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Antes de la guerra era uno de los zocos más animados del Casco Viejo de Alepo, pero hoy en Jan al Harir, el mercado de la seda, sólo queda una tienda que vende manteles de plástico en medio de edificios destrozados.

En la entrada del negocio de Mohamad Shawash cuelgan manteles multicolores y encerados, único oasis de color en medio de un paisaje de desolación.

Un año después de la reconquista de los barrios rebeldes de la segunda ciudad de Siria por las tropas de Bashar al Asad, las callejuelas alrededor de su tienda siguen devastadas.

El comerciante de 62 años reabrió su tienda el verano pasado, unos meses después de que se reconquistara la ciudad.

Ahora espera a los clientes, que ya no acuden a Jan al Harir, un sector de la Ciudad Vieja de Alepo inscripta en la lista del patrimonio mundial de la UNESCO pero destruida por cuatro años de combates.

“Lloré cuando regresé por primera vez”, recuerda Shawash.

“A mi alrededor, todo era destrucción. Los negocios estaban destruidos, las calles estaban cubiertas por escombros y piedras, los edificios estaban derrumbados”, cuenta.

El Viejo Alepo era una de las líneas de frente más feroces en los enfrentamientos entre las tropas del régimen y los rebeldes entre 2012 y diciembre de 2016.

– ‘Ya no hay nadie’ –
Otrora el sector era célebre por su mercado cubierto, el más grande del mundo con 4.000 tiendas.

Shawash reparó la suya “para probar al mundo entero que la Ciudad Vieja de Alepo conservó su alma”.

En este océano de destrucciones se forman de a poco islas de vida.

En noviembre las autoridades inauguraron una arteria del restaurado Zoco al Jumruk. Sólo abrieron algunas tiendas.

“Crecí aquí, y mi tienda estaba abierta desde las 07H00 hasta tarde en la noche. Conocía a todos”, recuerda Shawash.

“Las calles estaban repletas de gente, negocios, restaurantes, vendedores de ropa, alfombras, muebles. Pero ahora, ya no hay nadie”, lamenta.

Cuando regresó la primera vez su tienda había sido saqueada, un muro se había derrumbado, pero sobre todo, las calles del barrio estaban desiertas.

“No se trata sólo de perder dinero o mercadería. Perdí a mis vecinos, mi entorno, me perdí a mí mismo”, dice.

Shawash reconstruyó su negocio, piedra por piedra. Ahora volvió a una rutina. Todas las mañanas saca los manteles y se instala confortablemente en una silla de plástico y espera clientes. Pero nadie viene. Entonces guarda su mercadería, cierra el negocio y regresa a su hogar.

“Antes del conflicto vendía mercadería por unas 50.000 a 70.000 libras sirias (entre 1.000 y 1.500 dólares al cambio de antes de la guerra)”, explica.

Ahora “vendo por unas 400 libras (0,9 centavos de dólar) lo suficiente para comprar un sándwich de falafel”, dice.

Shawash espera que los jóvenes regresen a Alepo, “el símbolo de la civilización”.

Un símbolo desfigurado por la guerra. Además del zoco su célebre mezquita y la ciudadela medieval fueron dañados.

“Estoy orgulloso de ser el primero en reabrir mi tienda, pero espero que vuelva a haber vida en el zoco”, dijo.




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