El padre Moisés Pérez Lugo

Este jueves será el acto de sepelio del padre Moisés Pérez Lugo, quien falleció con síntomas asociados a la COVID-19 el pasado martes, en un centro de salud privado de Valencia.

El párroco de La Candelaria, Antonio Arocha, informó que el entierro tendrá lugar en el Cementerio Municipal de Valencia, al lado de su madre.

El padre indicó que su colega nació en Barinas, pero desde muy joven se trasladó junto a su familia a la ciudad de Valencia, específicamente en la zona de la parroquia eclesiástica de San Juan María Vianney, comunidad animada pastoralmente desde hace muchos años, por la hermandad de sacerdotes operarios diocesanos, hoy asociación pública clerical de derecho pontificio.

Allí en esa comunidad conoció el padre Moisés el carisma de los operarios y recibió la llamada sacerdotal. Hizo los estudios como seminarista de filosofía y teología en Caracas. El día de Pentecostés y del Seminario del año 1986 recibió en la Catedral de Valencia, de manos del primer arzobispo, monseñor Luis Eduardo Henríquez, su ordenación sacerdotal.

Arocha relató que el padre Moisés luego de su ordenación, estuvo ejerciendo el ministerio sacerdotal por varias zonas de Venezuela desde la hermandad de los padres Operarios. Adicionalmente tenía una dedicación rigurosa al estudio, especialmente la materia de teología patrística.

A finales de 2006 decidió regresar a su tierra que lo vio crecer, y fue recibido por monseñor Del Prette en la Arquidiócesis de Valencia, quien lo envió al servicio pastoral en la parroquia Nuestra Señora Del Rosario en Güigüe. Allí conoció al padre Ricardo Lozada con quien compartió varios años de amistad y trabajo pastoral.

En el 2009 ambos sacerdotes fueron trasladados para atender las parroquias San Pedro y San Pablo en el Palotal y San Martín de Porres en la Fundación Mendoza, donde luego quedaría como administrador parroquial.

“Al padre Moisés lo vamos a recordar, especialmente los que lo conocimos en estos últimos años, como un sacerdote fraterno y caritativo. Era dedicado a la eucaristía, especialmente a las que llamamos de sanación”.

Dijo que muchos valencianos asistían a esas misas cargadas de cantos y devoción, para buscar un milagro físico o moral.

“Sin duda alguna el padre Moisés deja un gran vacío espiritual y pastoral”.

El padre Arocha también comentó que el presbítero, por sensibilidad por la caridad fraterna sacerdotal, ayudó a varios sacerdotes y a sus familiares  con el consuelo espiritual e inclusive material. Se le había ocurrido la idea de convertir el salón parroquial de su comunidad, en una unidad de cuidados médicos para sacerdotes contagiados con el virus. Los sacerdotes de Valencia le están muy agradecido por ese gesto.

“Hoy podemos decir desde la fe, que estamos agradecidos del Dios de la vida, por haber tenido la oportunidad de haber conocido y compartido con el padre Moisés. No lo hemos perdido sino que se ha transformado. Rezamos para que haya adquirido la mansión eterna en el cielo”.

 




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