catarata
Gabriel Jurado, oftalmólogo (Foto: Dayrí Blanco)

Casi dos años tenía Otilia Antonia Espinoza sin ver bien el rostro de su hijo. Tampoco veía con claridad objetos y estructuras, y hasta tuvo una caída por su problema de visión que, para ella, era imposible de solucionar porque no contaba con los recursos económicos para la cirugía que requería.

Su caso fue conocido y difundido por El Carabobeño. Había acudido a varios médicos y el diagnóstico era de un compromiso de 97% de la vista en el ojo izquierdo por catarata. En el otro tampoco veía bien, pero se le sumaba desprendimiento de retina luego de haberse caído por unas escaleras por falta de visión.

Ella tiene 69 años y trabajaba como química del color, por lo que ver bien era parte fundamental de su labor a la que tuvo que renunciar y su situación económica empeoró.

El equipo del oftalmólogo Gabriel Jurado vio el servicio público en El Carabobeño y se puso en contacto con Otilia Antonia. “Yo no lo podía creer, sabía que era verdad, pero no imaginaba que me iban a solucionar mi problema”.

Al día siguiente fue a la consulta. Preguntó el precio y cuando se lo dijeron quiso irse porque no tenía cómo pagarla, pero su hijo le insistió y esperaron su turno.

Luego de la evaluación y de la revisión de la historia médica, el especialista le ratificó el diagnóstico de desprendimiento total de retina derecha, y catarata severa en el ojo izquierdo. Le dijo que le haría cirugía para retirar la catarata e implantar un lente intraocular, y así fue.

Se hizo los exámenes de laboratorio y se programó la operación rápidamente. “Era increíble lo que estaba viviendo. Fue impresionante el trato tan humano del doctor y de todo su equipo… Y me fui con mi parcho a mi casa ya operada”.

Al día siguiente de la cirugía le retiraron el vendaje y el doctor la evaluó. Al quitarle la luz de los ojos con la que le realizaba el estudio, la vida de Antonia Otilia cambió.

“Le vi la cara al doctor por primera vez, tenía tiempo que no le veía el rostro a mi hijo. Casi dos años sin ver la estructura de todas las cosas, vi a la doctora y es bellísima. Sali impresionada y agradecida con el doctor, con su equipo, con El Carabobeño… Había muerto en 50% y mi vida ahora es otra”.

Atendiendo a los más vulnerables

El caso de Otilia Antonia no es inédito. A la consulta de Jurado son muchos los pacientes que llegan con situaciones similares. Son personas de escasos recursos que requieren cirugía para poder ver y reinsertarse a su día a día.

A esto se suma que alrededor de uno o dos de cada 20 pacientes no cuentan con seguro. Es por ello que decidió operar, una vez al mes, a una de esas personas, luego de realizar el estudio socioeconómico respectivo.

Una operación de catarata varía entre mil 800 y dos mil 500 dólares, dependiendo del tipo de lente intraocular. Con este programa de ayuda del doctor Jurado, solo deben pagar alrededor de la mitad, lo que es un apoyo importante.

Ya son más de 300 personas las que ha operado de esta manera y con lo que los pacientes recuperan su calidad de vida y pueden volver a trabajar.

El doctor Jurado explicó que la catarata afecta la vida de las personas en todo sentido, “nacemos con un lente natural que se llama cristalino, que es traslúcido, y con los años se va opacando y se pierde la visión progresivamente, algunos más lentos que otros, lo que afecta realizar las actividades cotidianas”.

Por eso es tan importante retirar la catarata para implantar un lente intraocular totalmente transparente para que personas como Otilia Antonia puedan ver y sentirse nuevamente activas.




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