La historia de Gran Bretaña presagió el Brexit
/ Foto: Cortesía

En septiembre de 1946, al contemplar las ruinas de un continente destrozado por la guerra, Winston Churchill vio una única forma de reconstruir y preservar la paz.

«Debemos construir una especie de Estados Unidos de Europa», dijo el líder británico, uno de los grandes vencedores de la II Guerra Mundial, ante una audiencia en la Universidad de Zúrich.

El 31 de diciembre de 2020, bajo el mandato del primer ministro Boris Johnson -quien llegó a escribir una biografía sobre Churchill-, el Reino Unido finalmente abandonó el mercado único de la Unión Europea.

Otros 27 países permanecen en la UE y varios más buscan sumarse, pero el Reino Unido siempre ha constituido la pieza incómoda.

La división

Hasta hace aproximadamente unos 8 mil 500 años, el promontorio rocoso que se convertiría en el Reino Unido estaba unido a la costa de la Europa continental por una región ahora conocida como Doggerland.

A medida que los glaciares de la Edad de Hielo se retiraron, las colinas y los pantanos se inundaron y Doggerland se convirtió en el lecho de lo que ahora es el Mar del Norte. El promontorio rocoso eran entonces islas, y estaban solas.

Los humanos del Mesolítico que una vez habían cazado y recolectado allí en Doggerland fueron gradualmente empujados hacia uno u otro lado, por el avance de las aguas.

La historia británica y europea permanecería estrechamente entrelazada, pero ahora también dividida físicamente.

Isla de inmigrantes

Las tribus celtas del continente desplazaron o se mezclaron con británicos prehistóricos y algunos de esos pueblos, como los belgas y los dumnones, vivieron a ambos lados del reciente canal.

La invasión por parte del Imperio Romano unió el archipiélago al mundo clásico hasta el siglo V, pero cuando las legiones se retiraron llegaron anglos, sajones, jutos y escoceses.

Varias generaciones de vikingos nórdicos y daneses atacaron y se establecieron en las islas, hasta que la invasión normanda de 1066 colocó a la mayor parte del territorio bajo una monarquía de habla francesa.

Con los gobernantes continentales la influencia de la Iglesia católica se consolidó y, durante un tiempo, los reyes de Inglaterra ocuparon vastas extensiones de tierra en lo que se convertiría en la Francia moderna.

Mirada hacia el mar

Bajo Enrique VIII Inglaterra abandonó la iglesia romana, poniendo a la isla en curso de colisión con las monarquías católicas de Europa.

En 1558, las fuerzas de María Tudor, reina de Inglaterra e Irlanda, perdieron el control del puerto de Calais ante las fuerzas francesas, y la historia británica comenzó a diferir de la del continente.

Isabel I derrotó a una flota de invasión española en 1588, y su reino volvió sus ojos hacia el mar, convirtiéndose en una potencia marítima en lugar de continental.

Los lazos con el continente no se cortaron por completo, sin embargo. La realeza británica se casó con las grandes casas de Europa, el comercio floreció a menudo, y las guerras estallaron.

Ya en el siglo XIX, después de que el Imperio Británico se aliase con potencias continentales más pequeñas para derrotar a la Francia napoleónica, Londres tenía un dominio global.

Mundo en guerra

En la primera mitad del siglo XX, el Reino Unido volvería a verse envuelto en conflictos en la Europa continental, en las dos guerras mundiales.

Inglaterra había sido bombardeada pero había escapado de la invasión alemana, y por lo tanto evitó tanto la tiranía nazi como una toma de poder comunista de la posguerra, reforzando su sensación de espléndido aislamiento.

«Hubo un breve período después de la Segunda Guerra Mundial en el que los británicos realmente creímos que estábamos en la cima de nuestro poder», dice Anand Menon, profesor de Política Europea y Asuntos Exteriores en el King’s College de Londres.

Junto a los dominios y colonias británicas había otro aliado alternativo, como el rival francés de Churchill en tiempos de guerra, el general Charles de Gaulle, sabía muy bien: Estados Unidos.

«El no»

Francia también era un imperio en contracción en busca de un papel, y pensó que lo había encontrado en la emergente Comunidad Europea.

En 1963 y 1967, De Gaulle vetó las solicitudes británicas para unirse al bloque, temiendo una pérdida de influencia de París ante Londres, con sus estrechos vínculos con Washington.

Los británicos tendrían que esperar hasta 1973 y la presidencia francesa de George Pompidou para unirse a lo que se conocería más tarde como la Unión Europea.

«Una de las cosas que los franceses se aseguraron en la Unión Europea antes de que entrásemos fue sellar el presupuesto de manera que no funcionase para nosotros», explica Menon.

La sensación de distanciamiento de Londres no terminó ahí. Aunque como política conservadora en ascenso Margaret Thatcher había sido una europea convencida, rápidamente entró en colisión con Bruselas.

Mientras los países europeos centrales impulsaban una unión política y legal más profunda, Londres impulsaba un mercado común más amplio y flexible.

Así, Londres defendió el ingreso de antiguos miembros del bloque soviético deseosos de probar los frutos del capitalismo, y se resistió a la integración regulatoria.

Incluso la apertura, en 1994, del canal de La Mancha no cerró la brecha. Thatcher fue sucedida por el relativamente eurófilo John Major, y éste a su vez por el laborista Tony Blair, quien se comprometió a gobernar desde el «corazón de Europa».

Pero Londres mantuvo y amplió las opciones de exclusión que Thatcher había negociado para las reglas centrales de la UE.

Dentro del bloque, por la vía de la excepción

De esa forma, Londres recibió un descuento en sus cuotas, nunca se unió a la zona de libre circulación de personas Schengen ni tampoco al proyecto más ambicioso de la unión: el euro.

Ya en 2016, enfrentado a una ola de populismo euroescéptico en la derecha del partido conservador, el primer ministro David Cameron intentó curar la división de Doggerland de una vez por todas con un referéndum sobre la pertenencia a la UE.

Y, una vez más, el Reino Unido se alejó del continente.

© Agence France-Presse




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