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La criminalidad acompaña a la humanidad, desde que los primeros humanos avanzados (homo Sapiens) se hicieron presentes, según lo muestran investigaciones antropológicas europeas. Se sabe que las razones del crimen en esos tiempos se ceñían, básicamente, a la defensa personal y de las agrupaciones primitivas, que es una cantidad de causas muy pequeña, al compararse con las grandes, complejas y variadas, que dominan el creciente panorama del mundo actual. Como los fines del crimen intencionado son muy variados así mismo es el conocimiento actual de las razones que lo generan, si se comparan con otros ancestrales momentos de historia. El problema explota con el desarrollo contemporáneo de las complejas civilizaciones humanas. Novísimas tecnologías, los medios, el dinero, las drogas, el contrabando, la prostitución y el tráfico humano, son algunas causas directas actuales. Las emociones y sentimientos de las personas, las desigualdades, el abuso del poder, los desniveles sociales, la pobreza, el hambre, y conocidos problemas mentales, se suman a las razones que influyen sobre el crimen y la criminalidad contemporánea.

es fácil pasar de lado y justificar los crímenes, diciendo que quienes los cometen lo hacen por ingenuidad

Las posiciones que se adoptan, corrientemente, en torno a la maldad en las personas son ambiguas, porque los criterios y parámetros en uso no resultan claros. Algunas veces nos encontramos con situaciones de tanto dramatismo y barbarie en la conducta criminal de una persona, que es fácil pasar de lado y justificar los crímenes, diciendo que quienes los cometen lo hacen por ingenuidad, o porque se ven en necesidad de hacerlo. No obstante, los avanzados estudios de la psiquiatría, psicología y criminología, muestran que el hecho criminal y la morbilidad en personas obedecen a razones neurológicas y psicológicas más relacionadas con la enfermedad mental y las distorsiones sociales que con  circunstancias y acciones ocasionales. Es obvio que hay seres humanos con predisposición morbosa en sus personalidades, y cometen actos criminales con intención de causar daño lentamente a los demás, mientras disfrutan, morbosamente, lo que hacen. Hay criminales que alargan la condición dramática y tiempo de sufrimiento de sus víctimas, con el objetivo específico de disfrutar imágenes de torturas, de exhibiciones programadas cuidadosamente, y de los ruegos desesperados que hacen los sufrientes. La sociedad, a través de los diseminados recursos mediáticos, se ha convertido en campo de entrenamiento de anomalías sociales. La acelerada desintegración de las familias, es otro ejemplo negativo de cómo pervertir la personalidad, y ocasionar el deterioro físico y psíquico de muchos ciudadanos.

Años atrás, el canal Discovery Channel transmitió unos documentales denominados “Most Evil” (Los Más Malvados), o “Índices de Maldad”, en español,  donde se exponían vidas y crímenes de asesinos en serie, torturadores y sociópatas con historias policiales seguidas por expertos y analistas. Se informó de perfiles psicológicos, vivencias, métodos usados para asesinar, así como la motivación y desarrollo de la “malicia”, necesaria para la acción criminal. Se investigaban factores que influyen o predisponen la conducta de psicópatas o asesinos. El Dr Michael Stone era, entonces, un psiquiatra forense de la Universidad de Columbia, en New York, y conducía el programa del Discovery Channel. Con la Escala de la Maldad, el Dr Stone ubicaba a los afectados en un ranking de 22 grados. En el primero (Grado 1º) ubicaba a quienes mataban en defensa propia, pero sin tendencias psicópatas. Hasta el grado noveno (Grado 9º) ubicaba a quienes mataban durante un acto psicopático de descontrol y celos. En el último grado (Grado 22º) ubica a los psicópatas y torturadores que asesinan usando torturas sangrientas, que disfrutan al matar: ¡son asesinos brutales! Planifican sus crueldades porque tienen capacidad de raciocinio e inteligencia, y disfrutan por ver sufrir, como principal motivo. De hecho a veces extienden la duración de vida de la víctima, para disfrutar las vivencias enfermizas de mirar a la persona en un sufrimiento, de nunca acabar. La primera intención del asesinato, en estas personas de última ubicación, además de decidir el tipo de tortura a aplicar, es escoger sus víctimas en base a algunos criterios o en base al azar; como si se tratará de una “ruleta rusa”. Un dato importante en estos estudios es que el 93% de los asesinos en serie son hombres, mientras que sólo un 7% son mujeres, que mayormente asesinan impulsivamente, emocionalmente cargadas, y contra personas cercanas a su círculo familiar. ¡La conducta humana es maravillosa, pero puede ser muy malvada!…

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