El ministro iraní de Exteriores, Mohamad Yavad Zarif. (Foto Turkish Minute)
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La República Islámica de Irán ha decidido plantar cara a las políticas de Estados Unidos con la realización de maniobras militares, que incluyen las controvertidas pruebas de misiles, y con la imposición recíproca de sanciones.

La retórica beligerante de ambas partes no ha hecho más que escalar desde que Irán efectuó un ensayo con un misil balístico el pasado domingo, una acción considerada inaceptable por Washington, que alertó con una respuesta.

Esta respuesta llegó el viernes con la imposición de sanciones a 13 individuos y 12 entidades relacionados con el programa de misiles balísticos de Teherán, a cuyo régimen EE. UU. ha calificado de amenaza para la región y el mundo.

Las autoridades iraníes no se quedaron calladas ante esta acción, anunciando el Ministerio de Exteriores restricciones legales a un número de individuos y entidades (estadounidenses) implicadas en la financiación y apoyo a grupos extremistas en la región.

Además, la Fuerza Aeroespacial del cuerpo de elite de los Guardianes de la Revolución comenzó este sábado una serie de ejercicios militares con el objetivo de mostrar la capacidad y preparación (de Irán) para actuar contra cualquier amenaza y desestimar las sanciones.

Las amplias maniobras se realizan en un área de 35.000 kilómetros cuadrados en la provincia de Semnan, en el noreste del país, e incluyen la prueba de sistemas de misiles y de radar.

Según un comunicado publicado por los Guardianes de la Revolución en su página Sepahnews, los simulacros abarcan tres tipos de sistemas de misiles, entre ellos “Sevon Jordad” y “Sayad 2”, que tienen un rango de alcance de 75 kilómetros y son capaces de actuar contra varios objetivos hostiles.

Entre los sistemas de radar probados destaca el de largo alcance “Qadir”, que es tridimensional y detecta y rastrea amenazas en el aire a un rango de 1.100 kilómetros.

Pese a estas nuevas maniobras castrenses, Irán ha insistido en que su sistema de misiles solo tiene fines defensivos y es para portar armas convencionales.

El ministro iraní de Exteriores, Mohamad Yavad Zarif, aseguró ayer que su país nunca va a iniciar una guerra y que solo usará sus armas en defensa propia.

Estas declaraciones fueron en respuesta a la advertencia del presidente estadounidense, Donald Trump, de que Irán está jugando con fuego y que el no va a ser tan considerado como su predecesor en el cargo, Barack Obama.

Por su parte, el secretario de Defensa de EE. UU., James Mattis, denunció que Irán es el mayor patrocinador estatal del terrorismo en el mundo, aunque señaló que su país no se plantea elevar el número de tropas en Oriente Medio.

Al respecto, el primer vicepresidente iraní, Eshaq Yahangiri, aseguró hoy que su país no es un problema para la región, sino la nación que puede ayudar a resolver las crisis de Oriente Medio.

Yahangiri rechazó las acusaciones estadounidenses de apoyo a grupos terroristas e indicó que Irán es de los pocos países capaz de garantizar la estabilidad en la región.

Si Irán no estuviera presente, Siria estaría en manos del grupo terrorista Dáesh (acrónimo en árabe del Estado Islámico), subrayó el vicepresidente, según las declaraciones difundidas por la agencia oficial IRNA.

El vicepresidente dijo que Irán no está preocupado por la retórica estadounidense y sugirió a este país que tenga respeto y trate de solucionar los problemas mediante el diálogo.

La relación entre Irán y EEUU se ha ido tensando gradualmente desde la llegada a la Presidencia de Trump, quien ya se mostró durante la campaña electoral contrario al acuerdo nuclear firmado en 2015 entre Teherán y seis grandes potencias, y al programa de misiles iraní.

Una de las primeras medidas adoptadas por Trump fue suspender por tres meses la emisión de visados a los nacionales de Irán y otros seis países de mayoría musulmana, a lo que la República Islámica respondió con una medida recíproca.

En medio queda el rol más conciliador de la Unión Europea, que condenó la prueba de misil de la semana pasada, pero defiende a ultranza el acuerdo nuclear y se opone a su revisión o anulación.

Las autoridades iraníes consideran su derecho fortalecer su capacidad defensiva y afirman que con sus acciones no vulneran ni el pacto atómico ni la resolución 2231 de la ONU, que prohíbe a Irán realizar pruebas con misiles con capacidad nuclear.




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