El fatal viernes 4 de junio de 1830, en el sector La Jacoba, El Cabuyal, montaña de
Berruecos, cerca de Pasto, departamento de Nariño, los asesinos de Sucre, avanzaron por un sendero pantanoso. Camuflados con musgo, los esperaron escondidos
desde el amanecer, los soldados reservistas Andrés Rodríguez y Juan
Cuzco, peruanos, y Juan Gregorio Rodríguez, tolimense, empleados como
peones de José Erazo. El coronel Juan Gregorio Sarría entregó los
fusiles a los asesinos y los llevó a la posición de tiro. Los tres
reservistas estaban comandados por el coronel venezolano Apolinar
Morillo, llegado un día antes de Pasto, quien pagó diez pesos a cada uno de ellos, maldito dinero recibido de Obando. El crimen se perpetró aproximadamente a las ocho
de la mañana. Morillo disparó al pecho de Sucre;.
Los tres reservistas fueron envenenados a los pocos días para que no
informaran los pormenores del suceso. Además de Morillo, como autor
material, las acusaciones señalaban como presunto autor intelectual al general
Obando y como cómplices a José Erazo, al comandante Antonio Mariano
Álvarez, al coronel Sarría y Fidel Torres.

El general Rafael Urdaneta, ordenó, en 1830, abrir juicio a los presuntos implicados en el magnicidio, pero con la ruptura de la Gran Colombia, el expediente
desapareció. En 1839, Erazo fue detenido en Pasto por motivo
político. Cuando pasaba por el funesto sitio de Berruecos, en ruta a
Popayán, el caballo se encabritó. Acusado por su conciencia, pensando
que lo habían detenido por el vil asesinato, relató al oficial que lo
custodiaba su participación en el abominable hecho. Erazo informó
tener una carta recibida de Obando para cometer el crimen, además,
acusa a Morillo como autor material.

Se notificó la novedad al gobernador de Pasto, Antonio José Chávez, quien ordenó iniciar el 4 de noviembre de 1839, el sumario respectivo. El presidente de Colombia,
general Pedro Alcántara Herrán, ordenó el juicio. Apresado Morillo,
confesó su participación en el asesinato y acusó a José María Obando
como autor intelectual, quien se encontraba con otros implicados
refugiados en Perú. El 18 de agosto de 1842, el Consejo de Guerra
sentenció a Morillo a la pena capital, fue fusilado a las cuatro de la
tarde el 30 de septiembre de ese año en la Plaza Mayor de Bogotá, hoy
plaza Bolívar. Fue el único condenado a muerte.

Morillo reconoció su delito y perdonó a Obando. Álvarez había fallecido en la cárcel. José Erazo fue condenado a cumplir larga prisión en Cartagena de Indias.
Los autores y cómplices se burlaron un tiempo de la ley, pero las
conciencias los devoraban en silencio. Monseñor Federico González
dijo: “Si Sucre hubiera hablado después de su asesinato, seguro que
sería para perdonar a sus asesinos”. José María Obando, antiguo
oficial realista, mantuvo en todo momento su negativa en la
participación del crimen. Fue Ministro de la Defensa y Presidente de
la Nueva Granada (1853-1854), murió el 29 de abril de 1861 en el
combate de Cruz Verde. Del nombre Obando y del sitio de Cruz Verde, la
malicia humana escribió un anagrama con ligeras incorrecciones, con
tinte acusador: Obando Cruz Verde, bandido de Berruecos.
Epílogo: Hoy como ayer, la justicia tarda pero… implacablemente llega.

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