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El Ávila es un flashback en la memoria de Juan Guillermo Salas (*). Una imagen cargada de melancolía. Durante su período de adaptación en Alicante, España, solía levantarse de noche pensando que estaba en Caracas. Cuánto extraña subir esa montaña imponente. Su vida como médico se volvió insostenible en la Venezuela de la escasez. En un país donde los centros públicos de salud registran 95% en carencia de insumos; su permanencia era un peso muy grande.

El médico maracayero de 26 años trabajaba en dos clínicas y un hospital. Su esposa, con quien comparte la profesión, hacía lo mismo en una clínica y un hospital. Ni juntando los cinco sueldos pagaban un alquiler en Caracas. Esa fue básicamente la razón de su éxodo. No habían estudiado para eso. No se esforzaban tanto para obtener del árbol unos frutos así de amargos.

El viaje a España estaba planificado, primero, como algo turístico. Pero el sentido de la huida le detonó a la pareja. Sucedió el 9 de abril de 2015, cuando el Gobierno redujo el cupo de divisas a través del Centro Nacional de Comercio Exterior (Cencoex). Allí fue cuando Salas se dio cuenta que el país lo estaba echando, porque las cosas no se iban a mejorar. Que era ahora o nunca.

Se reunió el dinero y se compraron los pasajes. La bata, de momento, se guardó en una maleta para cruzar el Atlántico. Se casaron, y así el joven médico pudo obtener la residencia legal española que absorbió de su esposa, quien ya tenía nacionalidad por sus raíces. Llegaron a una tierra donde sabían que con hacer un esfuerzo, la cosecha podía ser mejor.

La esposa de Salas incluso planchó ropa en casa de unos españoles

En octubre de 2015 pisaron Europa. Hicieron de todo. La esposa de Salas incluso planchó ropa en casa de unos españoles. Esperaban los meses reglamentarios para hacer la homologación del título. Mientras, vivían de los ahorros. Fueron semanas difíciles. “Tuvimos que, como se dice en Venezuela, cambiar el chip. Desde los impuestos, desde las normas de tránsito, hasta la cultura de la gente”.

Ejercer la medicina como venezolano en España depende fundamentalmente de algo: la residencia legal, dice Salas. El examen MIR (Médico Interno Residente) es un filtro que debe superarse. Pero solo 4% de los cupos se asignan a quienes no nacieron en el país. Salas y su esposa duraron ocho meses esperando hasta que superaron la prueba y pudieron empezar a trabajar.

 

UNA CUESTIÓN DIARIA

Douglas León Natera está preocupado. No ve generación de relevo que se haga cargo de la medicina en Venezuela. Quienes estaban llamados a hacerlo, están volando despavoridos de la crisis del país con las reservas de petróleo más grandes del mundo, pero donde a veces hay que operar con linternas de celulares porque no hay electricidad en los hospitales. Solo existe 5% de disponibilidad de medicinas e insumos, asegura el presidente de la Federación Médica Venezolana. “El Gobierno se ha ocupado de dejar los hospitales en knock out, desabastecidos, es decir: en cierre automático”.

Para el 3 de mayo de 2015 la FMV reportó que 12 mil 380 profesionales se habían ido del país

La migración de médicos es una fisura que cada día se ensancha. Para el 3 de mayo de 2015 la FMV reportó que 12 mil 380 profesionales se habían ido del país. Natera actualizó la cifra y dijo que ya se acerca a los 16 mil, un incremento de casi 30% en un año y ocho meses. “El médico venezolano se lleva las esperanzas de un país en el que estudió con mucho esfuerzo y dedicación. Pero algunos ni siquiera completan el período de medicina rural de exige la ley. Se van antes. Este es un Gobierno bandido, que ha planificado esta ecuación perfectamente, empujando al médico para que se vaya”.

Son profesionales que no le convienen al país, observa Natera. El Ejecutivo, por ende, tiene una cartilla bien estructurada para atacar al sector salud. Tanto así que se montó un sistema paralelo, llamado Barrio Adentro, que ha sido ineficaz. Los Médicos Integrales Comunitarios (MIC), unos 25 mil graduados, ejercen legalmente porque se modificó la ley exclusivamente para incluirlos. Algo que Natera observa con preocupación porque no tienen los conocimientos suficientes. En octubre de 2012 el fallecido presidente dijo durante una graduación de promoción de MIC que eran parte fundamental de la transición al socialismo. Dijo que en algunos hospitales había “médicos escuálidos, contrarrevolucionarios” que odiaban al pueblo.

medicos en huida

 

REPRESIÓN: OTRA RAZÓN

Ya es bastante difícil ejercer la profesión en los hospitales venezolanos sin medicinas. Pero hay que sumar nuevos alicientes para que las batas blancas crucen la frontera: la persecución. Desde el Gobierno se ha instaurado una política de amedrentamiento, con la utilización de grupos armados pagados por las gobernaciones para callar a los médicos que alcen su voz ante el caos sanitario, lamenta Ramsés Milano, vicepresidente del Colegio Médico de Aragua, un estado en el que la política es sistemática.

La Asamblea Nacional ha decretado una crisis humanitaria por la escasez de insumos

El 17 de octubre de este año dos médicos fueron despedidos del Hospital Central de Maracay (HCM). Su delito había sido permitir el ingreso de cajas de medicinas donadas, cuando incluso la Organización de Naciones Unidas (ONU) ha pedido al Gobierno que reciba los medicamentos como parte de una ayuda internacional. La Asamblea Nacional ha decretado una crisis humanitaria por la escasez de insumos. Tras anunciar el paro de actividades en el hospital y todo el estado, los profesionales en Aragua fueron restituidos.

Pero el gremio no se recupera del golpe que recibió en septiembre de 2014. El presidente del Colegio Médico, Ángel Sarmiento, fue notificado de una orden de captura. La orden la confirmó el propio gobernador, Tareck El Aissami, luego que el médico pidiera en una rueda de prensa que se investigaran seis muertes ocurridas en el HCM por fiebres hemorrágicas. Fue acusado de terrorista y perseguido, por lo que tuvo que huir del país en medio de allanamientos a su residencia y la de su madre.

Para Milano, en Aragua hay suficientes razones de peso para que los médicos quieran irse. Semanalmente reciben 15 solicitudes de gestión de papeles para preparar sus títulos y emigrar. Natera agrega que las gobernaciones se han blindado con colectivos armados, grupos de motorizados violentos encargados de amedrentar a médicos que denuncien la falta de insumos.

 

COSAS ATRÁS

El médico venezolano en España no piensa mucho la respuesta. No es feliz del todo. Tiene que tragarse a diario cosas de la migración que no son precisamente mieles. Sí, tiene una residencia, un país con una economía estable y un buen sueldo (entre mil 100 y mil 200 euros mensuales). Pero su mamá está en Venezuela, sus hermanos y amigos también. “No puedo traérmelos porque no tengo el dinero para hacerlo”. Afuera la soledad es un virus contra el que la medicina venezolana lucha.

-Si mañana el Gobierno cambia. Si empieza la recuperación económica y se comienza a trabajar por la seguridad, ¿te devolverías?

-No lo creo. Ya no es un tema de querencia por el país. Yo amo a Venezuela. Ahora es un tema de estancia. Llega un momento en que te asientas aquí. Trabajas, tienes tu casa, tu carro. Tus hijos crecen.

-¿Y si viene un Gobierno mejor?

-No creo que me devuelva, sinceramente. Tendría que pasar un desastre en España, que me dañe la vida como me la dañó Venezuela, para que me devuelva.

 


(*)Nota del editor: El nombre real del médico protagonista de esta historia fue cambiado por una solicitud previa de resguardo de su identidad

 




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