“Sería una gran reforma en la política el que se pudiera extender la cordura con tanta facilidad y tanta rapidez como la locura” Winston Churchill

En realidad algo muy serio nos pasa. Como decía Ortega, no sabemos con certeza si «lo que nos pasa es no saber lo que nos pasa».

Si no aprendemos a construir unas organizaciones políticas que no dependan de los avatares de un hombre sino de la solidez de sus propuestas, seguiremos siendo un país a la deriva.

Vivimos tiempos en los cuales todos los sectores, tanto los partidos como la sociedad civil en su conjunto, que anhelan cambios ante las ineludibles realidades a las cuales nos ha conllevado el régimen y todos sus secuaces en esta alocada travesía, dediquen sus energías a preocuparse por lograr un compromiso mínimo, dejando de lado esas diferencias propias de adversarios políticos, sentando las bases de confianza mínima que hagan posible un clima de entendimiento que se fundamente en propuestas basadas en los problemas reales de nuestra región y nuestro país que interesan a los ciudadanos, sustentadas en un mensaje serio, sin los sempiternos aditivos demagógicos fuera de la realidad actual, o en anticipados repartos del pastel que aún no se ha horneado.

Así las cosas, este es el momento de la exigencia ciudadana, que reclama dejar de ser, gracias a la estadística electoral, un segmento de preferencias, sempiternamente bombardeada con artilugios propagandísticos, antes que discutir con ella y junto a ella, a fondo y con responsabilidad, los problemas y las propuestas para acometerlos.

Ahora, como nunca antes, se necesitan esos seres tan especiales que saben hacer política, esos indispensables amigos que tienen algo más que un paquete provisional con fines electorales y, sobre todo, que cuenten con autoridad moral para encabezar el esfuerzo conjunto para darle la pelea sin descanso a este régimen usurpador y destructor de familias y del futuro de millones de jóvenes que se ven obligados a esa desgraciada diáspora.

Líderes que enfrenten con firmeza este marasmo, este colapso indetenible, que aterroriza y desgata la salud mental de toda nuestra nación, para que cada familia venezolana pueda realizar una vida de absoluta normalidad, que pueda acostarse y conciliar el sueño sin temor y sin la inseguridad de si alguno de los miembros de la familia faltará al amanecer; para solventar la añeja e interminable deuda en salud, pero ahora elevada a la enésima potencia; en fin esos seres especiales que habrán de comprometerse responsablemente en entregar a sus hijos el país que recibieron de sus padres.

Somos los ciudadanos los primeros responsables de hacernos cargo del momento histórico que vivimos. De nuestra capacidad, tenacidad, preparación y madurez para visualizar nuevas estrategias para enfrentar al malandraje que se apoderó de nuestro país, dependerá el rescate de nuestro futuro.

Requerimos sin demora de la necesaria actuación inteligente de los factores políticos y sociales, la participación comprometida de una ciudadanía consciente que presione con precisión donde sea menester.

Llegó el momento de exigir a todos los integrantes de los partidos que conforman la oposición unida y articulada, que sean capaces de tener el coraje y la valentía de sentarse a conversar y lograr el ineludible acuerdo que le garantice a toda la ciudadanía los impostergables e ineludibles cambios; de exigir a esos individuos que políticamente se han enfrentado y que mantienen una divergencia de visión y de proyectos, que encuentren puntos de convergencia a favor de los intereses superiores de nuestro país.

Persistamos en la organización política y su correcta dirección y una gran campaña de conciencia nacional que ponga en el centro de la propuesta el rescate Moral de una Nación que así lo merece. Un esfuerzo de salvación nacional que dará fruto en los próximos meses y que se reflejará en la formación de nuevos grupos, militantes y dirigentes políticos. Tan solo un liderazgo altamente carismático en conjunto con una gran alianza social puede llegar a alcanzar semejante objetivo.

La palabra cordura deriva de corazón, de cor-dis, latín, y tiene que ver con el ánimo, con el esfuerzo para afrontar las dificultades. Cordura ante la realidad evidente; la realidad está ahí, siempre ante nuestros ojos, llamándonos a actuar, a ser parte del momentum político

En su obra Purgatorio, el argentino Tomas Eloy Martínez anotaba “…Cordura y locura son palabras que describen muy bien a América Latina. Locura porque eso es lo que realmente son sus sistemas políticos, saltos entre democracias y dictaduras a medias. Y decimos, a medias, porque las dictaduras ni siquiera han llegado a un verdadero totalitarismo y porque las democracias son inoperantes en la tierra del ciudadano ignorante, por un lado, y del ciudadano “importaculista” que le da igual lo que suceda o no desde que no le afecte directamente. Cordura, porque la realidad de la que se ha formado la locura es evidente; porque en medio de todo, la realidad está ahí, siempre ante nuestros ojos, llamándonos a actuar, a ser parte del juego político…. »

No es cuestión de aspirar a la caprichosa inmediatez sino de tratar de resolver las diferencias, las limitaciones y las contradicciones que todos llevamos dentro, sin permitir ningún tipo de división. Ya habrá tiempo para el juego político, para presentar los diferentes puntos de vista; ahora, considerando los orígenes de la cordura, es tiempo de ponerle corazón, sin caer en la premura que suele conducir a la locura.

Manuel Barreto Hernaiz




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