Un hecho público, notorio y comunicacional, es que Venezuela se transmutó en un país de emigración masiva a lo largo del siglo XXI. Esto no es una opinión, mucho menos una especulación, es, repito, un dato de la realidad. Durante gran parte del siglo XX, Venezuela fue lo contrario: un país caracterizado por oleadas de inmigración masiva. Pero eso quedó en la historia, porque durante el presente siglo la situación se revirtió de manera radical.

Algunos, sin embargo, se preguntan si los jerarcas de la hegemonía están a favor o en contra de la masiva emigración que sale de Venezuela. Se trata de una interrogante absurda porque es obvio que están de acuerdo. Es más, desde el poder hacen todo lo que pueden para que la emigración aumente. Por una parte, mientras menos gente, menos demanda y menos consumo. Y si encima los que se van, envían churupos en divisas, ello tiene algún impacto económico, y esos mismos jerarcas buscan las maneras de embolsillarse una parte de esas divisas.

Un contador de primera categoría, comentaba en estos días que la emigración masiva de venezolanos, se puede asimilar a una “cuenta de cuadre”, o ese tipo de cuentas que contribuyen a “cuadrar” los balances, desde el punto de vista contable. Si aún con ello, estamos inmersos en una catástrofe humanitaria, imagínese, apreciado lector, si en Venezuela vivieran los millones de venezolanos que se han establecido en el exterior.

Por lo demás, es razonable sostener que una porción sustancial de la emigración es políticamente contraria a la hegemonía. Y eso es una buena noticia para la hegemonía roja. Y recalco “porción sustancial” porque da la impresión que la emigración se está haciendo policromática. Y esto lo digo, no por los familiares de la boliplutocracia que viven en el exterior, sino por mucha gente que alguna vez se “ilusionó” con el “proceso”, y que ahora no encuentran ni un presente aceptable ni mucho menos un futuro digno en Venezuela.

La emigración venezolana no es para las urbanizaciones de moda en Miami, o para los sectores opulentos de Madrid, o para las zonas altas de Bogotá. No. El grueso de la emigración es para donde sea, a veces con una mano adelante y otra atrás, quizá con una amistad o un familiar ya instalado, que abre algunas puertas. Y la llegada y el acomodo suelen ser muy duros, pero los jóvenes, por ejemplo, lo prefieren a permanecer en Venezuela, su país en el que se juegan la vida –literalmente–, mañana, tarde y noche.

El poder rojo estimula la emigración masiva, y ésta se produce por causa del poder rojo. No es muy difícil de entender.

flegana@gmail.com




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