Intento de secesión en Cataluña, crisis económica y políticas impopulares de austeridad, meses de bloqueo político y corrupción: en seis años y medio, Mariano Rajoy tuvo que afrontar diversas crisis, hasta que la última le costó el cargo.

– Múltiples casos de corrupción –

Llegado al poder a finales de 2011, Mariano Rajoy se vio golpeado por la multiplicación de casos de corrupción que implicaron a su Partido Popular (PP, conservador).

El mayor de ellos, el llamado caso Gürtel, hizo caer finalmente a este político con reputación de sobreviviente.

El 24 de mayo, se conoció la dura condena de la justicia en este caso, al cabo de años de instrucción. Los jueces acreditaron la existencia de una caja B en el PP y condenaron al partido como partícipe a título lucrativo de la trama.

Ante ello, el líder de la oposición socialista Pedro Sánchez puso en marcha una moción de censura que finalmente selló el viernes la suerte de Rajoy.

Pero antes de este desenlace, Rajoy vio como personas cercanas iban cayendo en desgracia: el exministro de Economía y ex director general del FMI Rodrigo Rato, condenado en 2017 por malversación de fondos; la antigua alcaldesa de Valencia Rita Barbera, fallecida en 2016 cuando era investigada por blanqueo de capitales; o Luis Bárcenas, extesorero del PP y personaje clave de la Gürtel, a quien Rajoy envió un mensaje «Luis, sé fuerte» tras su arresto en 2013.

– Prolongado bloqueo –

Antes de acabar con su mandato, los escándalos de corrupción contribuyeron a que el PP de Rajoy perdiera su mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados en las legislativas de diciembre de 2015.

La irrupción en el Parlamento de dos nuevos partidos anticorrupción, Podemos a la izquierda y Ciudadanos a la centroderecha, desembocó en una crisis política, que privó a España de un nuevo gobierno por diez meses.

Pero Rajoy, conocido por su paciencia a toda prueba, dejó que la oposición se peleara y fracasara en su intento de reemplazarle, condujo al PP a obtener mejores resultados en unas nuevas legislativas en junio de 2016 y finalmente recibió la confianza del Parlamento a fines de octubre.

– Austeridad y desempleo –

Cada vez que estuvo en dificultades, Rajoy advertía de los riesgos para la estabilidad de la economía española si salía del poder.

Apasionado de la economía, justificaba en cada discurso su política de severa austeridad y su impopular reforma del mercado laboral que facilitó los despidos, evocando la situación calamitosa en España que encontró a su llegada al poder.

El país, golpeado de lleno por la crisis económica y el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008, estaba al borde de un plan de rescate.

En el punto álgido de la crisis, a comienzos de 2013, el desempleo llegó a rozar el 27%. Los españoles emigraron en masa, en busca de trabajo en el extranjero. Otros, incapaces de pagar sus créditos inmobiliarios, fueron expulsados de sus viviendas.

Pero España volvió luego a la senda del crecimiento.

Y tan solo un día antes de su destitución, Rajoy repitió las buenas cifras de la recuperación: más de 3% de crecimiento anual desde 2015, medio millón de empleos creados por año…

– Fractura catalana –

La más grave crisis política que enfrentó Mariano Rajoy puso en peligro la unidad de su país.

Cataluña, una región de 7,5 millones de habitantes y una economía que representa 20% del PIB español, organizó en octubre de 2017 un referéndum de autodeterminación ilegal y lanzó una fallida declaración de independencia unilateral.

Rajoy fue criticado desde todos los flancos por la gestión de la crisis: en Madrid, su aliado Ciudadanos lo acusó de debilidad frente a los separatistas, mientras que en Cataluña fue señalado de alimentar la confrontación.

Cuando estaba en la oposición, personalmente hizo campaña contra el estatuto de autonomía que confería amplias competencias a Cataluña, y cuya anulación parcial por parte de la justicia alimentó el independentismo.

Finalmente Rajoy puso bajo tutela la región y destituyó al gobierno dirigido por el independentista Carles Puigdemont.

El sucesor de Rajoy, el socialista Sánchez, tendrá una ardua tarea en Cataluña, dirigida por los independentistas y profundamente fracturada entre defensores y antagonistas de la secesión de España.




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