida.

Es necesario el manejo de las emociones y enumerar las nuevas normas para la familiar al estar más tiempo juntos en convivencia tan estrecha y prolongada para evitar los conflictos o identificarlos y abordarlos profesionalmente si es necesario, indica.

Este cambio de rutina puede generar irritabilidad, estrés, tristeza, depresión, cansancio entre otras reacciones, pero cada miembro de la familia lo expresará en distinta intensidad. Es el momento de observar, escuchar, comprender, tolerar y acompañarse.

¿Qué más hacer?

De cómo lidiar con el aislamiento prolongado y el manejo de las emociones en este encierro. Aquí las recomendaciones de la psicóloga clinica Yorelis Acosta:

+.-Céntrese en el momento presente. Vayamos resolviendo día a día.
*.-No consuma información en exceso sobre el coronavirus. Ya lo sabemos, ocúpese más bien en leer otras cosas, aprender, resolver, y ayudar a los suyos y a sus vecinos, si puede.
*.-Establezca espacios y horarios.
*.-Diseñe rutinas para todos los miembros de su familia. Manejo especial requieren los niños y adultos mayores.
*.-Incluya actividades físicas pero también de formación y aprendizaje.
Informe que ud. debe trabajar, para que se respete su labor y se eviten interrupciones.
*.-Maneje sus emociones, disminuya la ansiedad. Procure reducir los pensamientos negativos incluyendo otro tipo de información que equilibre el pensamiento y le de tranquilidad.
*.-Debemos potenciar las emociones que nos vinculen: como la solidaridad, el apego, el interés, la alegría, la serenidad.
*.Busque ayuda profesional, si la requiere.




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