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Han transcurrido 59 años desde ese momento en el cual Venezuela se sacó de encima un régimen opresivo y tirano.

Una vez más recordamos que ese triunfo de la libertad fue posible gracias a la unidad de los partidos políticos, sindicatos, gremios empresariales, estudiantes, periodistas, Fuerzas Armadas y el noble pueblo venezolano, sin embargo, y más allá del tantas veces recordado “Espíritu del 23 de Enero”, se hace inaplazable replantearnos el pensamiento y la acción política acordes con el tiempo que vivimos.

En ese momento el país, como un todo, demostró que la UNIDAD era posible. En aquel entonces el enorme reto de unir a un grupo de partidos con fricciones e ideas diversas se logró porque no se planteó la unidad como un eslogan para ir a un proceso electoral, sino para hacerle frente a una dictadura y recuperar la democracia. En aquel momento el esfuerzo concatenado se centró en un acuerdo con un solo objetivo: cada quien debería hacer lo suyo  para lograr el cambio lo más pronto posible.

A cincuenta y nueve años de aquella democrática gesta tenemos de vuelta al gorilismo

A cincuenta y nueve años de aquella democrática gesta tenemos de vuelta al gorilismo hecho gobierno, pero con una enorme diferencia: aquel régimen si entendía en qué consistía la seguridad alimentaria y no había ni hambre, ni inflación ni escasez. Éste tan sólo implementa las tácticas de la Seguridad Nacional aderezadas con chispazos del G-2.

Que si bien aún faltan semanas para carnaval, por más que se disfracen de demócratas lo dictatorial les brota sin recato y sin pudor, pues abolieron las elecciones, suspendiendo los derechos políticos de los venezolanos; desconocen a la Asamblea Nacional, electa por 14 millones de venezolanos, y colocan a un servil y aquiescente Tribunal Supremo de Justicia a usurpar prácticamente todas las funciones legislativas.

El espíritu que debe prevalecer este 23 de enero es el de la firme convicción de retomar cuanto sea necesario, además de nuestras gorras y desvencijados zapatos marchistas, para que la calle no se calle; para dejar atrás tanta desesperanza y frustración social.

El espíritu de este 23 de enero  debe hablar con claridad a la desmotivada y confundida ciudadanía que está ávida de señales trasparentes  que le permitan actuar comprometidamente en pos de una transición y no de una transacción política.

El espíritu de este 23 de enero debe traernos ideas más frescas y no tan complejas, pues quedó más que en evidencia, que la unidad a medias no sirve para mayor cosa. Que se regionalice la lucha, que no se desgaste el esfuerzo en mover la pesada estructura de la MUD hacia un solo frente, sino en cada calle, en cada parroquia, en cada municipio.

Si ya estamos claros  que no resulta nada fácil luchar contra un sistema amoral, ruin y dictatorial, si ya se ha explicado al detalle que no tenía sentido aceptar un diálogo en los términos que planteaba el régimen, pues se podía prever  que la MUD no lograría salir bien parada de tales escarceos dialogales y algo muy lamentable, que al sentarse se fracturaría  el momentum político y la dinámica de acciones de responsables y sentidas protestas desarrolladas hasta ese momento se verían torpemente enfriadas.

El espíritu de este 23 de enero no se trata tan solo de  estrategias y tácticas de carácter coyuntural, sino del compromiso ante decisiones fundamentales: adhesión a la verdad, búsqueda de la justicia, y sensatez en el accionar, pues la angustia y la incertidumbre no nos pueden conducir a más  desaciertos, ya que la rabia y la frustración pueden ser el impulso que active los cambios tan ansiados, pero no es lo más propicio para lo permanente. El espíritu de este 23 de enero debe  amalgamar sólida y correctamente ese imperativo deseo de más del 80% de los venezolanos, que claman, anhelan y aspiran un porvenir más digno y más justo.

El espíritu de este 23 de enero le recuerda a las Fuerzas Armadas el cumplimiento constitucional; el deber de garantizar el Estado de Derecho; de defender la soberanía y proteger a la ciudadanía, tal como aconteció en aquel 23 de enero.




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