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En los estertores del año 2017 las esperanzas del venezolano difieren de lo que era una cultura entre nosotros.  El cambio de fecha venía acompañado de un futuro mejor, como realmente solía ocurrir antes de que llegara la revolución, hoy la causante de un pesimismo racional.  Todos se disponen para subsistir en un año más desalentador aún del que está a punto de irse. Saben igual que Gustavo Roosen de: “la acumulación de 15 trimestres de recesión, una caída económica de 12% solo entre enero y septiembre de este año, una inflación desenfrenada, una deuda agobiante, desorden cambiario y pérdida de capacidad productiva”.  Es la economía lo que agobia a nuestros compatriotas, que el régimen aprovecha y la utiliza como un cepo gomero para someter a la sociedad a sus anchas a fin de sostenerse en el poder que les suministra- a los gobernantes, me refiero- pingues beneficios para engordar sus cuentas andorranas y en algunos que otros paraísos fiscales.  Este problema número uno, es decir, el económico, se transforma en un hecho de naturaleza política donde pudiera estar o está la solución de la crisis.

Allí está la esencia, digámoslo de esa manera. Lo más preocupante para echar adelante en el terreno político es que, precisamente, la oposición no está viviendo su mejor momento.  Las causas del deterioro de la oposición no son consecuencia de los pésimos números electorales alcanzados en las elecciones de gobernadores del 15 de octubre ni los de alcaldes del 10 de diciembre.  Esos descalabrados resultados son justamente consecuencias de una oposición desarticulada que no ha logrado engranarse para hacerle frente a un régimen que ha demostrado querer eternizarse en el poder al costo que sea: se organiza, supera sus diferencias intestinas, pisotea la Constitución, secuestra a sus adversarios, y utiliza los pocos recursos del Estado para el proselitismo electoral.

l hecho es que las opciones de la oposición se circunscriben a tan solo dos elementos perfectamente definidos: por una parte,  el electoral y en segundo lugar la salida del régimen a través de un mecanismo que los mismos proponentes de la idea no saben decirnos cuál es la manera, cuál es el método, pues, hay cuantiosa literatura contestaria, mucha dialéctica protestaria, pero hasta ahí.

De ambos sistemas el que va consiguiendo forma a pesar de los toma y dame, es el electoral. En República Dominicana se discute una salida a la crisis.  Crisis que día a día cerca más y más al gobierno; aunque algunos se resistan, tanto de uno como del otro bando, por diferentes interpretaciones o conveniencias, a reconocer su gravedad.  El caso es que todo parece indicar que las elecciones presidenciales irán el nuevo año bajo unas condiciones no optimas, pensarlo sería una fantasía, pero si sustancialmente mejores que en anteriores torneos electorales.

Finalmente, una eventual candidatura de Lorenzo Mendoza va ganando apoyo en la colectividad, como en muchos dirigentes políticos. El arrollador triunfo en Chile del empresario Sebastián Piñera con 54 % de los votos, antes otro hombre de negocios, Mauricio Macri, en Argentina; Donald Trump en Estados Unidos, indica que se abrió una era en el poder para los productores  prósperos y exitosos.

garciamarvez@gmail.com




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