‘Sesgo’ es una palabra que proviene de sesgar, un verbo que se refiere a “torcer o atravesar algo hacia uno de sus lados”. El diccionario de la Real Academia Española (RAE) define a ‘sesgo’ como “lo oblicuo, torcido o ladeado”. En el lenguaje de la calle, ‘sesgado’ es lo que se sale de lo “corriente”, es lo que se sale de lo “común” (ambos en comillas).

El concepto ‘sesgo’ también se utiliza en sentido simbólico para mencionar una tendencia a la inclinación o desviación, a lo que no está en un buen sentido, a lo que está “fuera de lo deseable o esperado”, aunque no exista una enfermedad, una malformación, o alguna patología, necesariamente… es como decir, por ejemplo: “Las presiones sobre los estudiantes pueden ocasionar un sesgo innegable en la autoridad del profesor”; o decir, también: “Sus duras órdenes reflejan un sesgo fascista debido, a su pasado como militar”. Otro ejemplo sería: “Sus comentarios tienen un claro sesgo homosexual, que le hace popular en la comunidad gay”.

La noción de ‘sesgo’ se utiliza mucho en la psicología, para referirnos a una condición muy propia de los seres humanos. Decimos que ocurre un ‘sesgo cognitivo’ (o del conocimiento) en una persona, para aludir a la presencia de una característica particular que incide (influye) en los momentos en que dicha persona esté procesando alguna información. A esto se le conoce también, más técnicamente, como ‘prejuicio cognitivo’, o simplemente, como un ‘prejuicio’. ¡La gente prejuiciosa –es corriente decir– tiene opiniones muy sesgadas!

Descrito en otros términos, “un ‘sesgo cognitivo’(o ‘prejuicio’) es un efecto psicológico presionante que se produce en forma de desviación (sesgo), durante un proceso mental, por razones culturales, psicológicas, educacionales o ideomaticas. Se ocasiona una distorsión, un juicio inexacto, o una interpretación ilógica, llamada despectivamente, “irracionalidad”, que ocurre por la forma como sea interpretada la información disponible, aunque los datos no sean lógicos o no estén relacionados entre sí. ¡Si leemos esto más despacio, tres o cuatro veces, no tengan dudas de que lo comprenderán!

En psicología, como vimos, este término (‘sesgo cognitivo’) hace referencia a la “distorsión de la información” que se produce muy rápidamente en nuestro cerebro, al procesarla. En el idioma español de uso corriente la expresión “prejuicio cognitivo” (o ‘sesgo cognitivo’), se acerca mucho más al significado de las palabras «tendencia», «sesgo» o «predisposición».

Hoy en día se vive con el ‘prejuicio’ y con el ‘sesgo informativo’, porque ambas condiciones existen en formas paralelas, presentes corrientemente en nuestra actividad social, política y económica; porque, si nos dedicáramos a averiguar la presencia y los efectos de ‘prejuicios’ y ‘sesgos’, y tanto el trabajo de comprobarlo como las acciones de condena, o algunas decisiones no deseables, entonces ¡nos sería imposible vivir en sociedad y en armonía! Se ha hecho inevitable que nos basemos en suposiciones, en prejuicios o probabilidades, que de una manera u otra, se sesgan en función de los resultados que exigen la sociedad y sus instituciones.

Es compleja y difícil la situación, sin embargo, si nadie comprobara de manera regular la veracidad de la información, cuando la propia vida o una decisión depende de dicha veracidad, estaríamos hablando de un acto prejuicioso o algo quizás más censurable: la negligencia. ¡Y no es un acto negativo el pensar cautelosamente de manera prejuiciosa! Pero, el acto de no verificar la información desde una perspectiva informada y protegida, es un acto ‘prejuicioso’ que en tal caso, sería reprobable. Pero es así como nos comportamos en el mundo real, en el “aquí y ahora”: informando y desinformando, muchas veces sin mala intención…

Somos seres vinculares, y además, ‘sesgosos’…




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