Un mundo en pandemia, comprender que el control es absolutamente heterónomo e inmanejable y que por ende la incertidumbre reina y con ella el temor, han puesto al planeta contra las cuerdas. Acudimos a un evento que globalmente nos afecta de manera integral como género humano,  una situación inédita ya que nadie pudo imaginar que el simple hecho de socializar, nos colocase en riesgo: saludarnos, respirar, tocar, interactuar, todas las superficies son campo de contagio y con ello, la posibilidad del contagio y los protocolos de atención que involucran la sedación total, y de lograr salir de una unidad de cuidados intensivos, tener que ser atendido por un fisiatra, para lograr volver a reactivar los procesos motrices.

Reducarnos para poder tragar, para poder movernos, en suma un horror, además de este riesgo tenemos los riesgos colaterales derivados de la eclosión de una crisis que supera y en mucho a la de 2008, hasta el punto de aproximarnos a la gran depresión de los años treinta. Para muchos era un tremendismo comparar este suceso de la Pandemia con la gran depresión de los años treinta quizás porque los estragos de aquella causaron pánico en la humanidad y aún se le guarda gran temor.

La psicología llama a la capacidad que tiene el ser humano para vincular sucesos traumáticos con eventos a loa cuales se les tiene mucho temor, la heurística de la afectividad. La heurística es la capacidad de profundizar el conocimiento sobre algo, y cuando se le aplica el calificativo de afectividad, se le imprime  a la misma la capacidad de tomar decisiones desde las emociones relacionadas con eventos que provocan temor. La economía desde hace tiempo se apoya en la psicología y de allí que el estudio de los grandes riesgos hacia la recesión global sea una tarea que la economía debe enfocar desde el aporte de las ciencias de la conducta, las personas tienen una inclinación natural a exagerar el riesgo.

Los economistas Robert Shiller, William Goetzmann y Dasol Kim, demostraron que luego de eventos negativos como catástrofes naturales, los agentes económicos presentan una propensión natural hacia el miedo de un colapso financiero. El evento de la pandemia es un perfecto ejemplo de heurística de la afectividad. La decisión de quedarse en casa o salir a la calle como un elemental cálculo en la conducta del consumidor, pasa por el temor de contraer el virus que además de letal, asume proporciones titánicas cuando se desarrolla en países con problemas macroeconómicos preexistentes y precariedad, justo entre estos países se encuentra Venezuela junto a otro cuatro países más a saber: República Democrática del Congo, Yemen, Sudán del Sur y Afganistán. Entonces el miedo y la incertidumbre que afectan a todo el orbe, se hacen demencialmente más insoportables, en estos países, de los cuales el único que no está o estuvo afectado por conflictos bélicos es Venezuela, se convive con el hambre, la violencia, la destrucción del sistema de servicios públicos, la inviabilidad económica y el miedo.

Los aportes de Shiller van mucho más allá de la economía, el daño causado por la pandemia es de proporciones globales, el rol de las historias contadas influye en los eventos económicos, Así pues todos los países de América Latina a excepción de Guatemala y Paraguay, quienes tendrán caídas menores, sufrirán el impacto de la pandemia en sus economías, la economía de la región se contraerá 9,7% y el desempleo se ubicaría en 13,8%, son cifras preocupantes, en este contexto, Estados Unidos caerá 6% y casi 10% de contracción se verificará en la Unión Europea. El virus del COVID-19, afectó a las economías más poderosas del planeta y demostró que la falta de planificación, irresponsabilidad y negligencia, no son un patrimonio de los países en vías de desarrollo, el manejo absolutamente atolondrado de Donald Trump y su capacidad natural por crear narrativas falsas, su arrogancia particular y confianza en su instinto, además de tener centrada su atención en un posible juicio político, llevaron a la primera potencia del planeta a convertirse en el epicentro de los contagios, Estadios Unidos pago con casi 150,000 decesos su decisión política de elegir a un showman.

Donald Trump estaba preparando un show cuando la Pandemia apareció y sus actos estuvieron asociados con esa capacidad congénita de inventar narrativas falsas, ideas de complot y cuanta aviesa razón sustentase, el hecho de no estar preparado.

La gran lección es que el populismo es igualmente lesivo en cualquier parte del mundo, pues relaja el pensamiento, lo hace torpe, esta pandemia ahora nos golpea a los latinoamericanos con falencias claras. Países como Perú, sanamente manejado desde sus cuentas fiscales, verificarán una atroz caída de 13% en su PIB, esta pandemia requiere la atención por parte del Estado, sin que esta atención se constituya en hipertrofia gubernamental y mecanismo de control. La frenética Venezuela de Maduro, duplica con creces la caída experimentada por Perú, esta pandemia y la persistencia de malas praxis, nos defenestran a 1957 en términos de manufactura y a los años cuarenta en relación a capacidad de compra y producción petrolera.

A nivel global, deben establecerse rutinas sistémicas de pruebas y seguimiento de contagios. Eso debió de ser aplicado con más fuerza, si esto se hubiera hecho a tiempo no habría sido necesario cerrar por tanto tiempo a la economía. La mejor política es poner en cuarentena a las personas contagiadas, georreferenciar los sitios en donde ocurrieron estos contagios y hacer transparente el manejo de la información.

La gran lección de esta pandemia, la podemos dividir en dos vertientes:

  • La primera las pandemias son reales y deberíamos de empezar a prepararnos para la próxima pandemia. Cuando el mundo vuelva a interconectarse por los viajes, la posibilidad de contagiarse es cada vez más real. Es cierto la última pandemia ocurrió hace cien años, pero el tratamiento irresponsable que se le dio a esta, de la mano del populismo y de las personalidades borderline de algunos jefes de Estado, sirvieron de vector expansivo.
  • Necesitamos buenos gobiernos, gobiernos que se preparen  y que respondan a tiempo.

El rol de cualquier mandatario es afrontar el problema. Quizás como humanidad hayamos aprendido la lección. Necesitamos a alguien que sea un verdadero administrador, un líder al mando.

Esas recetas colectivas, nos producen angustia local, estamos los venezolanos en las peores manos, sin la más mínima infraestructura y ya nuestra situación era insostenible antes de este suceso, nuestro país no se encuentra preparado, para atender una eventualidad de carácter mundial, estamos aislados, empobrecidos, desisntitucionalizados.  La narrativa de la virtualidad, en reemplazo del contacto presencial no es alcanzable. Colectivamente nos frustramos cuando advertimos que en el resto del mundo se pueden hacer vínculos de socialización que implican hasta la prosecución escolar en todos los niveles, mientras en nuestro entorno, que un grifo mane agua o un bombillo encienda, son un reto para nuestra existencia, que  implica resiliencia y supone anti fragilidad  y adaptabilidad para la crisis, lo cual no supone aceptación.

En nuestra heurística para la afectividad, además de dominar el miedo natural, debemos establecer protocolos de auto preservación, asumir que nuestras decisiones afectan al entorno y nos ponen en riesgo de existencia a todos, justo en ese momento de especial entendimiento lograremos progresividad y capacidad de vadear esta crisis de la existencia.

Sí  los venezolanos logramos en este camino, que implica solidaridad, aprender a escoger buenos gobiernos y empujar los caminos hacia la libertad, entonces podremos estar seguros de que seremos una sociedad de verdaderos ciudadanos resilientes, por una parte habremos logrado haber superado un reto a nivel global y encontrar la vía interna de superar este dificilísimo entuerto que implica el chavismo y su carga de atavismos, anacrónicos e incompatibles con la existencia.

Más allá de la pandemia debemos lidiar con la carga de ser un país con 98% de pobreza y 80% de pobreza extrema, además estamos al vilo de una hambruna bíblica, en manos de una hegemonía perversa e inmisericorde que creó condiciones perfectas para desarrollar una emergencia humanitaria compleja, ex ante la Pandemia. De allí que nuestras decisiones siempre han estado atadas a un evento traumático, ahora el miedo es el contagio, pero siempre hemos tenido que sopesar las decisiones con sucesos traumáticos como el hambre, los disturbios políticos, la violencia estatal y la crisis política. Somos expertos los venezolanos en esos temas de la heurística de la afectividad, conocemos el miedo, este reto lo salvaremos con éxito, y reitero, la gran lección es elegir gobiernos eficientes, planificados y capaces de entender la trascendencia de los retos y respondan a tiempo.

 

Otra lección importante es la comprensión global del daño que en materia política causan las personalidades borderline, los hombres de Estado no pueden permitirse conductas de showman, la concesión en el ejercicio del poder va más allá y es más exigente que los histrionismos, para el espectáculo. En ese momento de epifanía global el mundo será mejor, más seguro, más humano, más vivible y más libre.

Nos corresponde guardar en estos momentos la esperanza en la cura de la Pandemia, en el fin del populismo y del clientelismo.Más racionalidad más verdad y menos espectáculo, más sentido común y menos improvisación, y entender de una sola vez, que la política como ciencia arquitectónica no puede permitirse ni los dobleces de Trump, ni las imposturas inaceptables de Maduro, dos realidades con la misma fealdad.

 

“Valdrá más lo que es de todos
Que lo jamás conseguido
Seremos más generosos
Y mucho más comprometidos”.

Alexis Valdez.

 




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