“Aquel que piense que no está ocurriendo nada, porque sus tiempos personales y su propio desespero no le permiten apreciar los lentos procedimientos del ajedrez internacional, y de las mismas condiciones nacionales, que no admiten imprudencias, ni manejos emocionales inmaduros, pues no puede comprender nada y comienza a gritar, hacer acusaciones gratuitas y disparar en ráfagas sin siquiera apuntar. Están ocurriendo cosas que son invisibles para los desesperados”… Carlos Rojas Malpica.

Los que estamos de este lado de la democracia, es tal el caos y la velocidad del derrumbe de las estructuras del país y el hambre que campea sin freno por todos los rincones, que no siempre nos detenemos a pensar cuál es realmente nuestra situación desde el punto de vista de las probabilidades políticas donde parados.

Es evidente, este es el más lastimoso de los males, el silencio misterioso que arropa con su sombra a la dirigencia de la oposición; fundamentalmente en la cima, en la corona capitalina que es a quien le corresponde ser la vanguardia del movimiento responsable de dar el primes paso para concluir con esta misión de desbarajustes. Esa es la piedra de tranca que no nos permite avanzar para cerrarle el paso y juntarse con la comunidad internacional que empuja con mucha fuerza, con una intensidad nunca vista, para conseguir la salida de un presidente ilegítimo, escogido en unas elecciones estafadoras, desconocidas prácticamente por todos los países del planeta.

La dictadura hace sus marramuncias, su trabajo, sus artimañas, para seguir tomando de la ubre de los escasos recursos que ingresan al país como consecuencias del desmantelamiento de PDVSA, hasta hace poco una de las empresas más sólida de la esfera terráquea. El Psuv a través de los esbirros del Sebin, de la intimidación, nos marca la agenda sin encontrar resistencia de esta otra parte. Pienso que hoy día, de toda esa gama de dirigencia anestesiada por diversas razones y numerosas versiones, quien verdaderamente se mantiene dando la cara, que se para firme con un discurso coherente, aunque diferimos con parte de él, es María Corina Machado. Son los frutos a la persistencia, a la constancia, con una alta dosis de vergüenza política.

De manera, que no queda otro camino: o enfrentamos el régimen de Maduro
con decisión y unión, o nos resignamos a vivir en la miseria, quizás por varios lustros más. ¿Quién ignora la necesidad de la Unidad, la integración y los
correctivos estratégicos? ¿Es posible, entonces, la reconquista de la democracia? Por supuesto, que es posible a pesar de todos estos insólitos inconvenientes. Es indudable que el gobierno está en condiciones deplorables. No tiene escapatoria alguna.

Pero, ojo, es necesario remar hacia el mismo rumbo. Es fundamental que los dirigentes que se fundieron en el camino se aparten y le abran paso a la sociedad civil, en primer lugar. Del mismo modo, a aquellos dirigentes que todavía conservan buena parte su fortaleza y prestigio dentro de esa sociedad dispuesta a ponerle punto final a las calamidades hijas del tal socialismo del siglo XXI, para que ocurran las cosas…

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