El ultraderechista Jair Bolsonaro, uno de los favoritos para las elecciones de octubre próximo en Brasil, ha endurecido su discurso en el inicio de la campaña, luego de que las encuestas insinuaran que puede perderse en su propio laberinto.

El excapitán del Ejército mantiene en torno a un 20 % de las intenciones de voto, que lo sitúan en segundo lugar si Luiz Inácio Lula da Silva, preso por corrupción, logra salvar los obstáculos legales que pueden impedir su candidatura y postulase, y lidera en el caso de que el expresidente sea vetado por la Justicia electoral.

Pero dos encuestas publicadas esta semana ponen en duda su real potencial electoral, pues si bien indican que tiene la preferencia de los votantes para una primera vuelta, coinciden en que las cosas se le pondrían cuesta arriba en la segunda y definitiva votación, que será convocada si ningún candidato supera el 50 % el 7 de octubre.

En el escenario más probable, sin la participación de Lula, que puede ser vetado por su situación judicial, un sondeo de la firma MDA mostró que Bolsonaro estaría empatado en una segunda vuelta con cualquiera de sus posibles adversarios: la ecologista Marina Silva, el socialdemócrata Geraldo Alkcmin y el laborista Ciro Gomes.

Con una muestra más amplia, de 8.433 personas consultadas frente a las 2.002 de MDA, el instituto Datafolha fue más allá y dijo en su encuesta que, en una segunda vuelta, Bolsonaro perdería frente a los tres.

En cualquiera de los casos, Bolsonaro tendría entre 33 % y 35 %, pero Marina Silva obtendría un 45 % y tanto Alckmin como Ciro Gomes llegarían al 38 %.

Bolsonaro, según Datafolha, sólo ganaría una segunda vuelta si su rival fuera Fernando Haddad, quien se perfila como el candidato del Partido de los Trabajadores (PT) en la muy probable hipótesis de que Lula sea vetado.

Las encuestas publicadas esta semana le atribuyeron a Haddad, en ese posible escenario, sólo un 4 % de cara a la primera vuelta, pero los analistas afirman que tiene un fuerte potencial de crecimiento si es confirmado candidato y consigue encarnar la figura de Lula.

Frente a esa situación, Datafolha simuló una segunda vuelta entre Bolsonaro y Haddad y el resultado no fue muy esperanzador para el excapitán, que está en campaña desde hace un año y, en ese posible horizonte, tendría un 38 % frente al 29 % del “candidato de Lula”, que aún no ha sido presentado al electorado.

Las dificultades que los sondeos vaticinan para el exmilitar, un firme defensor de la dictadura que imperó en el país de 1964 a 1985, fueron ironizadas esta semana por Alckmin, quien dijo que “el sueño de todo el mundo es una segunda vuelta con Bolsonaro”.

El candidato ultraderechista, que acumula un largo historial de declaraciones machistas, homofóbicas, racistas o que, según muchos, incitan a la violencia, ha reforzado parte de su fama en la primera semana de campaña en las calles.

En los últimos días, aseguró que expulsará del país a los médicos cubanos que trabajan en las zonas más pobres del país en el marco de acuerdos de cooperación, que acabará con la financiación pública a entidades de derechos humanos, e insistió en que liberará la venta de armas para que la sociedad “se defienda” de la delincuencia.

También aseguró que lanzará “a las letrinas” el Estatuto del Niño y el Adolescente, que tipifica como delito la “venta” o “entrega” de armas a menores de edad.

“No podemos criar una generación de cobardes”, afirmó Bolsonaro, quien aseguró que sus tres hijos “aprendieron a disparar con cinco años” de edad.

“El armamento es inherente al ser humano y a su defensa. Esto está en la Biblia”, declaró tras repetir un polémico gesto con un niño, al que tomó en sus brazos e invitó a hacer la señal de un arma disparando con los dedos índice y pulgar de la mano.

La semana próxima, el capitán de la reserva estará frente a la Corte Suprema, que decidirá si acepta unas denuncias de la Fiscalía General, que le acusa de usar “expresiones discriminatorias y que incitan al odio”.

La acusación se basa en declaraciones que Bolsonaro dio a fines del año pasado, cuando comentó que había visitado una comunidad de afrodescendientes y sostuvo, entre otras cosas, que esas personas “no hacen nada” y “ya ni para procrear sirven”. EFE




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