Fundación Dejando sonrisas
Foto: Cortesía

A mediados de 2018 eran evidentes los signos de desnutrición entre los niños de Carabobo. Cada vez se veían más delgados y débiles por las comunidades de la entidad. Había que hacer algo urgente por ellos, y es por eso que un grupo de jóvenes se reunió para comenzar a buscar la manera de conseguir alimentos, cocinar y entregar platos de comida entre quienes más lo necesitaban.

Fue así como nació la fundación “Dejando sonrisas Venezuela”. En principio eran preparaciones modestas que se transformaron en un proyecto más ambicioso al lograr enlaces con organismos internacionales que realizaron donativos importantes.

Hacían jornadas en diferentes sectores donde, tras realizar un censo, se determinó que había un mayor número en condición de vulnerabilidad. “Así comenzamos a cambiar un plato de comida por sonrisas”, expresó el presidente de la organización, Jesús Díaz.

Comida donde la necesiten

Pero después fueron mucho más allá. La dramática realidad condicionada por la crisis económica derivada de bajos sueldos y aumento de precios de los productos básicos, no era exclusiva de las comunidades.

Quienes están en los hospitales de la entidad enfrentando la precariedad del sistema de salud difícilmente pueden alimentarse bien y recuperarse satisfactoriamente. Así fue que el número de comidas que hacían desde Dejando sonrisas se incrementó y comenzaron a llevar almuerzos diarios al área de pediatría de la Ciudad Hospitalaria Dr. Enrique Tejera (CHET) de Valencia.

Lo mismo hicieron después en distintas casas hogares como la San Antonio, ubicada en la urbanización Lomas del Este de la capital carabobeña, debido a la falta de alimentos en esas instituciones y a la merma en los donativos de parte de diferentes empresas privadas y particulares.

El reto de la pandemia para “Dejando sonrisas”

Este año la labor de la fundación no estuvo exenta del impacto de la pandemia por la COVID-19. En principio, la falta de combustible y los severos problemas para movilizarse de un lugar a otro parecía ser obstáculo para hacer entrega de las comidas.

Pero se reinventaron. “Nos organizamos en bicicletas para buscar los donativos, llevarlos a la cocina y después llegar al hospital, las comunidades y las casas hogares”.

Han sido tiempos muy difíciles. Recientemente les tocó despedirse de una abuelita del albergue Viejo Antonio, quien falleció y enlutó a los voluntarios de la organización. Lo mismo han tenido que enfrentar en pediatría de la CHET con la muerte de varios pacientes.

Gracias a los donativos

Dejando sonrisas Venezuela ha crecido mucho en dos años que tiene en funcionamiento. Gracias a los donativos de instituciones internacionales y particulares, también han hecho entrega de medicinas, insumos y tratamientos para diferentes enfermedades.

En cuanto a las comidas, se dedican en la actualidad a realizar jornadas básicas en las que preparan 300 platos, mientras que en las macros logran hacer entre mil a dos mil, como las del mega arepazo y el hallacazo que llegaron a diferentes comunidades de la entidad.

Esto ha sido posible por la unión entre diferentes fundaciones que han formado una familia para poder seguir llevando sonrisas entre quienes más lo necesitan.

Ellos saben que enfrentar el 2021 no será fácil. “El número de personas en situación de vulnerabilidad aumentará”. Por eso hacen un llamado a quienes puedan aportar desde un kilo de comida hasta insumos médicos. “Queremos seguir llevando nuestro lema a cada rincón: Usa una sonrisa para cambiar el mundo y no dejes que el mundo cambie tu sonrisa”.




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