Partido Comunista venezolano denuncia el rechazo a su candidato para Caracas
Partido Comunista de Venezuela / Foto referencial: Cortesía

El Partido Comunista de Venezuela (PCV) vive la cuarta «ilegalización» de su historia desde su fundación hace 92 años -dos en dictaduras, una tras optar por la lucha armada y la última este agosto, con un Gobierno socialista-, luego de que el Supremo ordenara una intervención, que sus miembros -aseguran- afrontan con «la moral en alto».

El PCV nació en la ilegalidad y vivió episodios de clandestinidad durante los Gobiernos militaristas de Juan Vicente Gómez (1908-1935) y Marcos Pérez Jiménez (1952-1958), y del socialdemócrata Rómulo Betancourt (1945-1948), cuando pasó a ser una guerrilla.

El 11 de agosto, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) admitió un amparo constitucional, introducido en julio por supuestos miembros del propio PCV, que despoja a la dirección tradicional de sus siglas y tarjeta electoral, y nombra una «junta directiva ad hoc» para organizar «procesos democráticos internos».

LAS «ABERRACIONES» DE LA SENTENCIA

Yul Jabour, miembro de la dirección tradicional del PCV, dijo a EFE que esta acción es una «judicialización», como ocurrió en dictaduras militares o en seudodemocarcias, lo que el buró político del comité central de la formación considera una aberración jurídica con errores inexcusables y marca un gravísimo precedente para la historia.

Explicó que el TSJ justifica la decisión con que «no se ha celebrado el correspondiente congreso de la organización», lo que -aseguró Jabour- «es falso», ya que la hubo cónclave en 2017 y en 2022, cuando se eligieron a los 62 miembros actuales del comité central, quienes ratificaron, por sexta vez, a Óscar Figuera en la Secretaría General.

Además, negó que quienes introdujeron el amparo sean militantes del PCV, como los identifica la sentencia, sino que varios de ellos «son activistas de otras organizaciones políticas», y precisó que solo dos de los que figuran en la «junta ad hoc» impuesta fueron miembros del partido, excluidos desde hace varios años por no cumplir con sus obligaciones estatutarias.

Nadie puede alegar un derecho en una organización a la cual no pertenece, subrayó Jabour.

Ante esta «aberración», el PCV presentó un «escrito de defensa» ante el TSJ, en el que señaló que este amparo contraviene la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, por haber sido introducido el 10 de julio, más seis meses después del último congreso del partido.

Asimismo, destacó que la sentencia que ordena su intervención también es inconstitucional por no considerar el derecho a la reelección indefinida, establecido en la ley venezolana.

En una parte de la sentencia, se dice que, para garantizar el principio de alternabilidad, los que se elijan para un cargo en las organizaciones políticas tienen que estar por un tiempo determinado, y eso viola un principio de la Constitución que se adoptó en la reforma constitucional (…) a cualquier cargo de reelección popular se puede optar (…) tantas veces el pueblo quiera, destacó.

Por su parte, la ONG Acceso a la justicia recordó que la medida contra el PCV fue impuesta también en años anteriores a más de una docena de formaciones, tanto opositoras -como Acción Democrática, Primero Justicia y Copei- como tradicionales de izquierda, como Bandera Roja o Patria Para Todos.

Según la organización, esta «parece ser una estrategia por confeccionar no solo una oposición a la medida, sino por silenciar toda disidencia dentro de sus propias filas».

EL PCV, UNA ESCUELA

Isaac López, historiador dedicado al estudio de la lucha armada en América Latina y de la izquierda marxista venezolana, dijo a EFE que la importancia del PCV radica en que ha sido «una de las instancias de transición política de la Venezuela moderna».

«Eso ha sido el Partido Comunista en su historia, una escuela de formación ideológica política, una escuela de cuadros que es lo que los partidos han perdido en la contemporaneidad venezolana», reiteró.

Recordó que el PCV se alejó en los últimos años de la política del Gobierno actual, y que, pese a las denuncias de acoso a la organización, mantiene los preceptos de que «en el proletariado está la base de la formación de la sociedad», por lo que continúa reclamando aumentos salariales dignos y los derechos de los trabajadores.

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