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La segunda parte de Guardianes de la galaxia cubre las expectativas, pero no supera la primera parte de la saga que comenzó James Gunn en 2014, cuando presentó en la gran pantalla a un grupo de forajidos que se convierten en héroes por haber protegido al universo de la aniquilación.

En esta ocasión, Peter Quill (Chris Pratt), Gamora (Zoe Saldaña), Rocket (Bradley Cooper), Drax (Dave Bautista) y Groot (Vin Diesel) fueron contratados por los Soberanos para cuidar unas baterías fundamentales para la vida en el planeta en el que viven. Sin embargo, una mala jugada hace que se enemisten con los protagonistas por el resto del largometraje que se estrena hoy en Venezuela.

El conflicto resulta innecesario en la trama, aunque no impide que el espectador centre la atención en el verdadero meollo del filme, en cuyo guion también tiene metidas las manos Gunn.

En Guardianes de la galaxia Vol. 2 se aprecia nuevamente el humor y la ironía de la anterior entrega, una de las características que cautivó a tantos, incluso a aquellos que no son seguidores de las películas de superhéroes y que por casualidad u obligación –acompañar a alguien– vieron la producción que en 2015 fue nominada al Oscar como Mejores Efectos Visuales y Mejor Maquillaje.

Lo verdaderamente inquietante en la segunda parte de la saga del grupo de maleantes que exculpa sus crímenes en pos de un mejor porvenir es la revelación de la identidad del padre de Quill. Este guardián no solo tuvo que sufrir la muerte de su madre, sino también la ausencia de un padre del que solo tiene vagas referencias, aunque públicamente venda la idea de que se siente orgulloso de él. A todos les contaba que era el actor David Hasselhoff, una idealización de la figura paterna, especialmente por el rol que el intérprete tenía en la serie El auto fantástico, en la que combate la injusticia con un carro que habla.

Y es que el personaje de Pratt, al igual que toda la película, está cargado de referencias a los años ochenta, época en la que se supone que Quill creció en Estados Unidos antes de dar tumbos con otras criaturas por el espacio. La cultura pop es revisitada con ironía y poca corrección política.

Ese fue uno de los principales encantos de la primera parte, ese humor poco común en este tipo de filmes; sin embargo, el año pasado se estrenó Deadpool, también de Marvel, y fue más descarnada la incorrección. La vara entonces subió y muchos inevitablemente compararán esta segunda entrega con la historia del héroe de traje rojo y negro. Por eso tal vez la consideren más light.

De todas formas, no debería ser causa para restarle mérito a Guardianes de la galaxia Vol. 2, en la que finalmente Quill descubrirá sus orígenes y la verdadera razón de la muerte de su amada madre, al ritmo de Fleetwood Mac, Sam Cooke, Electric Light Orchestra, George Harrison y Cat Stevens, quienes juntos constituyen otro de los logros del filme: su música.

Quill entonces descubre que la divinidad lo ronda y será tentado a usarla como herramienta para la destrucción. Su padre, Ego, interpretado por Kurt Russell, le explica las razones de su ausencia durante tanto tiempo. Por un momento el protagonista se muestra convencido de cada argumento y queda obnubilado ante el nuevo mundo que descubre. Sylvester Stallone tiene una breve aparición en la cinta.

“Es una película bastante personal para mí. Es raro tratándose de una historia con un mapache parlante y un puñado de alienígenas y batallas espaciales, pero la considero una historia íntima, más allá de lo que las audiencias puedan comprender en el momento”, dijo el director en marzo a Complex.




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