El Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic), cumple este sábado 60 años de su fundación sigue haciendo ciencia pese a que en el laboratorio de Química no todos los equipos están operativos y faltan os materiales.

William Castro, director del área relata a La Patilla, que mientras trabaja en el desarrollo de nuevos fármacos para tratar enfermedades como el cáncer, la malaria o el mal de Chagas, lamenta que el bajo salario que percibe no le permite llevar la comida a la mesa de su familia.

“Uno no se enfoca en la investigación solamente, sino en la comida para su casa, en la salud y las medicinas que uno tiene que comprar”, afirma Castro, quien tiene un doctorado y es jefe del laboratorio de Química Bioinorgánica del Ivic.

Al igual que Castro, decenas de investigadores, técnicos y estudiantes hacen “un esfuerzo sobrehumano” para mantener la excelencia de la institución. Afirma que mientras la región científica avanza en técnicas, equipos e investigaciones, la ciencia en Venezuela se ha quedado estancada por la crisis.

“Nosotros vamos hacia atrás. Dos equipos de resonancia magnética que había en el Centro de Química se dañaron por la falta de mantenimiento. Podemos trabajar con los pocos insumos que nos quedaban en reserva cuando aún al Ivic le otorgaban divisas, pero de forma muy limitada. Estamos tratando de mantener tantas investigaciones como podamos aunque es difícil”, lamenta el jefe de laboratorio.

Pero no solo el recorte de las divisas otorgadas por el Ministerio de Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología, ente al que está adscrito el Ivic, ha acorralado a la comunidad científica más importante de Venezuela. La diáspora también ha cerrado laboratorios y desmembrado equipos enteros de investigación.

Una encuesta realizada por varios investigadores del Ivic para el segundo semestre de 2018 arrojó que 75% de los laboratorios del instituto están paralizados y que 30% de los científicos del centro se han ido del país.

Solo hace cinco años, el equipo de Castro estaba conformado por 25 personas, entre ellos cuatro investigadores. Ahora solo quedan él y sus estudiantes.

Quienes se formaron en los pasillos del emblemático centro científico han sido captados por equipos del resto de la región y del viejo continente. Poco a poco fueron saliendo, con sus batas y sus muestras empacadas en la maleta a Ecuador, Argentina, Uruguay, Estados Unidos, España, entre otros países.

Mientras tanto, en el Ivic los investigadores tratan de mantener en pie una referencia nacional y regional y dejar aportes a la ciencia, mientras fuera del instituto la inflación diaria se sitúa en 3,5% y la escasez de medicamentos se mantiene en 85%.

“Aquí en el Ivic nadie gana más de dos sueldos mínimos, fijado en 18.000 bolívares soberanos. 90% del personal carece de suficientes ingresos para solventar sus necesidades. Nosotros necesitamos una buena remuneración: eso te da calidad de vida y calidad de investigación“, asegura Castro.

Una crisis que empuja a los más jóvenes

En los últimos tres años, los equipos científicos empezaron a desmembrarse rápidamente por la diáspora. Fue a partir de 2015, cuando los investigadores protestaban en las calles por mejores remuneraciones salariales y cuando las ausencia de divisas trajo más limitaciones a la ciencia, que los científicos empezaron a buscar opciones fuera de las fronteras.

Tal es el caso de Félix Moronta, quien desde hace un año vive en Italia, donde pudo desarrollar el proyecto en seguridad alimentaria que no logró hacer en Venezuela.

“Yo estuve tres años en el Ivic. Durante ese tiempo no solo tenía un proyecto que quería sacar adelante, sino que también tenía que estar luchando por las reivindicaciones salariales, protestar contra la Ley del Ivic (que impulsaba la Asamblea Nacional en el año 2015), estar pendiente de operativos para conseguir comida“, enumera Moronta, actualmente radicado en Roma.

En 2015, relata el doctor en Biología Experimental, se produjo un recorte presupuestario en el ministerio que dejó al Ivic sin divisas. Fue en en ese momento que se dio cuenta de que su proyecto ya no era viable en el país. “Eso fue una sentencia terrible para mi investigación“, añade.

El año anterior, el entonces vicepresidente de Venezuela, Jorge Arreaza, dijo una frase que todavía se mantiene en la mente de los trabajadores del instituto. “Nosotros no vamos a eliminar el Ivic. Nosotros lo que vamos a eliminar es la ciencia elitesca, la ciencia para el capitalismo, la ciencia que no es útil para el pueblo”.

La ciencia que Moronta no pudo realizar en el país, pero que logró desarrollar en un centro de investigación público intergubernamental en Italia es de utilidad para Venezuela. En su investigación de laboratorio, halló que hay bacterias beneficiosas que hacen que los cultivos de arroz crezcan con mayor rapidez.

Un hallazgo en el ramo de la seguridad alimentaria que aún falta probar en los campos, pero que promete complementar la protección de los cultivos.

Solanged Espinoza sigue en Venezuela, pero al igual que muchos de sus colegas, también trata de mantener sus papeles listos para buscar oportunidades fuera de las fronteras. De pequeña, cuando vivía en Apure, coqueteaba con la idea de vestir una bata blanca, mezclar elementos en tubos de ensayo y esperar a ver cómo cambiaban de color.

Ahora es una de las estudiantes de William Castro en el posgrado Química Bioinorgánica y “beneficiaria” de una beca del Ivic que otorga apenas seis bolívares soberanos a los científicos en formación.

“La beca no alcanza para nada, pero por lo menos tenemos otros beneficios, como el comedor (que sirve almuerzo y cena todos los días) y una residencia”, relata Espinoza. “Aquí los profesores trabajan con las uñas para poder darnos una formación de calidad y, donde sea que vayan los científicos del Ivic, son reconocidos”.

Durante su estadía en Italia, Moronta publicó un paper, se ha formado en asesoramiento y diplomacia científica y culminó su proyecto post doctoral. Sin embargo, la idea de regresar al Ivic aún lo ilusiona.

“Mi sueño sería volver al Ivic y poder llenar el laboratorio en el que yo estaba con equipos y estudiantes. Llevar para allá todo el conocimiento que he adquirido aquí y que tanto hace falta para poder promover la unión entre ciencia y sociedad“, afirma Moronta.

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