Se creía, equivocadamente, que con la derrota de la “Revolución Libertadora” a comienzos del siglo XX, y con la pacificación política que consolidó la República Civil a partir de 1969, Venezuela sería, para siempre, un territorio de paz. No de paz absoluta, lo que no existe en ninguna parte del mundo, pero sí de convivencia pacífica. La tragedia del siglo XXI demostró que ello no era así: que la paz alcanzada no era, necesariamente, un derecho adquirido.

Y es que en Venezuela hay una guerra desde hace muchos años. Pero no es una guerra propiamente externa sino interna. Es la guerra declarada por el poder establecido al pueblo venezolano. ¿O acaso la instigación de la violencia delictiva como mecanismo de acoso y control social, no es una guerra? ¿O acaso la depauperación extrema de la nación –en medio de una bonanza petrolera– para imponer el viejo principio de “empobrece e impera”, no es una guerra?

¿O acaso la destrucción de la democracia y su sustitución progresiva por una hegemonía despótica, no es una guerra? ¿O acaso la estrecha alianza del poder con la criminalidad organizada, hasta el punto de que desaparecen las fronteras, no es una guerra? ¿O acaso la obliteración de los derechos humanos, como lo confirma la cruel muerte de Fernando Albán, no es una guerra?

La respuesta a todas esas interrogantes, lamentablemente, es sí. Por eso ya estamos en guerra. No por nada es que nuestra nación ha sido transmutada en una de las más violentas del planeta. Países de violencia legendaria, como Colombia y México, para sólo hablar del vecindario, han quedado atrás en indicadores de violencia delictiva, algunos en términos relativos o proporcionales a la población, y otros en términos absolutos, con respecto a la violencia venezolana. Y esto, amable lector, es una guerra, ni más ni menos.

Una guerra concebida e impuesta desde el poder. El lenguaje del poder rojo es un lenguaje de guerra, luego promueve la violencia. La arbitrariedad de las ejecutorias de ese poder, destruyen el estado de derecho, luego se fomenta la “ley del más fuerte”, de la mandonería, del avasallamiento, y todo eso es violencia, es decir, guerra.

Cierto que no es una guerra convencional, pero también lo es que sus resultados son catastróficos para el conjunto de la patria venezolana. ¿Qué hacen los pobladores de un país que se encuentra en una situación de guerra? Muchos emigran o buscan como hacerlo, así sea con lo que lleven puesto. Ese es el caso de Venezuela. Por eso pertinente hablar de la guerra venezolana.

flegana@gmail.com




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