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No queda ninguna institución o estamento del Estado que no haya sido corroída por la corrupción, por la inexperiencia, por la desidia y la incapacidad de estos seres amorales. Para perjuicio de nuestro carajeado  país, quienes fungen de jueces, adeptos al oficialismo, hacen gala de una indignidad infinita. Dichos indignos han saltado de inmediato con burdas trapisondas y absurdos ardides a sabiendas de la inmoralidad  implícita en sus criminales  dictámenes. Quedará en su expediente el haber sido los más adulantes y rastreros funcionarios que haya parido esta tierra. Pero…acaso con eso de  “ya es un caliche” ¿se puede ocultar todo el daño irreparable que se le ha hecho a TODA la sociedad? …

Este comportamiento amoral ha creado un panorama desolador en nuestro país, ya que esta revolución cambio   las normas y las leyes, enfermándolo de anomia. Y paralelamente, recordemos que la MUD, contando con esa notable mayoría parlamentaria, tuvo más de un  año  para generar y direccionar acciones que condujesen a ciertos cambios que propiciasen una salida pacífica e institucional a la crisis. Sin embargo, pocos fueron los logros en la canalización  de la indignación y la  presión ciudadana. Prevalecieron los intereses personales, y entre intrigas y estériles discusiones, llegaron a un celestial dialogo que silenció la protesta y desmontó las manifestaciones.

Hoy el panorama es  otro.  Hoy la hambruna y la crisis de la salud hacen estragos, pues ni el hambre ni la muerte  esperan. Ya la ciudadanía ha comprendido que lo que le queda para defender a su familia, es la rebelión.

Ahora se puede hablar, con toda propiedad, de un Estado forajido, pues este régimen desgraciado prefirió darle una patada a la lámpara al  usurpar los de poderes a la Asamblea Nacional por parte del Tribunal Supremo de Justicia, y el combustible que de esa lámpara se derrama, es el que ha encendido  la viva llama de la libertaria rebelión; ya que frente a las dictaduras el correcto y comprometido ciudadano tiene el supremo derecho de la rebelión.

La rebelión es un acto de conciencia que comienza por uno mismo, mediante una convicción muy personal y con un verdadero  compromiso ante la opresión. Para que sea popular, masiva, se necesita que muchos yo, muchos tú, muchos ella y él, muchos nosotros, nos sumemos y nos rebelemos. Los rebeldes no violentos no utilizan armas de guerras, creen en la vida, en la libertad, usan la imaginación y la conciencia para derrocar dictaduras. La rebelión es una de las dimensiones esenciales de los hombres en pos de su libertad, y hoy es  nuestra ineludible realidad histórica.

El hombre rebelde es el que asume verdaderamente su condición personal y combate para despertar, o ayudar a despertar, a los otros hombres. Hay que reconocer que esta es la condición de cualquier rebeldía. Lo importante será saber en nombre de qué se rebela uno.

¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no, anotaba Albert Camus en su obra “El Hombre Rebelde”; la rebelión desempeña el mismo papel que el “cogito” en el orden del pensamiento.

Esa es la diferencia con la revolución cuyos actos son siempre pre-meditados. Eso significa también: mientras una revolución convierte a un sujeto en un objeto, la rebelión convierte al objeto en un sujeto. Razón por la cual, mientras en algunas rebeliones hay muertos, las revoluciones convierten a la muerte en un sistema. En la rebelión la muerte del otro es consecuencia de un acto no pensado. En la revolución en cambio, se trata de homicidios sistemáticos; de asesinatos deliberados

La rebelión ahora surge de ese ciudadano mal llamado “soberano” que se cansó de ser súbdito, y pudo despertarse de tan absurdo letargo, y con soberana arrechera entiende que resulta más saludable un gobierno que dé trabajo a los pobres, que uno que les mantenga con dádivas, promesas… ¡y pasando trabajo!, pues no es cierto que somos un pueblo “bachaquero”.

La rebelión la encarna de esa  mayoritaria ciudadanía sana pero confundida, tal vez ignorante pero no estúpida, ingenua pero no idiota, que se ha  desengañado de tanta demagogia barata, y se desilusionó de las vanas promesas de este régimen arbitrario y sinvergüenza.

La rebelión  que hoy dice NO es la que observamos en cientos de miles de jóvenes a quienes les ha tocado su momento histórico, y que han tomado conciencia de que la responsabilidad de la solución de los problemas del país está en sus manos, y ya no la pueden eludir, ni obviándola, ni buscando quien la asuma por ellos.

Esa rebelión que llegó se aparece  para decir NO a la hambruna ocasionada no por una guerra económica sino por una economía de guerra originada por la corrupción, la negligencia, la incapacidad y la ruindad de un sistema perverso que ya está agonizando, pero aún aspira a que se dé la retirada de la tierra arrasada.

La rebelión que llegó es la de cientos de miles de ciudadanos indignados por tantas burlas, insultos y la prepotencia de un régimen que destrozó los cimientos de nuestra Nación sembrando el resentimiento y la ira entre hermanos…ciudadanos  que ahora se rebelan   para restituir la luz que iluminará y dará el resplandor que se merece un pueblo que ya no soporta tanta mentira, tanta injusticia y tanta penumbra.

 




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