El negacionismo es la negación sistemática de los hechos que integran la realidad, sean históricos, científicos, o de naturaleza corriente o actual. Uno de los “negacionismos” más notorios es el que niega la existencia, o por lo menos la dimensión, del holocausto de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Por cierto que un negacionista convicto y confeso de ello, fue el señor Norberto Ceresole, un argentino impresentable que asesoró e influyó mucho en Chávez.

De allí que el negacionismo no sea un fenómeno extraño a la hegemonía roja, sino que, por el contrario, forme parte de su esencia. Lo cual podría explicar por qué Maduro y los suyos pontifican sobre el país, como si Venezuela no fuera ésta Venezuela sino Dinamarca o Dubai. Un modelo ejemplar en diversas dimensiones. Según ellos, todo lo que están haciendo es una maravilla y el país se encamina hacia un brillante futuro. El panorama no es más radiante porque hay una campaña imperial de descrédito y de acciones malévolas que, sin embargo, se estrellan en contra de la muralla moral de la “revolución bolivarista”…

En principio, todo esto suena a insania. Pero poniendo más atención, hay que darse cuenta de que se trata de una estrategia: el negacionismo. ¿Hay emigración? No. ¿Hay catástrofe humanitaria? No. ¿Hay depredación de los recursos públicos? No. ¿Hay despotismo y desprecio a los derechos humanos? No. ¿Hay un colapso en los servicios públicos? No. ¿Hay un avasallamiento de la libertad de información? No. Nada de nada que sea malo. Y si llegan al extremo de aceptar que hay algún tipo de problemilla en alguna parte, eso lo justifican con el sabotaje de las iguanas (crisis eléctrica), de las sanciones que impiden comprar repuestos para las gandolas (crisis de la gasolina), y así con lo que venga. Y sin pestañear…

¿El negacionismo funciona? Por lo menos en el caso que nos ocupa, ha funcionado en una medida que no se puede subestimar. De hecho, la nombrada “hegemonía comunicacional” es para asentar el negacionismo como premisa básica de la propaganda roja o negra, como se prefiera. “Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”, afirmaba el ministro de propaganda del Tercer Reich. Eso lo aplican todos los días y en todos los aspectos, los voceros del poder establecido en Venezuela. ¿Se creerán ellos y ellas sus propias mentiras o negaciones? Puede que sí, puede que más o menos, o puede que no. Total, la verdad no tiene relevancia para estos jerarcas, porque lo único que les importa es el continuismo en el poder.

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