En la Gerencia en Acción anterior faltó detallar -intencionalmente- el cuarto color de los cirios de la Corona de Adviento: el verde, alegoría de la esperanza y vida, tema del texto de hoy: el anhelo más importante de los cristianos debe ser llegar a una unión más estrecha con Jesús. Equipo de GA

Navidad, tiempo para el hombre que nació hace 2.021 años y cuyo liderazgo (el más grande de la humanidad) se enfocó en cumplir su misión motivando para lograr su objetivo: fundar la creencia en su padre y motivar a proceder como a éste le agrada. Para ello, Jesús -a sabiendas que solo no lo lograría- echó las bases y formó líderes que multiplicaran su accionar, guiándolos con su palabra y ejemplo.

Hoy, el mundo está poblado con unos siete mil ochocientos millones de habitantes (60% en Asia, 25% en América y Europa), cuyo 51% vive en ciudades, el idioma más hablado es el chino (12%), el 23% no tiene casa donde vivir, 15% está en desnutrición, 13% no tiene agua potable o sólo tiene acceso a una fuente de agua contaminada, 70% no tiene condiciones para conectarse a internet, 93% no ha asistido a la universidad, 17% es analfabeta, apenas 8% puede superar los 64 años de edad, y 33% está constituido por cristianos: hay una masa crítica que puede hacer crecer la filosofía del liderazgo instituido por Jesús.

La situación no está fácil y a los líderes les toca conducir…

El ejercicio del liderazgo tiene diversas maneras y estilos para influir importantemente, de aquí que ganan valor sus buenas prácticas en los días de navidad en los que hay un estrés adicional al cotidiano cuando es más significativa la impregnación del sello particular que transmite cada líder para hacer prosperar la confianza: la base y esencia para la inspiración del accionar de sus seguidores.
Navidad es la oportunidad de renacer y revivir como líderes para inducir el alcance de las metas y el objetivo (propósito del accionar) mediante la aplicación lógica y acompasada de las habilidades entrañadas, elevando el compromiso, la implicación, la actuación asertiva y -por ende- el nivel de satisfacción positivo.

El liderazgo (el arte de movilizar a otros para que deseen actuar en pos de lo necesario, de anhelos comunes y la satisfacción de resultados) en estas fechas ha de dedicar tiempo para promover la motivación que estimule la confraternidad e integración, indagando información entre la gente que le sigue, buscando resolver -a la brevedad posible y sin improvisar- aquellos asuntos más deseados, intentando precisar cuáles son las barreras que dificultan los logros para así proceder con la brújula que permite enrumbar las acciones exitosas, por la vía acertada, rompiendo mitos de que sólo dirige e informa, pues su tarea es inspirar y motivar, ayudando a que los demás crezcan, logren un alto rendimiento y la satisfacción de sus deseos personales.

Hay que predicar inteligentemente el concepto de equipo, reconociendo su importancia para satisfacer las necesidades, comunicando claramente (de modo fácilmente entendible, sin ser pobre ni superficial) el significado de lo que se hace. Se debe invocar y ejercer la reciprocidad tratando como gusta ser tratados. Se debe inspirar pujando hacia nuevas alturas haciéndolo bien, impulsando a todos a hacerlo (descubriendo qué motiva y qué no), informando, educando, asumiendo los desafíos.

Se debe acercar buscando encontrar entendimiento y comunicación entre las personas, pues la navidad tiene olor y sabor de reencuentro: un momento para aproximarse haciendo que aflore lo afectivo, los sentimientos, las emociones; esforzándose por lograr que sanen las fracturas emocionales mediante la solución basada en un reencuentro que tiene en cuenta los afectos mutuos (colectivos) y los sentimientos personales compartidos que llenan de orgullo común; es decir: que cada persona perciba ser querida y apreciada.

Se debe mostrar la visión que se tiene del presente y reconocer la dureza de la situación actual que provoca -con toda razón- indignación y desencanto, pero se debe presentar al futuro con esperanza, sosiego y serenidad, sembrando ilusión y confianza.

Hay que actuar ética y moralmente, enfatizando en la honestidad como un pilar básico del accionar y en la necesidad del impulso colectivo necesario para romper la corrupción y recuperar el valor correcto de las instituciones para preocuparse y ocuparse de la sociedad como algo altruista que va más allá de lo dispuesto en los términos legales, pues -de hecho- son paradigmáticas.

La situación no está fácil y, a pesar del crisol que ella muestra, se ha de querer construir la policromía pintada acá: la de asumir la actitud, la disposición anímica conveniente: la entusiasta, la positiva, la mejor, siendo generosos, teniendo la esperanza de una mejor vida. Por esto, el líder debe invitar a hacer de la navidad la ocasión para descubrir el poder que tiene un diálogo sincero, una sonrisa, un abrazo y una felicitación de corazón. Aquí radica un liderazgo verdadero: en la interacción personal y afectiva.
Entonces, se debe construir una feliz navidad que trascienda por llegar a una unión más estrecha con lo planteado por Jesús, procediendo como le agrada a Dios.

Chichí Páez
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@genaccion




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