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“Es importante escuchar a los familiares de las víctimas del 11 de Abril de 2002, pero también es importante que de una forma sensata, responsable, humilde y razonable, ellos vean lo que hicieron con nosotros y nuestras familias”.

El agente Erasmo Bolívar, condenado a 30 años de prisión por los sucesos de Puente Llaguno, insiste. “Somos inocentes, el mismo juicio oral y público lo demostró”.

Bolívar también define como víctimas de los sucesos del 11 de Abril a las familias de los policías metropolitanos condenados por aquellos hechos, que han debido soportar este injusto encierro y la tragedia que lleva implícito. Pide que sus voces también sean escuchadas.

Uno de los cinco presos políticos más antiguos de este régimen, aún detenido en Ramo Verde, le pregunta a los familiares de las víctimas: “¿Es más importante sentenciar una persona siendo inocente, por hacerles creer a ustedes que fuimos los culpables, cuando en realidad los verdaderos responsables de las muertes están libres? ¿Dónde está el sentimiento y la conciencia de quienes saben que sentenciaron a alguien siendo inocente y que el culpable todavía está en la calle?

Erasmo Bolívar aún tiene fe en que las fórmulas alternativas al cumplimiento de la pena, que le corresponden desde 2007,  serán aprobadas. “Las esperamos porque tenemos derecho a ellas, nos corresponden, ya casi tenemos 14 años en prisión”

Y de esos casi tres lustros de injusto encierro, las mayores víctimas han sido sus hijos, Erasmo, Joseph y Adriana, quien nació cuando su papá estaba en cautiverio y a sus 11 años, mantiene lista una maleta para irse de viaje junto a su padre, desde el primer día que salga en libertad

Lo es Esther María, su madre, cuyas dolencias de salud se incrementan por la depresión que le produce tener a un hijo, que se formó para cuidar a los ciudadanos y hacer respetar el orden, tras unas rejas que lo encerraron en un juicio injusto, que lo sentenció a 30 años de prisión por un crimen que no cometió.

Pero también sufre la tía. María Bolívar cada domingo visita a su sobrino en el Centro Nacional de Procesados Militares, en Ramo Verde. Cada vez que la circunstancia lo impone va a los tribunales, a una protesta por la libertad de los presos políticos, a una reunión con quien ella cree que la puede ayudar a lograr la libertad de Erasmo Bolívar

Ramón, su hermano. Leosmary, su prima, que mantiene vivas las redes sociales para que nadie se olvide del policía metropolitano que el 11 de abril de 2002 salió a atender a los heridos y que terminó condenado por una foto que pudo más que las evidencias que el mismo Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas presentó durante las audiencias y que daban cuenta de que el arma de este agente no había sido disparada

Ellos también son víctimas. Ellos también merecen ser escuchados. Ellos también merecen que la sociedad sepa de su dolor, ese que no le aporta tranquilidad a los familiares de los fallecidos, porque los que están presos no son los asesinos de sus deudos




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