A la derecha Luisana Ramos. (Foto Armando Díaz)
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Luisana Ramos iba sentada en un autobús naranja y azul que tenia como destino el estado Aragua. Viajaban a una velocidad prudente cuando escuchó un fuerte sonido. Los cauchos delanteros explotaron simultáneamente, el bus se volcaba. Los vidrios la rozaban y cuando volvió en sí se dio cuenta que había salido expelida e impactó con violencia contra el pavimento.

Ramos estaba aturdida. Muchos de sus compañeros yacían en el suelo. Ya se hablaba de un joven muerto: Anthony Mendoza de 21 años.

Foto cortesía

El vehículo se dirigía a la Universidad Experimental de Seguridad (UNES) y los pasajeros eran todos aspirantes a policía. Llevaban chaquetas negras y chemisses blancas. La franela de Luisana tenía manchas de sangre seca en el cuello. Estaba ilesa, pero Andri Segovia, de 19 años, acababa de morir. Eran las 10:13 a.m. en la morgue de Valencia. El accidente ocurrió a las 6:30 a.m. y para ese entonces ya se contabilizaban dos víctimas.

Fuentes médicas determinaron que Andri tenía una fuerte herida en el tórax que le ocasionó una hemorragia severa y por ende la muerte. Ramos no se despegó de su amigo. Las últimas palabras del joven fueron “Me duele todo, quiero agua. Por favor no me dejes solo”. Ella apretaba con fuerza la mano del muchacho al que le hicieron rayos equis en la Ciudad Hospitalaria Dr. Enrique Tejera, donde falleció.

(Foto Armando Díaz)

El vehículo reposaba en el suelo destruido, sobre el kilómetro 143 en Yagua, municipio Guacara. Los cauchos delanteros habían explotado de manera simultánea. Era un viaje que empezó a las 5:40 a.m en Tocuyito.  A Luisana la recogieron en el Puente El Boquete. Eran 60 muchachos: 44 iban en los asientos y los restantes permanecieron de pie, sujetos a los pasamanos y espaldares.

La aspirante a policía había visto a Andry antes de su muerte, según recuerda.  “Él estaba en la puerta del bus y al momento del accidente lo vi salir expelido”. Luego todo dio vueltas y terminó en la calle, igual que Anthony, quien presentaba graves heridas que advertían su inminente muerte.

Muchos de los heridos fueron llevados a distintos hospitales de la región. Mientras en la morgue las madres y familiares esperaban desconsoladas que les entregaran los  cuerpos




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