“Todo emprendimiento pide enunciar la visión, las metas y el objetivo (propósito) para cumplir la misión dentro del marco filosófico de principios y valores, pero eso sí: ¡evaluando el avance de los procesos!”. É. Arenas P.

La tríada visión-metas-objetivo enuncia los logros a alcanzar y exige formular una estrategia con tácticas detalladas, previendo las posibles contingencias adversas, preparando los medios para resolver y asegurar el rendimiento exitoso deseado.

Todo eso suena muy bien, pero -en 1925- Werner Heisenberg planteó el Principio de Indeterminación -o de Incertidumbre- (PdI) y rompió toda explicación rígida -en términos de causas y efectos unidireccionales- diciendo que la exactitud con la que se puede medir es limitada y no depende del utensilio medidor, que podría ser hipotéticamente perfecto (aunque hay aparatos de medición imperfectos por error de alineación, de diseño y de fabricación, o por desgaste del instrumento), sino del hecho mismo de medir, porque la medida de algo depende de cómo se mide, de quién mide (por ineptitud, error de lectura, cansancio, fatiga, etc,) y de factores ambientales, no de lo medido.

Aquí no hay gato encerrado: al calor, por ejemplo, le es indiferente que se mida en ⁰C, en ⁰F o en ⁰K porque esto no lo cambia, pero el resultado varía si se utiliza una unidad u otra y, con ello, la valoración del mismo.

Ello matiza -sin anular- la validez de la física clásica que postula una visión determinista e invariante de lo real y usa magnitudes perfectamente medibles (lo que supone que se puede conocer la medida exacta de lo que fuere y en cualquiera de sus aspectos).

Para facilitar la comprensión de lo planteado, se utiliza el experimento mental del gato -el más famoso de la física cuántica- propuesto en 1935 por Erwin Schrödinger para cuestionar la imagen aparente de lo real, estableciendo que los modelos explicativos deterministas, que funcionaban con perfecta precisión en el mundo macro, se tornan inconsistentes cuando se ahonda en la comprensión del mundo micro (el de los detalles que hay en la interioridad de todo sistema).

Schrödinger propuso imaginar a un gato dentro de una caja opaca cerrada que tiene: una ampolla de vidrio (que aloja un veneno volátil); un martillo sujeto sobre la ampolla, de modo que la romperá si cae sobre ésta, haciendo salir al veneno; un átomo radioactivo (con un 50% de probabilidades de emitir una partícula alfa en el curso de una hora); y un sistema detector de tal partícula articulado con un mecanismo que libera al martillo si el sensor es alcanzado por tal partícula. Al cabo de esa hora habrá ocurrido uno de dos sucesos posibles: el átomo ha emitido una partícula alfa y activado la trampa venenosa, o no la ha emitido. En consecuencia, el gato estará muerto o vivo (correspondientemente). Así, el PdI no anula el determinismo, como ya se expresó, sino que lo matiza. Entonces, hay que filosofar para entender la realidad.

¿Cómo anticipar lo que sucederá, cómo decir lo acontecido? Ello no se puede saber sin abrir la caja, antes de ello se está frente a una dualidad que causa perplejidad, pues… el gato encerrado estaría -hipotéticamente- muerto y vivo al mismo tiempo ya que mientras nadie abra la caja, el gato se encontrará en un estado indefinido, conformado por la superposición de los dos estados posibles.

Así mismo pasa con los emprendimientos: hay que recurrir a la única manera de averiguar lo que pasa: abrir la caja para precisar lo que está sucediendo para -en caso de que esté ocurriendo lo indebido- poder enderezar el rumbo hacia la meta y cristalizar el propósito (objetivo) con la mayor productividad, pues se ha de mermar la probabilidad del fracaso: ¡no se debe esperar a ver muerto al gato!

Esas comprobaciones han de realizarse sin alterar o modificar el sistema y esto se logra estableciendo el monitoreo dentro de las tácticas estratégicas a fin de poder controlar ya que -como indica el sentido común- hay que vigilar para que se pueda alcanzar la certeza última sobre los sucesos en algo, pues siempre existe un componente probabilístico ingobernable -inasible- que da cabida a la presencia de la alteración en cualquier sistema o sub-sistema que da vida a condiciones complejas que muestran que no todo es tan “evidente” y por esto hay dificultad para establecer un modelo predictivo que permita saber con exactitud qué ocurrirá, lo que pide determinar cuál es la realidad existente en él.

Lo que sí se puede establecer es un proceso de evaluación que proporcione una señal temprana -¿anticipada?- de lo que va a ocurrir, dando coherencia, en condiciones ideales, para predecir “la muerte del gato” y revertirla antes de que se produzca, siendo de admitir que el futuro es aleatorio y -por ende- indeterminable, aunque pueda implementarse un medio o método que advierta -en cada proceso de cada unidad estratégica de negocio- que un cambio peligroso -que escapa a la percepción humana- que altera el curso planificado está ocurriendo y, de seguir así, está causando una condición que va a producir un resultado indeseado en el sistema o sub-sistema que se estudia.

De todo lo precedente y ante la enorme complejidad de lo entrañado en los emprendimientos (que indiscutiblemente tienen una vida propia) toca seguir filosofando, pues muestra que no parece conveniente ser partidario del determinismo ni del reduccionismo (que carece de sentido científico) y se hace necesario buscar alguna respuesta que posibilite descubrir explicaciones nuevas acerca del funcionamiento probabilístico de la actividad viva del alma de lo que a muchos les parece inerte en sus diferentes niveles sistémicos y/o sub-sistémicos que se hallan superpuestos. Y si no se cree en esto, que se le pregunte qué opina de esto al Padre del Método Científico: René Descartes (1596-1650).

La evidencia rodea: suele haber coincidencia entre avance y desviación, por lo cual la vigilancia no debe ser asíncrona con el avance, ya que -definitivamente- hay vinculación entre el PdI de Heisenberg, el gato encerrado de Schrödinger y la gestión de todo emprendimiento donde el proceso evaluativo es clave para lograr el éxito y ha de hacerse con base en el código de los faros de los diversos puntos referenciales cardinales inamovibles establecidos en el “plan de navegación”, diseñado para mantener la orientación de la proa hacia el destino deseado, que no deje de tener:

1- las mediciones directas (que se hacen comparando el valor de la medida con un patrón o unidad de medida; p.ej: 32 cm) e indirectas (logradas mediante la aplicación de una fórmula relacional -“expresión analítica”- que considera los valores de medidas directas; p.ej: 52 Kg/2 h), donde ambas han de satisfacer los requisitos de validez (libre de distorsiones) y confiabilidad (precisa o exacta), expresándose -preferiblemente- con la asignación de indicadores numéricos (excepto en los casos de valoración cualitativa, debidamente correlacionados con cifras; p.ej: defectuosas= 98) para poder comparar las medidas con los valores asignados a las tolerancias establecidas (para así detectar desviaciones inadmisibles); y

2- un “Formulario de Errores” que incluya la estimación de errores probables (absoluto, porcentual, entre otros) y tolerancias a admitir de fenómenos que pueden sobrevenir junto con errores aleatorios (imprevistos, de causas variadas y desconocidas), debiéndose tener presente que al resolver una pregunta referente a cuál(es) factor(es) agrava(n) el asunto -como cada una de las diez gravísimas plagas de Egipto- ¡surgen… otras preguntas más!, porque puede que sea(n) como el viento: ¡que no se ve!, pero sí el efecto que causa(n) al galeón (moviéndolo al desplegar el trapo de su veleta y las lonas de su velaje) no pudiéndosele dejar a la deriva, necesitándose de un comandante (estratégico), de un navegante observador con sextante (táctico medidor) y de un timonel (operacional) que -entre todos: unidos- corrijan su desplazamiento inadmisible, logren el mejor desempeño, y lo lleven a buen puerto.

En resumen: a medir sabiendo cómo hacerlo constantemente bien para poder controlar la más ínfima desviación y mantener el rumbo al éxito puesto que en ningún emprendimiento ha de haber… gato encerrado.

Chichí Páez
[email protected]
@genaccion




Estimado lector: El Diario El Carabobeño es defensor de los valores democráticos y de la comunicación libre y plural, por lo que los invitamos a emitir sus comentarios con respeto. No está permitida la publicación de mensajes violentos, ofensivos, difamatorios o que infrinjan lo estipulado en el artículo 27 de la Ley de Responsabilidad en Radio, TV y Medios Electrónicos. Nos reservamos el derecho a eliminar los mensajes que incumplan esta normativa y serán suprimidos del portal los contenidos que violen la Constitución y las leyes.