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De acuerdo con la máxima del epígrafe, este régimen que ha destrozado a nuestro país, ha resultado un claro ejemplo de falta de libertad y un nefasto modelo de coacción inmoral pocas veces vista.

La coacción es esa violencia psíquica o moral que ejerce este gobierno perverso sobre la ciudadanía

La coacción es esa violencia psíquica o moral que ejerce este gobierno perverso sobre la ciudadanía con la finalidad de obligarla a que haga algo contrario a su voluntad. La naturaleza coercitiva del régimen se manifiesta una vez más, con la bajeza que caracteriza a las tiranías al buscar someter a la obediencia a la ciudadanía mediante la tácita amenaza. Un régimen que propicia la necesidad de la acción y las virtudes de la violencia y luego, en nombre de esa afirmación, se hace la apología de la crueldad, de la violencia sin propósito.

Y es que esta Nomenklatura, como la de cualquier como gobierno totalitario, tiene la inclinación a someter, mediante la fuerza, la amenaza o el chantaje, a cuantos le adversan, así se trate de más del 80% de la población.

En un solo día de esta semana pudimos observar dos muestras que evidenciaran  la historia de histeria de un gobierno perverso, corrupto y forajido. La invocación a la muerte que presagia de antemano que ese parapeto de constituyente no pasará, en la incontinencia verbal presidencial: “Lo que no se pudo con los votos lo haríamos con las armas”, intenta  infundir, con muy poco éxito, el temor como elemento coercitivo, a sabiendas que no les quedan muchas opciones para evitar la caída del régimen.

En tanto que en el Parlamento, la patanería del Coronel (GNB) Lugo hacia el Presidente de la A.N, Julio Borges, mostraba, además de una actitud indigna de un oficial a quien se le confirió la  seguridad de ese emblemático recinto y de cuantos allí nos representan democrática y constitucionalmente,  otra clara señal,  que en nuestro país no existe el  Estado de Derecho. En el país de la total anomia, la norma que se impone es la del atropello, el grosero capricho del aprendiz de dictador y sus secuaces. De manera pendenciera y forajida, el régimen desconoce la Constitución, y de allí a su empeño en el llamado a una fraudulenta constituyente. Presumen que lo que falta es un trámite, que ya la mal llamada “bicha” dejó de existir, como dejó de existir el Estado de Derecho. Y en su desmesurado y ruin empeño de acabar con lo poco que quede de institucionalidad, como  acaban también con la paciencia de buena parte de  una Nación que muere, lenta y casi estoicamente, de mengua.  Es un gobierno desalmado e  inmisericorde que nada parece sentir ante la crisis humanitaria por la terrible escasez de medicamentos… Les ha importado poco acabar con la vida de  más de 80 muchachos que anhelaban lograr esa desconocida libertad. Como poco les importa el derrumbe, el colapso o la ruina de un país que  estaba llamado a ser un insigne puntal de desarrollo en este siglo que ahora se nos escapa.

Pretenden engañar a una ciudadanía que hace rato se despertó de tan absurdo letargo, y con soberana indignación  entiende que esa “Paz” que ofrece la fraudulenta constituyente será tan solo la paz en los sepulcros.

 




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