La revista Fortune consultó a expertos de diferentes áreas sobre las ideas más fascinantes, o inquietantes, que puedan moldear le década que comienza con 2020. ¿Se podrá detener el cambio climático? ¿Desaparecerá el papel moneda? ¿Habrá medicamentos diseñados a medida de los genes de cada individuo? ¿Se podrá asar carne hecha en laboratorio, sin matar animales ni emitir gases del efecto invernadero? ¿Será posible controlar a las grandes empresas tecnológicas? Esas y otras cuestiones atraviesan las respuestas y forman un paisaje asombroso de la transformación que el futuro cercano traerá a la sociedad.

1. El capitalismo salvará el planeta

El cofundador y codirector de la Iniciativa sobre Economía Digital del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), Andrew McAfee, lo dijo seriamente: “Durante la era industrial las economías crecieron a expensas de la Tierra”, escribió para Fortune, “y el capitalismo literalmente se convirtió en una mala palabra”. Pero eso está cambiando: “En los Estados Unidos ya no usamos tanto la Tierra. La usamos menos, y nuestro crecimiento continúa”. Y en todo el mundo desarrollado la contaminación se reduce año tras año.

Mientras que, en la competencia propia del sistema, las empresas luchan por usar menos recursos y menos energía, ya que tienen un costo, “las innovaciones en tecnologías digitales están creando alternativas más limpias y eficientes para los bienes materiales”. McAfee puso como ejemplo el teléfono inteligente: “¿Cuántas menos cámaras, filmadoras, contestadoras telefónicas y máquinas de fax se producen hoy? Estoy convencido de que los smartphones nos han permitido, en efecto, ser más leves en el planeta”.

Durante la era industrial las economías crecieron a expensas de la Tierra, pero ahora el capitalismo ha comenzado a cuidarla.

Recomendó, no obstante, regulación, sin la cual el capitalismo sería “voraz”. Los gobiernos, opinó, deben proteger a las especies en peligro y hacer que las tecnologías que contaminen sean más costosas que las verdes. También deberían implementar un impuesto —”o mejor, un dividendo”— al carbono, por el cual las compañías les pagarían a los ciudadanos sobre la base de la cantidad de dióxido de carbono que la firma emite. “Con la configuración y las restricciones adecuadas, el capitalismo no devorará al planeta, sino que en realidad lo cuidará mejor”.

2. Surgirá un patrón-oro para las criptomonedas

Klaus Schwab, fundador y director ejecutivo del Foro Económico Mundial, observó el potencial para una criptomoneda estable. “Si se lograra, podría ayudar a incorporar a la población no bancarizada del mundo y a asegurar un sistema financiero más estable para todos”, escribió. “La experimentación con blockchain en los servicios financieros ya ha llevado al desarrollo de criptomonedas como Bitcoin y Ehtereum, pero siguen siendo inefectivas y susceptibles a grandes fluctuaciones y usos indebidos”.

Si bien Libra, propuesta por Facebook, podría sortear esos inconvenientes, la oportunidad radica en otra cosa, subrayó Schwab: “Que los garantes principales del sistema financiero, como los bancos centrales y los gobiernos, asuman el compromiso de una forma supra nacional de dinero”.

Una moneda así, dijo, “facilitaría los pagos internacionales e incorporaría al sistema financiero a todas las personas y pequeños comercios actualmente no bancarizados”.

En su opinión, la promesa no está ya en Nueva York, Londres, Singapur o Tokio, que ya tienen sistemas sólidos, sino en “países como India, Indonesia, Etiopía o la República Democrática del Congo. Una moneda estable haría realidad la inclusión financiera. Representaría la nueva frontera del dinero. No ha habido nada más fascinante desde Bretton Woods”.

3. Empezará una nueva era económica

Según Robert Shiller, premio Nobel y profesor de Economía en la Universidad de Yale, la nueva década alumbrará una nueva era económica. “Se estudiará más el poder de las narrativas que impulsan los eventos económicos”, escribió. “La economía se volverá menos mecánica y más atenta al modo en que se relata y a las ideas populares cambiantes”. Eso, que es algo que los políticos hacen de manera instintiva, será un aprendizaje para los economistas.

“Ciertas narrativas son recurrentes. Aristóteles presentó la idea de que las máquinas podrían reemplazar los empleos hace unos 2.000 años. Ahora lo estamos escuchando otra vez. La automatización fue una palabra de moda en la década de 1950; de hecho, algunos llamaron “recesión por la automatización” a la crisis de 1957-58. En cuando a nuestra narrativa actual, creo que existe el peligro de una contracción seria, como la que tuvimos hace 10 años. La bolsa ha alcanzado nuevos récords, así que alguna gente está preocupada. Pero muchos otros indicadores económicos se mantienen sólidos. Está dividido. Nadie sabe exactamente qué viene. Es como 1929: nada sugería con fuerza que se avecinaba el cambio, y de pronto llegó”.

4. La genética transformará el cuidado de la salud

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Crispr transformará el tratamiento y la prevención de las enfermedades. (iStock)
Crispr transformará el tratamiento y la prevención de las enfermedades. (iStock)
“La reina de Crispr”, llamó Fortune a Jennifer Doudna, profesora de biología celular de la Universidad de California en Berkeley y también directora ejecutiva del Instituto de Genética Innovadora, una de las pioneras de esa tecnología de edición genética, quien opinó que en la década del 2020 se verán cambios radicales en la medicina y la prevención.

“Es probable que en los próximos 10 años veamos predicciones de mayor calidad sobre los indicadores de salud de las personas basados en sus genes. No sólo eso: cada vez más veremos que Crispr transforma completamente el campo, y la edición genética se usa para el cuidado preventivo, no sólo para tratar o curar una enfermedad que ya se ha presentado”, agregó.

Además de tener confianza en que habrá “un esfuerzo global por implementar regulaciones apropiadas para el uso de la edición genética”, Doudna recomendó que se prestara mucha atención a algo con lo que ella está personalmente comprometida: “El costo y el acceso” de estas prácticas. “¿Cómo podemos costear la edición genética? ¿Cómo la volvemos accesible para la mayor cantidad de personas posibles a nivel global?”, preguntó. “Creo que buena parte de eso deberá provenir del desarrollo de tecnologías adicionales, no tanto del lado de Crispr sino más con respecto al modo en que fabricamos las moléculas que se emplean para la edición genética y el modo en que suministramos esos medicamentos”.

Cómo hacer que la edición genética sea accesible para la mayor cantidad de personas posibles a nivel global será una cuestión crucial.
Doudna agregó: “Sospecho que en cinco años será posible hacer básicamente cualquier clase de cambio, o editar cualquier genoma en cualquier organismo con células, de manera precisa. Creo que realmente estamos así de cerca. Pero eso es en el laboratorio: tal vez se tarde más antes de que sea posible hacer esa clase de ediciones del genoma en organismos de pacientes reales”. Pero ese, concluyó, es el horizonte.

5. La carne cultivada será una revolución nutricional

Según John Mackey, cofundador y CEO del supermercado de orgánicos Whole Foods, actualmente propiedad de Jeff Bezos, la carne cultivada o carne in vitro —esto es, la carne que no proviene de animales vivos sino que se crea a partir de células animales en el laboratorio— cambiará el modo en que las personas se alimentan. Estos productos “no están impulsados por cuestiones de salud ni por la ética respecto de comer animales: principalmente los impulsan los Millennials que quieren comer de manera más sustentable”, dijo.

Eso, en el nivel del mercado masivo de la alimentación, es una tendencia nueva. “Estamos en un ciclo histórico de enorme innovación. Hay una cantidad enorme de capital, y hoy es más fácil que cualquier buena idea obtenga financiación y se difunda bastante rápidamente a nivel global. Una innovación que llegará, como consecuencia, es la carne cultivada. En el largo plazo, será más importante que las carnes hechas de plantas, que no tienen el sabor de la carne salvo que sean muy procesadas. Pero la carne cultivada podría cambiar el planeta entero. Esa tendencia se abrirá paso en la próxima década”, dijo. “Una manera de obtener alimentos animales diferente a lo que hemos hecho a lo largo de la historia humana: eso lo cambiaría todo”.

Mackey también predijo que “durante la próxima década las dietas serán cada vez más individualizadas —vegana, keto, sin gluten— y más tribales: si alguien es paleo, se vinculará a personas que hagan lo mismo”. Si bien el mercado masivo de alimentos existirá, “se contraerá”.

6. La semana laboral de cuatro días aumentará la productividad

En su empresa de planificación patrimonial, Andrew Barnes tiene 240 empleados que, desde 2018, trabajan cuatro días por semana. Luego de un tiempo de prueba de gestión intensa, Barnes halló que la participación y el compromiso de los trabajadores se incrementó en un 40%, y a partir de esa experiencia propaga el evangelio de reimaginar lo que las empresas solicitan a su personal.

El simple acto de cambiar la semana laboral parece tener menos impacto ambiental, reducir la brecha de género en cuanto a las oportunidades, mejorar la salud mental de los trabajadores y aumentar la productividad, comprobó Barnes.

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“El secreto es reconsiderar cómo trabajan los empleados durante los cuatro días de la semana que pasarían en la oficina”, explicó el neozelandés. En su experiencia, renunciar a las charlas de pasillo y el uso de las redes sociales en el ámbito laboral es un precio que se paga con gusto a cambio de un día más lejos del escritorio.

Replantear la jornada laboral para que dure cuatro días puede aumentar la productividad en un 40 por ciento.

“El sistema elimina automóviles de los caminos durante las horas pico. Los horarios de trabajo flexibles pueden ayudar a que las mujeres se mantengan en carrera para ascender a posiciones de liderazgo, en lugar de salir de la fuerza de trabajo luego de tener hijos”, explicó. En la empresa de Barnes se comprobó que no se reducía el desempeño laboral y que para el 7% descendían los niveles de estrés. Entre sus avales cita las 28 horas de trabajo semanal que tienen las automotrices alemanas y un experimento reciente de Microsoft en Japón, donde se observó un aumento de las ventas del 40% con la reducción de la semana laboral a cuatro días.

7. Las mujeres cambiarán completamente la fuerza laboral

Durante los 2020, sostuvo Melinda Gates, codirectora de la Fundación Bill & Melinda Gates y autora de The Moment of Lift, el rostro del poder y la influencia en los Estados Unidos dejará de ser mayoritariamente blanco y masculino.

“Las mujeres —y lo que es más importante: las mujeres de diferentes orígenes— serán cada vez más las que tomen las decisiones, controlen los recursos y den forma a las perspectivas en todas las esferas de la sociedad”, escribió. “Eso llevará a nuevas narrativas, productos y políticas que reflejen un rango más amplio de puntos de vista. Y permitirá que más mujeres participen plenamente en la resolución de los desafíos que requerirá nuestro pensamiento colectivo, como el racismo estructural y la desigualdad rampante”.

(Cortesía)

Este cambio no sucederá por accidente, ni por inercia. “Además del activismo y la defensa de derechos que ya participa en estas cuestiones, necesitaremos alistar a nuevos socios para aumentar la presión sobre las instituciones que consagran el statu quo”.

Como ejemplo, Gates dijo: “Tendremos que acelerar el avance de las mujeres en los sectores de alto impacto como la tecnología, y asegurarnos de que todas las mujeres (no sólo las blancas o las de las élites) puedan ingresar a esos campos y progresar”. Para eso también “será necesario derribar las barreras que la mayor parte de las mujeres encuentra en algún punto de sus carreras, como las normas sobre el cuidado por las cuales se espera que ellas hagan más trabajo en la casa, y el acoso sexual y la discriminación generalizados que enfrentan en el ámbito laboral”.

8. La tecnología no dominará a las personas: estará controlada

El director y cofundador del Centro para una Tecnología Humana, y ex encargado de ética en Google, Tristan Harris, opinó que vivimos en una realidad falsa creada por máquinas, sólo que no es como en la película The Matrix. En la realidad las máquinas “constituyen la economía de vigilancia y atención”, producto de las empresas y tecnologías que “se benefician de gestionar el acceso a nuestra manipulación, que tiene niveles de precisión cada vez mayores”.

Firmas como Facebook, Google y ByteDance (dueña de TikTok), ilustró, “compiten por una mejor manera de que una tercera parte manipule nuestros hábitos, estados de ánimo y sutiles cambios en nuestra identidad, nuestras creencias o nuestra conducta”.

Las consecuencias son lo que Harris llamó “declive humano”, un fenómeno que combina el acortamiento de la capacidad de atención, la disminución del libre albedrío y el aumento de la polarización, el aislamiento y la depresión en la población”. Eso, en última instancia, “destruye nuestra capacidad para comprender el mundo con precisión y fundamentos, algo central para la democracia”.

Harris propuso que se implemente legislación que obligue a que las grandes empresas de tecnologías disocien sus ganancias de “la capacidad creciente de controlar y moldear la conducta humana”. Del mismo modo que hasta los ’80s se incentivaba el consumo irrestricto de electricidad, y luego se pasó a un modelo de dividendos que condena el derroche de energía, se podría aplicar una política equivalente.

Se podría exigir a estas empresas que derivasen algunos de sus beneficios a “áreas regenerativas” del tejido social que destruyen. “Se podría derivar algo de dinero al periodismo de investigación, cuyo modelo de negocio central fue vaciado por las Big Tech; algo más podría financiar iniciativas de salud mental y fortalecimiento comunitario. Y algo más podría sostener productos tecnológicos alternativos diseñados pensando en el interés común, como redes sociales de utilidad pública”.

De las redes sociales de utilidad pública al control individual de los datos, grandes cambios se avecinan en la próxima década.
9. Los consumidores serán dueños de sus datos

Más allá de legislaciones como las de la Unión Europea o California para la protección de datos, la propiedad de los datos debería regresar a los usuarios, propuso el economista Christopher Tonetti, profesor de la Universidad de Stanford. Y estaría en sus manos la decisión de venderla a diferentes compañías al mismo tiempo: eso a la vez cuidaría la privacidad y ayudaría a generar innovación comercial.

“Si el objetivo es proteger la privacidad del usuario, no hay que juntar los datos. Así no habrá hackeos ni filtraciones”, planteó. “Pero la recolección de datos permite la innovación y la mejora de un montón de productos que usamos en contextos como la medicina, la educación y la tecnología. No queremos impedir que las empresas puedan usar datos para crear productos mejores, pero es improbable que permitirles hacer lo que deseen con los datos que juntan no va a ser lo mejor para la sociedad”.

Su modelo permitiría tanto que aquel que no quiere compartir sus datos no esté obligado a hacerlo como que aquel que prefiere venderlos a varias compañías a la vez —y no sólo a las grandes tecnológicas— pueda hacerlo.

El control individual de los datos a la vez cuidaría la privacidad y ayudaría a generar innovación comercial.

Tonetti dio un ejemplo concerniente a la salud. Hoy dos hospitales que estudian el cáncer de pulmón y hacen imágenes regularmente para construir algoritmos de aprendizaje automático que puedan predecir la aparición de células malignas no comparten los datos, porque compiten entre sí. “Pero si los consumidores son dueños de los datos, se los podrían vender a varios hospitales y eso ayudaría a mejorar los algoritmos de predicción en todas partes”.

Dada la complejidad de establecer el valor de los datos, el experto alienta un modelo similar al de los asesores financieros: “Me imagino una organización orientada hacia el consumidor que ofrezca un producto por el cual uno instala su app en el teléfono, les dice qué tipos de datos podría compartir, qué clase de cuestiones no quiere compartir, y la organización podría juntar lo que se genere por sus datos de ubicación, etcétera, y venderlo en el mercado junto con otra información de otras personas”.

10. Desaparecerá el motor de combustión

La ex secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas (ONU) sobre el Cambio Climático Christiana Figueres predijo que los 2020s marcarán el comienzo de la extinción definitiva del motor de combustión interna. “Es algo realmente notable, porque todo nuestro crecimiento económico durante los últimos 150 años se produjo gracias a esta tecnología y los combustibles fósiles que la alimentaron”, escribió para Fortune.

“Hacia 2030 probablemente ya no podremos comprar un automóvil nuevo con un motor tradicional”, subrayó.

La inversión en vehículos eléctricos y de hidrógeno que aumentó en los últimos años “tendrá una aceleración exponencial en la próxima década”. Los legisladores municipales, estatales y nacionales comprenden ya que el motor de combustión interna es una tecnología que contamina a nivel local y global, y esta clase de tecnología causa 7 millones de muertes por año en todo el mundo.

Además, muchas automotrices advirtieron ya que aumenta a toda velocidad la demanda de vehículos de baja emisión, o sin emisiones. La red de carga eléctrica se está ampliando en los países desarrollados y el costo de las baterías bajó un 13% sólo en 2019. “Todavía tendremos un periodo de transición de unos 10 o 15 años, durante los cuales ambas tecnologías coexistirán en los caminos. Pero hacia 2030 me gustaría ver el motor de combustión interna en un museo”.




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