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Nicolás Maduro perdió el control total del país. Su incapacidad para dirigir la nación,  para escuchar las demandas de la mayoría de sus habitantes y de cumplir cabalmente con los mandatos de la Constitución Nacional lo convierten en el Presidente de Venezuela que pasara a la historia como un  gobernante  que en pleno siglo XXI abandonó los principios democráticos para administrar el Estado y se apertrechó de la violencia para imponerse como gobernante y someter a una brutal represión militar, policial y paramilitar a la mayoría de los venezolanos que no aceptan la realización de la Asamblea Nacional Constituyente Comunal que convoco ilegalmente, con el único propósito de perpetrarse en el poder e instaurar el comunismo al estilo de los hermanos Castro, sin considerar que la población la rechaza  y se ha sublevado por más de 100 días en su contra. Ni estimar que este domingo 16 de julio,  más de 7 millones 200 mil venezolanos se pronunciaron  en la consulta popular, organizada por la Mesa de la Unidad Democrática y le dijeron no a su forma de ejercer el poder y a sus políticas públicas populistas hambreadoras, delincuenciales, empobrecedoras, criminales, entristecedoras, vejadoras y atrasadas.

Millones de venezolanos le dijeron no  al gobierno de Maduro cuando rechazan y desconocen la ejecución de esa Asamblea Nacional Constituyente propuesta por él sin la previa aprobación de los venezolanos, al tiempo que demanda a la Fuerza Armada Nacional y a todo funcionario público obedecer y defender la Carta Magna de 1999 y respaldar las decisiones de la Asamblea Nacional, además de aprobar la renovación de todos los poderes públicos, de acuerdo con lo establecido en la constitución.  E igualmente, aprueban con un sí contundente   la realización de elecciones libres y transparentes, más la conformación de un gobierno de Unión Nacional para restituir el orden constitucional que el Tribunal Supremo de Justicia deploró al emitir sentencias ilegales que solo sirven para complacer las apetencias del primer mandatario nacional y blindarlo en la silla presidencial.

Consulta Popular catalogada como victoriosa por varios especialista, por cuanto los más de 7,6 millones de venezolanos que defendieron la democracia a través de su participación no fueron influenciados ni obligados ni amenazados, como le sucede a la mayoría que participa en las elecciones convocadas por el gobierno de Maduro. Según Vicente Díaz,  ex rector del Consejo Nacional Electoral, ese proceso fue un éxito porque no contó con el apoyo logístico del CNE ni con los recursos que siempre cuentan los eventos electorales en el país, pues sólo se desplegaron 14 mil mesas y únicamente se tuvieron 15 días para organizar el evento. “Lo máximo obtenido previamente fue 7 millones 500 mil sufragios en 45 mil mesas”.  Mientras el psicólogo social y analista político, Ángel  Oropeza asegura que consulta popular de este domingo fue el acto de desobediencia civil más significativo en la historia de Latinoamérica, debido a la gran respuesta que tuvo y a los pocos recursos con los que contaba la organización política .“La gente decidió: a mí no me van a robar el país. Este acto de desobediencia civil es el más grande de América Latina y del continente americano”.

La amenaza es el arma más vil y cobarde que la gente del gobierno usa para demostrar que pueden dominar  a los venezolanos y  hacer lo que les plazca mientras sean poder. Peor aún, el accionar de armas de fuego no permitidas en manifestaciones por los cuerpos de Seguridad del Estado las ha disparado a quemarropa militares, policías y paramilitares contra jóvenes que tuvieron la valentía de exigirle a Nicolás Maduro libertad y seguridad para sus vidas. Ya van más de 100 muertos, pero las pistolas no cesan de disparar contra un pueblo que dice no a la dictadura y a la Asamblea Nacional Constituyente Comunista. Prueba de esto, es que  en pleno desarrollo de la consulta popular de este 16 de julio, motorizados armados y encapuchados amparados por el gobierno cumplieron las órdenes superiores de los altos jerarcas del oficialismo y sin ninguna vacilación ni temor frente a la justicia dispararon y arremetieron contra los participantes en el punto soberano instalado en Catia y produjeron la muerte de una enfermera e hirieron a un niño inocente y a otras dos personas, al tiempo que se atrevieron a asediar al cardenal Urosa Sabino, más   500 personas en la iglesia El Carmen, ubicada en esa populosa parroquia de Caracas.

Todo este bochornoso acto criminal fue efectuado frente a la vista y los ojos de efectivos de la Policía Nacional Bolivariana y la Guardia Nacional Bolivariana, los cuales en este momento histórico que vive el país prefieren actuar como alcahuetas de la ilegalidad, del crimen al hermano, de la muerte despiadada de quien disiente del gobierno, del disparo vil de un delincuente tarifado que ocasiona cada día la baja de un opositor del régimen madurista. Con esa actitud, esos uniformados se convierten en cómplices de delitos de lesa humanidad que no prescriben, razón por la cual para ellos se impondrá la justicia más temprano que tarde. Una justicia que demasiado tarde les enseñara que el honor está en defender la constitución y la población, más no a un gobernante y a sus colaboradores violadores de los derechos humanos. También aprenderán que en la sociedad y la política,  los hombres pasan, pero las instituciones quedan. Por lo tanto no se puede ser tan servil a un tirano  y a un dictador, porque su mandato caduca y la ley queda o se transforma para bien y no para llevar a millones de venezolanos a un abismo político  donde no hay salidas, como se pretende hacer con la realización de Asamblea Nacional Constituyente Comunista impuesta arbitrariamente por Nicolás Maduro, un hombre que la democracia le dio la oportunidad de convertirse en Presidente, pese a  no estaba preparado ni cognitiva ni moralmente para ejercer ese cargo y que ahora se quiere mantener en el poder a la fuerza e imponer un sistema político económico  comunista y totalitario que acabaría por completo con la República y la Democracia.

Maduro ha gobernado de espalda a la constitución y amparado por el Tribunal Supremo manda a través de decretos para que la Asamblea Nacional no cumpla con su competencia controladora del Poder Ejecutivo  Se pretende imponer ante un pueblo que rechaza su gestión, porque ya está cansado de pasar hambre y morir por falta de medicinas o de seguridad personal y jurídica. Una población que está harta de ver como los funcionarios uniformados de los distintos cuerpos de seguridad del Estado  se desbocan para acorralar y matar a quienes manifiestan pacíficamente contra un gobernante ineficaz, pero son incapaces de detener y frenar el accionar del hampa, la delincuencia y las bandas criminales organizadas encargadas de matar cada día venezolanos hasta por esos alimentos tan imposibles de adquirir u obtener por su carencia y altos precios.

Su actuación como Presidente, Primer Mandatario Nacional y Jefe del Estado ha sido bestial e inhumana frente a quienes contraríen su ideología y gobierno. No escucha el clamor de un pueblo que desde hace rato le dice que no quiere vivir en Socialismo y mucho menos en Comunismo. El 6 de diciembre de 2015 se lo demostró cuando voto a favor de una Asamblea Nacional opositora y este 16 de julio de 2017 también le dicen que no están de acuerdo con la Asamblea Nacional Constituyente Comunal que convocó, porque es ir hacia un despeñadero donde el país y sus habitantes va a sufrir los avatares de un sistema de gobierno autoritario, militar, comunista y corrupto. Los venezolanos ya no temen morir para enfrentar su forma dictatorial de gobernar, porque saben que si Maduro implanta el comunismo en Venezuela, estarán muertos en vida, tan igual o peor como los cubanos, a causa del impecable régimen de los hermanos Castro. Venezuela no es Cuba  y los venezolanos no son los cubanos que le permitieron a Fidel  Castro imponer su fuerza destructora, así como su modelo político económico comunista, en el cual solo pueden vivir bien, respirar, caminar, comer y tener libertades quienes ejercen el poder o lo siguen como corderos. Más de 7 millones de venezolanos le dicen a Maduro que no quieren comunismo y que no aceptan más su amenaza para pretender asaltar el poder cuan ladrón por la noche. Que desean la democracia, porque es perfectible y garante de la libertad de expresión, conducción y pensamiento, de la propiedad privada,  de la libre empresa, de la producción, del empleo productivo y digno y de otras libertades que en 19 años de revolución bolivariana las han socavado.




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