Suele aparecer o diagnosticarse durante las semanas 24 a 28 del embarazo
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Es la complicación metabólica más frecuente durante el embarazo. Es la diabetes gestacional. Y entre 2% y 20% de las embarazadas, presenta este trastorno. Es originado por la resistencia a la insulina que se produce a causa de la elevación de las hormonas durante la gestación.

Esta condición de intolerancia a la glucosa puede generar elevación de la tensión arterial, pérdida de proteínas a través de la orina y edemas en los miembros inferiores de la madre, lo cual es bastante riesgoso tanto para ella como para el feto

¿Cómo ocurre?

La insulina es una sustancia segregada por el páncreas que permite al organismo convertir los alimentos que consume en energía, la cual almacena en forma de azúcar o glucosa. Durante el embarazo, la placenta produce hormonas que entran al torrente sanguíneo y afectan la capacidad del cuerpo para utilizar esa sustancia, cuya acción se altera aún más en madres obesas pues las células grasas son altamente resistentes a la insulina.

La doctora María Inés Silva de Casanova, endocrinólogo del Centro Médico Docente La Trinidad, explicó que cuando esto ocurre las células no logran metabolizar la glucosa ocasionando un aumento en los niveles de azúcar en la sangre de la madre.

Esa glucemia elevada pasa al feto a través de la placenta obligándolo a producir mucha insulina,  lo cual incrementa su crecimiento, porcentaje de grasa y lo convierte en un recién nacido macrosómico (que pesa más de 4 Kgs al nacer).

“Esto complica el parto y generalmente se induce antes de llegar a término o se practica cesárea. Estos neonatos tienen riesgo de hipoglucemia al nacer (bajos niveles de azúcar en la sangre, menores a 50 mg/dl), debido a la insulina alta circulante “, explicó la especialista.

Los bebés cuyas madres han tenido diabetes gestacional tienen también riesgo aumentado de desarrollar diabetes tipo 2 a lo largo de su vida. Para prevenir esto, Casanova recomienda empezar por darle lactancia materna exclusiva durante 6 meses, enseñarlos  a comer bien e incentivar el deporte.

Las madres pueden tener complicaciones como: elevación de la tensión arterial, pérdida de proteínas a través de la orina y edemas en los miembros inferiores. “Esto se denomina pre-eclampsia y es bastante riesgoso tanto para la madre como para el feto”, señaló la galena.

Afortunadamente, esta enfermedad puede controlarse bien y la mayoría de las madres tienen bebés sanos y normales. Las mujeres que presentan mayor riesgo de tenerla son: las que tienen sobrepeso antes o durante el embarazo con antecedentes familiares de diabetes tipo 2, que llevan una vida sedentaria y que presentan ovarios poliquísticos.

Diagnóstico y tratamiento     

Para diagnosticar la diabetes gestacional, en la semana 24 del embarazo se realiza una prueba de sobrecarga oral con glucosa (75 gramos) y se mide la glucosa en ayuno (cuyo valor normal debe ser menor de 92 mg/dl), otra a la hora (menor de 180 mg/dl) y a las 2 horas (menor de 153 mg/dl). Uno de estos valores elevados indica la existencia de diabetes.

La endocrinóloga explicó que, en estos casos, se indica un tratamiento para mantener un nivel normal de glucosa  en la sangre de la madre. Esta se debe monitorear con el glucómetro antes, una y dos horas después de cada comida, siendo las metas de control las siguientes: menos de 95 mg/dl antes de comer, menos de 140mg/dl una hora después, y menos de 120 mg/dl a las dos horas siguientes.

La madre debe seguir también un plan de alimentación adecuado y hacer ejercicios 150 minutos por semana. En los casos de que no presente los resultados esperados sería necesario recurrir a la insulina.

La doctora María Inés Silva de Casanova dijo que la alimentación puede ser hipocalórica para perder peso al inicio del embarazo; luego, normocalórica para aumentar lo adecuado (6 a 7 kilos) durante las 39 semanas de gestación. Igualmente se recomienda suplementos de hierro y ácido fólico a las madres.

La diabetes gestacional suele aparecer o se diagnostica por primera vez, alrededor de la semana 24 a 28 de gestación y, al finalizar el embarazo debe volver a la normalidad. Sin embargo, el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 está aumentado, por lo que es necesario que tanto la madre como el hijo tengan un seguimiento médico de por vida, y se chequen la glucemia al menos una vez al año.




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