“Con un proceso continuo de inflación, los gobiernos pueden confiscar, secreta e inadvertidamente, una parte importante de la riqueza de sus conciudadanos.”

John Maynard Keynes

Venezuela vuelve de nuevo a contrastar dos medidas de inflación una la del observatorio independiente de finanzas OVF y otra la del Banco Central de Venezuela, la segunda medida de la inflación corresponde al indicador oficial consignado con atrasos como ya se ha hecho costumbre en franca contravención del mandato constitucional la situación en Venezuela es insostenible desde el punto de vista económico, la práctica de recurrir al señoreaje para financiar el gasto público demuestra con el estallido de la hiperinflación su inviabilidad.

Venezuela atraviesa una penosa hiperinflación cuyos efectos sociales se miden en miseria y hambre, de hecho somos una sociedad en absoluta pobreza, 94,5% de la población es pobre y 76,6% es pobre extremo, de acuerdo a los datos recogidos por las ENCOVI, los cuales le confieren rostro social a una dualidad incompatible en donde unos pocos son dueños de muchos recursos, es decir somos una sociedad absolutamente desigual, secuestrada por una hegemonía quienes preconizan la igualdad y la justicia social.

La práctica de financiar gasto público y déficit fiscal por la vía del financiamiento primario y secundario, así como haberse empeñado desde 2002 en mantener un férreo control de cambio y sobrevaluación monetaria, comenzaron a mostrar señales de agotamiento en el año 2009 cuando la balanza comercial comenzó a manifestar una conducta deficitaria y negativa, teniendo como consecuencia la salida de capitales y disminución de reservas internacionales, al dejar libreflotar al tipo de cambio, se abandonó el objetivo operativo y se produjo un proceso de emisión terciaria que favorecía el sostenimiento de la hiperinflación, y por ende, a los desequilibrios monetarios se le adicionaban los desequilibrios externos y el resultado es esta innominada crisis multifactorial.

Ocultar las cifras de la inflación intermensual o dilatar su rendición, atenta en contra del propósito fundamental de un Banco Central, en tanto que se le está mutilando su capacidad de ser órgano de control monetario, la inflación según el Banco Central de Venezuela anualizada alcanza la cifra de 1948,5% y de acuerdo al Observatorio Venezolano de Finanzas el indicador es de 1457%, los valores acumulados hacen muy complejo manipular las cifras y ambas medidas se encuentran en torno a los 530 puntos porcentuales.

Paralelamente a este efecto, la contracción de la economía en Venezuela desde el 2014 hasta el 2021, se contabiliza en 82%, una tierra arrasada con un fenómeno hiperinflacionario solo puede exhibir la emergencia humanitaria que hoy presenta Venezuela, aunque este año los valores de la expansión de la liquidez se han contraído, los valores que presentaremos en crecimiento e inflación serán muy desfavorables.

Para el año 2022 seguiremos en hiperinflación, este año el cierre se estima entre  1600% y 2700%, lo cual supone que cerraremos 2021 en hiperinflación, con un tipo de cambio entre 8Bs/$ y 12Bs/$. Teniendo dos medidas de inflación, dos gobiernos, dos corrupciones y dos realidades, lo único factico real y tangible es la catástrofe humanitaria que se mide en miseria, hambre y diáspora.

Por encima de los tecnicismos económicos subyace una realidad, y es la del dolor de un país migrante, penitente y enfermo, somos el resultado de años de improvisación, de cleptocracia y de descontrol absoluto, de indolencia.

Finalmente, es absolutamente baladí determinar si las cifras del BCV o las del OVF están apegadas a cálculos reales, sencillamente existe un fenómeno doloroso de hiperinflación acompañado de un atroz fenómeno de desempleo: 50% de la población económicamente activa y un drama de migración de más de seis millones de habitantes que buscan oportunidades fuera del país.

Somos un país dual, hasta en las cuentas consolidadas de la nación, una sociedad engañada y estafada por aqueos y troyanos, duales en cifras, duales en gobiernos, duales en liderazgos, pero únicos en la fealdad de la estafa, la cleptocracia y la corrupción que hoy se come las entrañas de este ex país.

La inflación es esencialmente antidemocrática. «El Estado omnipotente» (1944), Ludwig von Mises”

 




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