Hospital Miguel Pérez carreño. Foto cortesía

Joan Camargo/todosahora

El sistema de salud venezolano está en terapia intensiva. Dejando a un lado la grave situación generada por la pandemia de la COVID-19, la depresión social y económica que sufre el país ha ocasionado que la atención médica ya no sea ni tan eficaz, ni tan gratuita.

La falta de insumos, la migración del personal sanitario, los bajos salarios y las interrupciones en los servicios públicos son algunas de las causas que motivan el deterioro del sector salud, según un informe presentado por la Cruz Roja Internacional en diciembre del 2020.

Las cifras son alarmantes y nada alentadoras. Solo en el 2018 emigraron unos 22 mil médicos. Este monto representa un tercio de los 66 mil138 galenos que había en el país en 2014, según el gremio que los agrupa en una de sus últimas mediciones.

Un médico que labora en el Hospital Miguel Pérez Carreño de Caracas, y que pidió resguardar su identidad por temor a represalias, contó a Todos Ahora que actualmente solo están trabajando con 10% de los insumos requeridos.

Lamentablemente estos números se traducen en muerte, tristeza y desesperación para quienes acuden a hospitales ante la incapacidad económica para costear una clínica privada.

La falta de insumos en los hospitales ha obligado a la mayoría a comprar todo lo que necesitan para ser atendidos. Desde analgésicos hasta batas quirúrgicas entran en la lista.

Esta realidad la enfrentó en carne propia Andrea Vergara, una joven periodista que sufrió una fractura durante un accidente de tránsito.

El caso

La mañana del domingo 13 de diciembre del 2020 Andrea transitaba junto a su hermano en una moto por el distribuidor La Gaviota de la autopista Valle-Coche, cuando fueron embestidos por un vehículo conducido por un hombre en estado de ebriedad.

Ambos quedaron severamente lastimados por el impacto. Andrea tenía el fémur roto y su hermano la cadera fracturada. Fueron trasladados al hospital Pérez Carreño, donde comenzó un verdadero infierno para ellos y su familia. “Desde que llegamos la atención fue pésima. No hubo atención inmediata, no me inmovilizaron la pierna, ni me dieron un calmante. Me estaba muriendo de dolor y nadie me veía”, recuerda Andrea.

Después de una larga espera le hicieron una placa de Rayos X para determinar el daño en su pierna izquierda. No había material para imprimir y tuvieron que sacarle una foto que mostrarían al traumatólogo que la atendiera.

Tenían que ponerle un clavo con unos contrapesos porque el hueso estaba roto y deslizado. “Me introdujeron eso sin anestesia, ni calmantes”.

En el hospital le dijeron que tenía que aguardar aproximadamente un mes para ver si la podían operar. A su lado había pacientes que tenían hasta ocho meses esperando por una operación. Eso ponía en riesgo la situación de su pierna y debía actuar.

A su hermano lo mandaron a la casa, pues no había más camas para ingresarlo. Tampoco había una ambulancia para trasladarlo, los familiares tuvieron que quitarle el asiento a una camioneta para acostarlo entre el maletero y las butacas. Así lo llevaron a otros hospitales, pero no lo recibieron por falta de insumos, especialistas y camas.

La Cruz Roja alertó que la migración de médicos venezolanos afectó principalmente las especialidades de traumatología, urgencias, neonatología, anestesiología, oncología, nefrología y cuidados intensivos.

Los familiares buscaron en varios centros de salud y, mediante “contactos”, consiguieron un cupo para operarla esa misma semana en el Hospital José María Vargas.

Para la operación le pidieron una amplia lista:

4 ampollas de Neotigmina

3 ampollas de Ciclokapron

2 ampollas de Efedrina

3 monos quirúrgicos

10 boletas de donantes dirigidas del Banco de Sangre

4 cepillos quirúrgicos con solución jabonosa

2 tubos de aspiraciones estériles

1 lápiz de electrocauterio

2 rollos de guata

4 paquetes de compresas

2 jelcos número 20

1 llave de tres vías

2 macrogoteros

3 soluciones fisiológicas al 0.95%

4 mascarillas

4 cubrebotas

4 gorros quirúrgicos

3 suturas vicryl

3 suturas de nylon

1 frasco de gerdex

1 frasco de agua oxigenada

1 frasco de alcohol

1 covan estéril

1 recolector de orina

1 adhesivo

1 vendaje plástico

1 vendaje elástico

10 paquetes de gasas

4 batas estériles

1 mono quirúrgico para el paciente

20 pares de guantes

1 kit de laparotomía

2 copias de la cédula

1 bolígrafo negro

10 hojas blancas

1 carpeta manila

Otras cosas que no recuerda.

En todos los implementos necesarios gastó casi 200 dólares, el equivalente a 400 salarios mínimos de un venezolano.

Foto Johan Camargo

Con ayuda de colegas, amigos y demás familiares pudo recaudar el dinero y comprar los implementos. La respuesta de la operación nunca llegó.  “Nos dejaron de responder, no nos dijeron nada y prácticamente perdimos esa opción luego que nos costó tanto conseguir los insumos”.

Finalmente ella tuvo que abrir una campaña en redes sociales para recaudar el dinero que le permitiera operarse en una clínica privada. De lo contrario le hubiese tocado esperar casi un año por una intervención.

En la clínica, la cirugía costaba entre 3.500 y 10.000 dólares. No tuvo más opción.

Un día de hospitalización, hasta $300 en Táchira

Por: Mariana Duque/ DLA-Táchira

@Mariananduque

Un día de hospitalización varia en el primer centro asistencial del Táchira entre 100 y 300 dólares, dependiendo de la patología del paciente. Foto: Carlos Eduardo Ramírez/Diario de Los Andes

Un día de atención en el Hospital Central de San Cristóbal puede superar los 300 dólares dependiendo de la patología. La escasez de insumos obliga a médicos y enfermeras a solicitar la mayor parte de los tratamientos.

Yamile Torres tenía ocho días con su hermano, de 40 años, hospitalizado en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). El sufrió dos heridas en la cabeza tras caer por las escaleras. Había gastado más de 500 dólares entre tomografías, traslados en ambulancias, exámenes de sangre, guantes, gasas, soluciones y medicamentos. “Cuando se tiene que hacer una tomografía hay que sacarlo para una clínica y pagar la ambulancia,  que a veces sale más costosa que el examen. A él le piden el sedante Medazolan, cada ampolla cuesta entre 20.000 y 25.000 pesos (entre 6 y 8 dólares), según donde se consiga. A veces le piden 18 o 20 al día”.

Torres contó que un ketoprofeno cuesta entre 4.000 y 5.000 pesos, (1.5$) los guantes 3.000 (1$)pesos y la gasa 2.000 pesos (0.8$), de las que debe comprar cinco al día. La tomografía (le han hecho cuatro) tuvo un valor de 120.000 pesos cada una (40$) y el traslado en ambulancia 160.000 pesos (50$). Los exámenes de sangre oscilan entre 70.000 (28$) y 100.000pesos (32$).

A las afueras de la emergencia del Hospital Central de San Cristóbal, Yamile espera atender cualquier solicitud de medicamentos para su hermano. Foto: Carlos Eduardo Ramírez/Diario de Los Andes

“Recibimos poco”

Al ser consultado sobre el por qué de la solicitud de medicamentos en el Hospital Central de San Cristóbal, el presidente de la Corporación de Salud del estado Táchira (Corposalud), Ildemaro Pacheco, explicó que aunque reciben dotación de tres fuentes: Corporación de Salud, Ministerio de Salud y agencias internacionales, la cantidad es insuficiente.

“Por ejemplo, en el área COVID nosotros venimos recibiendo Clexane, que es el anticoagulante para este tipo de pacientes. Se recibían entre 40 y 60 ampollas al mes, y un paciente consume ocho ampollas diarias. Hay antibióticos como Meropenem, Unasyn que no están llegando”.

Pacheco precisó que siempre tienen carencias en lápices de electrobisturí, compresas y monos quirúrgicos. Acotó que el hospital requiere unas 40.000 soluciones al mes y llegan entre 8.000 y 10.000. La existencia de los equipos de bioseguridad también varía.

“Debemos reconocer que lamentablemente tenemos personal de la salud que no se mantiene informado de qué llegó y piden al paciente insumos que hay en el hospital. Nosotros sugerimos a todos los pacientes que al recibir una lista vayan a la farmacia del hospital y verifiquen qué tenemos en existencia”, destacó Pacheco.

Entre $ 260 y $ 1.000 en Trujillo

Alexander González/ DLA-Trujillo

IG: @AlexGonzalezDigital

Hospital de Valera: Foto Diario de Los Andes

Traumática y desesperante. Así califican los trujillanos la estadía en el Hospital Central de Valera, principal centro de salud de Trujillo, estado andino con casi 900 mil habitantes, según el último reporte del Instituto Nacional de Estadística (2020).

La institución pública atiende a pacientes de regiones vecinas. La escasez de medicamentos, insumos y la inoperatividad de equipos de alta generación para exámenes especializados obliga a invertir gran cantidad de dinero, generalmente en dólares, para recuperar la salud.

En 2017, Trujillo sumó cinco años sin servicio de tomógrafo ni resonancias magnéticas en ningún hospital público y privado. El gremio médico se declaró en emergencia

Juan Torres, reconocido cirujano y epidemiólogo de la región dijo a Diario de Los Andes que desde 2017 los equipos funcionan de manera intermitente, principalmente en los centros privados. En entidades vecinas, el costo de estos exámenes oscila entre $ 80 y $ 300.

Una espera traumática 

“Es traumático y desesperante estar en medio de una emergencia médica, y no contar con los servicios necesarios para salir de esa situación. Los familiares se desesperan por buscar el dinero que se necesita, y en medio de ese trauma los pacientes empeoramos”. Esta es la historia de Pedro Torres, trabajador de la administración pública que, en medio de la pandemia por la COVID-19, sufrió un derrame cerebral que “puso a correr” a sus familiares.

Ayuda del extranjero

“Llegué al Hospital Central de Valera por un derrame cerebral. El doctor pidió una tomografía de emergencia. ¡Para ya! ¿Pero cómo, si acá en Trujillo no hay para hacerse eso ni público ni privado? Teníamos que ir a Barquisimeto. Apelamos a la ayuda de familiares en el exterior para costear eso, porque acá nos era imposible pagar lo que costaba. Transcurrieron 9 días hasta que pudimos ir, y por esa pérdida de tiempo, el médico dijo que ya era necesario hacer una resonancia magnética y no una tomografía”.

Torres explica que el costo de la tomografía era de $40, pero por indicación médica tuvo que cancelar $80 por la resonancia magnética en un centro de salud privado en la capital larense. “Salió barato más bien, habían otros lugares con otros precios, y la diferencia de costos para hacerse esos estudios era de entre 200 y 300 dólares”.

Larga espera en el Hospital de Valera. Foto Diario de Los Andes

Ir a Barquisimeto es costoso

Trasladar a un paciente a Lara para realizar un estudio de éstos es otro dolor de cabeza. “El traslado es difícil. Ni la Gobernación de Trujillo ni la Alcaldía de Valera tienen las condiciones de logística para atendernos en esas precarias situaciones. Las ambulancias privadas nos pedían entre 300 y 500 dólares. Un carro particular (tipo taxi) nos cobraba $500, aún con el riesgo que esto implicaba y la limitante de la gasolina, porque como no había capacidad de garantizar suministro de gasolina en Lara para el retorno a Trujillo, había que llevarla desde acá en pipotes y eso era muy peligroso, una bomba pues”.

Pedro Torres comenta que lograron conseguir una ambulancia de la empresa estatal Venvidrio en muy malas condiciones. “Nos llovió en el camino, el agua se metía. Mi esposa me acompañó, y con cada desnivel de la carretera, rebotaba y llegaba al techo. Y no íbamos solos, iba otro paciente a Barquisimeto a realizarse un examen al igual que yo”.

Para Torres la historia es entrar como en una película de terror.” A quienes no logran conseguir el dinero para hacerse esos estudios, sólo les queda aferrarse a Dios, y que sea lo que Él disponga”.

¿De dónde saco ese dinero?

“Me llamaron urgentemente porque mi mamá se había desmayado y estaba inconsciente en la calle. La llevamos al hospital de Valera y nos mandaron a hacer por privado aquel viaje de exámenes, y uno de esos era una tomografía. ¡Dios mío! ¿De dónde íbamos a sacar ese dinero? Pero gracias a Dios la familia se unió y rasguñando aquí y allá logramos reunir y hacerle lo esencial”, comenta María Isabel Briceño

Esta maestra soltera con tres hijos en edad escolar es la mayor de tres hermanos e hija de un trabajador de seguridad privada. Su madre fue diagnosticada con diabetes desde hace casi 10 años, por ello su desmayo era de alarmarse.

Los costos de los exámenes eran exagerados para la limitada economía de Briceño. “La tomografía se la hicimos en Barquisimeto, nos salió en $60 y el carrito nos cobró $100, a regañadientes. Acá en Trujillo hicimos lo demás: le mandaron unos rayos X que salieron en $6, la hematología completa en Bs. 2.628.000 (poco más de $1), el examen de glicemia en Bs. 3.156.000 (en promedio $1,5), además de una valoración cardiovascular y valoración neumonológica que nos salió en $20 cada una. ¡Ah rigor y nosotros que solo ganamos sueldo mínimo!”.

La mamá de Briceño estuvo hospitalizada casi dos semanas y estaba siendo tratada por un presunto derrame cerebral. Los exámenes arrojaron que padecía un coma diabético. “Si aquí hubiera cómo hacerse esos exámenes, mi mamá sufre menos y nosotros también. Teníamos que gastar diariamente casi $10 en comida y agua para ella y el que se queda cuidando porque en el hospital ni eso dan. Incluso nos mandaron a buscar oxígeno para enviarla a casa. Con una bombona prestada, recargar nos salía en $40 diarios ¡Santo Dios! ¿De dónde saca uno eso? A Dios gracias no hizo falta”.

Estos casos que no representan enfermedades crónicas, denotan que un trujillano de a pie puede gastar entre $ 260 y $ 1.000 para cubrir sus gastos médicos en solo una semana de hospitalización en el primer centro asistencial público del estado Trujillo, como lo es el Hospital Universitario “Pedro Emilio Carrillo” de Valera.

La salud en Mérida es impagable

Yanara Vivas/DLA-Mérida

@YanaraVivas

Hospital Universitario de Los Andes, en Mérida. Foto Yanara Ríos/Diario de Los Andes

Estar enfermo en Venezuela es casi una sentencia de muerte. Recuperar la salud amerita cuantiosas inversiones que muchas familias no pueden pagar.

Los miembros de la familia Araque son pequeños productores del campo en Alberto Adriani, en el estado Mérida. Tres de ellos,  padre y dos hijos, ameritaron hospitalización por COVID-19.

El padre estuvo recluido en una clínica por 10 días, lo cual generó un gasto de 2 mil 500 dólares.  Al trasladarlo a su casa, además de los medicamentos correspondientes, fueron necesarias siete bombonas de oxígeno al día. Recargarlas ameritaba una inversión de 30 dólares por cada una. Fueron 210 dólares diarios por más de 20 días, hasta su deceso.  Se sumó el trio de inyecciones de Remdesivir, conseguidas al “excelente precio” de 380 dólares cada una, las cuales lamentablemente no ayudaron.

Los otros dos integrantes de la familia fueron trasladados al Instituto Autónomo Hospital Universitario de Los Andes (IAHULA), hospital centinela del estado. Allí fueron atendidos con gran profesionalismo, pero ameritaban gran cantidad de sueros y medicamentos.

Las tres dosis de Remdesivir tampoco ayudaron a la hermana, que murió a los pocos días. En gastos gastos fúnebres, traslado y urnas superaron los 400$. El otro hijo fue enviado a casa para su recuperación.

En el caso de los pacientes con cáncer, o enfermos que ameriten alimentación parenteral, el kit cuesta entre 120 y 150 dólares y es difícil  conseguirlo en Mérida. Antivirales como el Entecavir, usado por personas con Hepatitis B y C, cuesta en Colombia 195 dólares la caja de 30 tabletas de 0,5 mg.




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