El Valencia
Los jugadores del Valencia celebran el gol marcado por el delantero Alberto Mari ante el Celta.

El Valencia respira en la clasificación gracias a su agónico triunfo este domingo en Balaídos, donde el joven Alberto Marí desniveló con un cabezazo en el minuto 86 su partido contra el Celta, que igualó en el segundo tiempo el tanto de Kluivert pero acabó sufriendo una dolorosa derrota que le complica su futuro.

La decadencia del Celta ha coincidido con el bajón de Iago Aspas. El internacional español está lejos de su mejor momento, ya no decide los partidos de su equipo. Ante el Valencia jugó tocado, y lo acusó. Aspas quiere pero no puede, y el mejor ejemplo es que fue sustituido en el inicio del segundo tiempo, algo que no se recordaba en Balaídos.

El partido era una final para ambos equipos. Se notó en el ambiente, en la tensión que reinaba en los banquillos. El Celta la encaró sin dos de sus indiscutibles en defensa, Aidoo y Javi Galán. Y sus problemas se multiplicaron tras un error de Cervi, el elegido para ocupar el lateral izquierdo, que Diego López aprovechó para poner un buen centro a Kluivert, que definió con calidad.

El Valencia ya mandaba a los ocho minutos, y eso aceleró al Celta. Se adueñó del balón, encerró a su rival en su campo pero apenas generó ocasiones de peligro. La más clara fue un disparo desde la frontal de Carles Pérez que sacó con una gran estirada Mamardashvili.

Al Celta le faltó equilibrio, se partió con el paso de los minutos y sobrevivió gracias a un buen repliegue del peruano Renato Tapia para evitar el remate de Kluivert en boca de gol y una espectacular parada de Iván Villar con el pie al disparo de Diego López.

Ambas situaciones en el arranque del segundo acto, cuando el reloj ya apretaba al Celta. Perdonó el equipo de Baraja, y lo acabó pagando porque poco después el internacional suizo Seferovic, que ya había probado a Mamardashvili, igualó el duelo con un remate de cabeza. Balaídos estalló y Aspas, que había sido sustituido minutos antes por Larsen, lo celebró en el banquillo.

El gol celeste destrozó al Valencia, un equipo desnortado por su situación clasificatoria. El choque se convirtió en una idea y vuelta, pero era el Celta el que estaba más cerca de marcar. Baraja movió el banquillo pero el panorama valencianista no mejoró. Óscar Rodríguez estrelló un disparo al palo a falta de un cuarto de hora.

Pero en el minuto 86, Alberto Marí aprovechó un enorme desajuste defensivo de los centrales del Celta para superar a Iván Villar con su remate de cabeza, un gol que puede valer una permanencia, un triunfo que alarga la agonía gallega y supone un balón de oxígeno para los de Rubén Baraja.




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