Jair Bolsonaro.

El presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, lidiará a partir del 1 de enero con la actual dependencia económica con China, el mayor socio comercial del país desde 2009, y su deseo de acercarse más al Gobierno del presidente estadounidense, Donald Trump.

Cualquier decisión que tome Bolsonaro, anticomunista declarado, hacia un lado u otro será decisiva para el futuro de un Brasil que aún siente los estragos de la crisis de los últimos años.

El mandatario electo mandó hoy una señal al recibir en su casa a John Bolton, asesor de seguridad nacional de Trump, para hablar, entre otros asuntos, del comercio bilateral y la influencia política y económica de China en Latinoamérica.

“Tenemos que aproximarnos. Eso parece muy importante”, declaró en el encuentro el futuro jefe del Gabinete de Seguridad Institucional, el general de la reserva Augusto Heleno Ribeiro.

Pekín, un actor clave en la región que aprovechó el espacio que dejó EE.UU., asiste con cautela estos movimientos y más desde que el ultraderechista aseveró durante su campaña electoral que “China no está comprando en Brasil, está comprando Brasil”.

Esa afirmación hizo saltar todas las alarmas en la potencia asiática, que enseguida advirtió al ultraderechista de las consecuencias que tendría romper los pactos económicos vigentes.

A partir de ahí, Bolsonaro cambió de actitud, recibió al embajador de China en Brasil, Li Jinzhang, ya como presidente electo y manifestó que su intención es “seguir haciendo negocios con todo el mundo sin distinción ideológica”.

China “merece una medalla, porque en la peor crisis económica del país, tuvo el coraje de apostar en Brasil y correr el riesgo de invertir robustamente”, afirmó a Efe Charles Tang, presidente de la Cámara de Comercio e Industria Brasil-China.

“China no manda sus infantes navales, manda sus empresarios y ejecutivos para hacer comercio, inversiones en una política de ganar-ganar, donde China gana y los países donde invierte ganan también”, defendió.

En 2017 fue el destino del 22 % del total de las exportaciones brasileñas y el 18 % de las importaciones, según datos oficiales.

Además, China invirtió 54.000 millones de dólares entre 2003 y 2017 en 97 proyectos y ha anunciado otra inyección de 72.000 millones dólares.

Casi el 70 % de sus inversiones en el país se concentran en cuatro sectores: extracción de petróleo y gas, energía eléctrica, extracción de minerales metálicos y metalurgia. Compra principalmente materias primas, como soja, cuyas importaciones se han disparado por causa de la guerra comercial con Estados Unidos.

“Reducir el comercio con China es darse un tiro en la cabeza, China es el principal socio comercial” y “tenemos superávit”, por tanto “no podemos renunciar a él de ninguna forma”, afirmó a Efe el profesor Paulo Dutra, coordinador del curso de Economía en la Facultad Armando Alvares Penteado.

“Somos literalmente dependientes del comercio con China y cualquier restricción” puede desembocar en un descenso de sus importaciones y recortes en la inversión, añadió.

Pero la llegada al poder de Bolsonaro, quien se declara un admirador de Trump, puede provocar un cambio de tendencia.

Las consecuencias económicas sobre un posible cambio en las preferencias entre China y EE.UU. se suman además a las que tendría el prometido cambio a Jerusalén de la embajada brasileña en Israel, por la importancia del mercado árabe en las exportaciones de carne.

Desde el vecino del norte, llegan cantos de sirena. Bolton calificó de “oportunidad histórica” la elección de Bolsonaro y hoy, tras la reunión, dijo que EE.UU., segundo mayor socio comercial de Brasil, espera una “asociación dinámica”.

Días antes, el diplomático estadounidense Thomas Shannon declaró en una entrevista con el diario Folha de Sao Paulo que su país “ofrece mucho más” a Brasil que China.

Dutra consideró que hay espacio para aumentar el flujo comercial con EE.UU., que recibe una mayor cantidad de productos con valor agregado, lo que “incentivaría el desarrollo de la industria brasileña”.

Pero alertó de que algunos indicadores señalan que la economía estadounidense entrará próximamente en “proceso de recesión”, por lo que Brasil “estaría apostando en el lugar equivocado nuevamente”.

Charles Tang también advirtió que “China tiene el mundo entero para invertir” y “no necesita” a los países donde no es bienvenida.

No obstante, cree que Bolsonaro “una vez en el poder, va a entender que lo que necesita ser observado son los intereses de Brasil y no sus ideas o preferencias personales”.




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