Además de tratarse de una economía del exceso y los desechos, el consumismo es también, y justamente por esa razón, una economía del engaño.

Zigmunt Bauman

No hay modernización y, por tanto, tampoco forma de vida moderna sin una masiva y constante producción de basura, entre ella los individuos basura definidos como excedentes.”

Zigmunt Bauman

El desvanecimiento de las instituciones sólidas que marcaron nuestra realidad, el darle paso a una realidad marcada por la estética de la precariedad, el mundo cambiante e inestable, la celeridad de los acontecimientos y el individualismo personal definen a estos tiempos brutales, feroces e inmediatos, las observaciones del sociólogo polaco Zigmunt Bauman, tan repetidas en las aulas de clases, tan escritas y sobrescritas, tan aprendidas al caletre, sin el menor amago de proxémica con sus enseñanzas, explica en buena parte la imposibilidad que muestra toda nuestra sociedad por darle una explicación viable, creíble o al menos usable al abordaje de los temas multifactoriales que definen el tránsito del país hacia el siglo XXI, tránsito este marcado por atavismos, retrasos, estética de la precariedad y abandono de posturas y mudanzas de ideologías por intereses crematísticos, lamentablemente en esta definición de imposibilidad no encuadran únicamente los pseudo hablantes, los individuos abandonados por el sistema formal de la educación, también se incluyen quienes no pueden ser definidos como lumpanato, se integran hombres preparados, formados, instruidos, hablantes válidos; con lo  cual la idea de la facilidad de abordaje de los paradigmas en las mentes poco formadas cobra importancia y le imprime un cariz muy angustiante a este nuestrodrama personal.

Venezuela, cual sentencia del cuervo de Allan Poe, jamás ingresó al siglo XXI, por el contrario, se quedó atada en el siglo XIX, rescató de la montonera de esos cien años de la oscura noche, su gusto por el mandato grosero, por el caudillismo, por la frase de Carujo, así nos abrazamos de la fuerza por la fuerza, asumimos el atropello y quedamos para romanticismos y efluvios de la academia o de la simulación que se hace de esta, la respuesta de Vargas. En este país jamás la razón ha estado al lado del hombre justo, por el contrario la bondad, la altura moral, la nobleza son confundidas con debilidad, con estupidez y a diario son fusiladas en el muro de traiciones, dobleces morales y falencia estéticas y éticas de sujetos que hasta detentan posiciones encumbradas en nuestros quebrantados mundos académicos, en donde también medra la infamia, la injusticia, la maldad y la convivencia con el horror a cambio de cualquier prebenda pecuniaria que suponga contribuir a la mentira y al sostenimiento de la licuefacción.

Aunque se indique a diestra y siniestra que se conoce a Bauman, de nada vale si no se le entiende o se decide anestesiar lo aprendido, para permitirse apoyar a esta inmoralidad que hace imposible cualquier lógica económica, la racionalidad esta en déficit, parafraseando al buen maestro Emeterio Gómez, la razón está en quiebra y ese quebrantamiento de la realidad, esa crisis de la razón, hacen que la economía como ciencia fáctica pierda sustento, adolezca de capacidad para explicar cómo y por qué se han levantado todos sus supuestos y lemas hasta producir esta crisis de precios en el ámbito monetario y de carácter real medido en la caída estrepitosa del producto interior bruto, que lacera nuestra capacidad de comprensión mínima y hace imposible calificar el fenómeno.Una contracción del 80% del tamaña de la economía sin una guerra o un evento natural indeseable, es solo el resultado de la maldad sin fin, el deseo de destruir y la necesidad por imponer una estética de la desesperanza y la precariedad, ser cada vez más líquidos, más ajenos a la solidez institucional y por ende propender a instaurar formas de totalitarismo gansteril, mimetizadas con una institucionalidad infecta, indeseable, abyecta.

Desde el dos de agosto se han producido una serie de comunicados desde el Banco Central de Venezuela, reducido institucionalmente para que sirva como una torre de concreto en la Avenida Urdaneta da Caracas y demuestre su incapacidad para emprender una política monetaria mediamente plausible, tendiente a resolver los problemas de inestabilidad monetaria y fiscal de un país que atraviesa ocho años de caída libre del PIB y 45 meses de hiperinflación. Desde este Banco Central o torre de concreto, se anunciaba no una reconversión, sino una inclusión de una nueva especie monetaria, la cual debe ser dividida entre un millón para obtener el bolívar digital, de esta manera morigeran la tercera reconversión. El gusto por recalificar, renombrar, emplear una neolengua para definir los errores de la revolución, es un mecanismo común por todas las tiranías, las reales y fácticas y las líquidas o incorpóreas, estas segundas más causticas pues se disfrazan bajo el hábito de la legalidad y ocultan sus aviesos planes desde el velo sutil de la ignorancia insuflada por sus jerarcas.

Igualmente, desde ese mismo Banco Central se dan directrices de un algoritmo de redondeo, calificativo que confunde como otra máxima de la neolengua, para explicar que el proceso de ajuste al dividir la moneda entre un millón de veces su valor, se realiza desde la milésima hacia la centésima, sí el tercer decimal es mayor a cinco hacia el inmediato superior de la centésima y sí es menor al mismo valor arrojado por el cociente. Tal despliegue de explicaciones son cacofonías para una sociedad vapuleada, que solo sobrevive a una crisis innominada que mina sus capacidades de entendimiento elemental, en este país quienes aún permanecemos hemos visto desaparecer nuestros ahorros, trepar a la hiperinflación como una suerte de arácnido, por nuestros vientres y robarnos el pan y el sustento, la heteronomía, la idea de un enemigo y de una causa externa es una realidad incontrovertible en el discurso del chavismo desde siempre, pero sobre todo recurrente desde su inflexión hacia la autocracia en 2006.

En 2008 se registra la primera reconversión basada en los mismos ideales cacofónicos, vacuos, falentes; la estabilidad de la moneda, sin propiciar un marco claro para que la política monetaria actué y propenda a ese desiderátum que embrida estabilidad y orden, la violación sistemática de la constitución al hacerla cada vez más líquida, le ha permitido al Estado chavista desviar los ingentes recursos de la bonanza petrolera hacia la cleptocracia, imponer desde la pluma de Rodrigo Cabezas una ley de reservas internacionales máximas, que sirvió para despojarnos de ese indicador necesario para preservar la postura externa del país y desde luego echar las bases para la antigualla de la hiperinflación. Por cierto, un fenómeno que se venía advirtiendo desde el año 2012, a pesar de las muy modestas cifras de inflación registradas por el órgano emisor.

La inflación registrada en 2015 ya rendía sus frutos para trocarse en hiperinflación al alcanzar un 180,9%, para 2017 los índices de aumento intermensual de noviembre daban señales claras de una eclosión hiperinflacionaria, así comenzaríamos a transitar estos 45 meses de horror, con los síntomas propios de estos fenómenos cuya vivencia supera a la experiencia, pues la segunda es un acercamiento externo a un fenómeno que se estudia desde la distancia, desde la heteronomía, y la vivencia hace tangible lo que indica la experiencia, la desmonetización de la economía como primer síntoma, la compra de efectivo, la inutilidad de los cajeros electrónicos, la miniaturización de la industria bancaria y un fenómeno terrible de desplazamiento del bolívar por el dólar que nos imprime un carácter absolutamente desigual y de iniquidad absoluta a toda la sociedad.

En 2018, al cumplirse nueve meses del fenómeno de la hiperinflación, se reconvierte la moneda nuevamente, se le suprimen cinco ceros y se incorpora el bolívar fuerte, un signo monetario que no soportaría treinta y seis meses de hiperinflación y el estallido de la pandemia, pues a mayor incertidumbre el dólar terminó por defenestrar al bolívar como moneda, es necesario recordar que para este primer trimestre se anunció que el sistema financiero estaría absolutamente digitalizado, tarea por demás demagógica e imposible, primero por la incapacidad de una población en esencia pobre y sin acceso a sistemas tecnológicos, y en segundo lugar,por la millonaria inversión que requiere emprender una industria bancaria afectada por un alto coeficiente de encaje legal, que se ha trocado en sequia de créditos y por ende, en imposibilidad para lograr digitalizar las transacciones.

Esta incorporación de la nueva monedatérmino con lo que el régimen intenta ocultar, la muerte del bolívar, que viene acompañada de incoherencias las cuales puntualizaré a continuación:

  • Una unidad digital, que es distinta a la unidad virtual, con la cual se viene financiando al déficit fiscal por un monto de 2, 1 trillones de bolívares es decir: 2.166.898.704.103.460, monto con quince posiciones numéricas y a cuya imposibilidad de pronunciar es necesario apelar al valor de la notación científica 2,1* 1015  , es necesario aclarar que la línea de crédito abierta desde el BCV hacia PDVSA supera los 19 mil millones de dólares, tres veces las reservas internacionales del país y más de seis mil ochocientos puntos porcentuales por arriba de la base monetaria.
  • La nueva expresión monetaria es digital, pero presenta una familia de billetes físicos que partían de la moneda de un bolívar, hasta el billete de cien bolívares, cien millones de los soberanos y cien billones de los billetes anteriores a la primera reconversión, luego de entender que no existían monedas fraccionarias Nicolás Maduro, ordena al BCV acuñar monedas de 0,25, 0,50 y 0,05 bolívares, esta orden vulnera lo contenido en artículo 318 de la constitución de la República Bolivariana de Venezuela: “ El Banco Centra l de Venezuela es persona jurídica de derecho público con autonomía para la formulación y ejercicio de las políticas de su competencia”
  • En un comunicado en el cual se explican los procesos de redondeo se autoriza a los órganos encargados de la recaudación tributaria ajustar la unidad tributaria, la cual luego de ser ajustada en 1233.34%, queda expresada en 0,02 bolívares digitalesal reconvertirse.
  • Los billetes del cono soberano dos veces reconvertidos y sin éxito, jamás se permearon a la economía, su pírrica distribución así lo demuestra, los billetes de cinco bolívares no superan el 0,45% del total en circulación, los de 20 no alcanzan el 0,10%, los de 50 se encuentran en 9*10-3 %, los de 200 se ubican en 1,8*10-2 %, los de 50.000 son los que están en mayor presencia 99,8% y los nuevos de 200.000, 500.000 y un millón nunca se distribuyeron en montos que permitieran al emisor reportarlos en sus estadísticas.
  • La vigencia de estos nuevos billetes de seguir el ritmo actual de la hiperinflación, no superarían el año o el año y medio, pues automáticamente el bucle de hiperinflación le conferiría los ceros eliminados. Es una medida cosmética, absolutamente nominal, que no puede definirse como contable, pues se estarían obviando los efectos distorsionantes sobre la contabilidad de los patrimonios, capitales y valoración de inventarios.

La liquidez de la verdad y la crisis de la razón, le imprimen un contenido de antifragilidad al régimen, ese concepto de Nassim Taleb describe el proceso de adaptación al caos o mejor dicho de sacar provecho en el caos, estabilizarse en el poder desde el caos y establecer el criterio de la falsa normalidad. Por otra parte estos tiempos líquidos, pero a la vez feroces, le imprimen un rictus de quiebra a la razón, de muerte a la alteridad, en torno a estos terribles tiempos relativos se erigen calumnias, infundios, mentiras y desde luego, para una ciencia fáctica como la economía, es imposible encontrar la capacidad de dar respuestas a las violaciones hechas a sus principios, con el avieso plan de mantenerse en el poder.

No existe explicación desde el economicismo puro para justificar ocho años de caída de la producción, la destrucción total de la industria petrolera y su posterior entrega a intereses de la satrapía internacional, de ser el país más rico de Latinoamérica pasamos a ser un escombro de república, más pobre que Haití, con un territorio fragmentado, sin moneda y sin salario, con una diáspora que supera a la de Siria, con unas cifras que dejan en paroxismo a los multilaterales.

Somos lo que queda de un país con la economía y la razón en quiebra, pero muy ricos en pseudo hombres dispuestos a dejarse seducir por intereses crematísticos y pecuniarios, sin escalas morales, solo seguidores de quienes perpetraron este holodomor del Caribe, los causantes de la separación de familias, de la destrucción de las formas decentes de vida, quienes a diario nos empujan a la diáspora y peor aún los perpetradores de la crisis de la imposibilidad de la vida cotidiana, ya no hay populacho a quien ilustrar y ennoblecer, solo queda un sequito de seres dispuestos a ser comprados, seducidos por la lógica del mal total.En estas líneas reitero que nuestra crisis desde hace rato dejó de tener aristas abordables desde la caja de herramientas del economicismo, nuestra crisis es multifactorial, humana, antropológica, del Logos y del alma; reitero pues, vivimos convulsos en medio de la quiebra de la verdad y sumidos en la pobreza de las pobrezas.

 “La cultura de la modernidad líquida ya no tiene un populacho que ilustrar y ennoblecer, sino clientes que seducir.”

Zigmunt Bauman

“La cultura líquida moderna ya no siente que es una cultura de aprendizaje y acumulación, como las culturas registradas en los informes de historiadores y etnógrafos. A cambio, se nos aparece como una cultura del desapego, de la discontinuidad y del olvido”

Zigmunt Bauman




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