Bomba lacrimógena arrojada por la Guardia Nacional Bolivariana a la azotea del edificio Roma (Foto: Armando Díaz)
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La tarde del lunes 15 de mayo, en la urbanización Prebo de Valencia imperó el caos. Las manifestaciones y la represión de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) se salieron de control. La violencia tomó las calles como un transeúnte más y arrasó con lo que encontró en el camino.

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Eran alrededor de las 5:30 de la tarde cuando una cortina de humo negro se elevaba a los cielos y le otorgaba un toque caótico a aquel día lluvioso. El edificio de Corpoelec ardía tras el ataque de grupos vandálicos, que incendiaron la sede de la institución gubernamental. Se repetían los hechos de 2014.

apuntaban a las azoteas de edificios

Tres tanquetas custodiaban la zona y alrededor de 40 efectivos con chalecos, cascos y escopetas se ubicaban en los cuatro puntos cardinales de la avenida Andrés Eloy Blanco, frente al Shopping Center. Sin pensar en niños, adultos mayores y personas con problemas respiratorios, comenzó un brutal ataque con bombas lacrimógenas, no sólo a los manifestantes, si no a las azoteas de edificios como el Roma, a unas cuadras del centro comercial y otros dos más abajo de la estación de servicio de Prebo.

Los vecinos desde la azotea y ventanas de sus apartamentos gritaban “asesinos”, “vayanse, aquí hay niños por favor”.Eran voces de mujeres, probablemente madres, preocupadas ante una situación que quebrantaba toda ley. Atacaban la propiedad privada

Las azoteas de estos edificios dejaban escapar el humo irritante de las lacrimógenas, vencidas en 2013. En el Roma, muchos sufrieron los embates de esas bombas tóxicas que asfixian y generan escozor en los ojos.

Las calles traseras y laterales al centro comercial parecían cubiertas por nubes, la entrada del edificio Alejandría se perdía de vista. El humo sofocaba, mientras las unidades tácticas de represión avanzaban como una estampida represiva, con las puertas abiertas y un soldado que observaba vigilante con su arma en mano, mientras los gritos se repetían y los llantos de las mujeres en las terrazas retumbaban, ante el temor de ser allanados, una realidad que esa misma noche los atormentaría.




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