Foto archivo

Por ahora, al problema no se le ve solución. Eliminar las constantes, tediosas y largas colas para lograr montarse en una unidad de transporte colectivo es un tema pendiente para las autoridades en Carabobo.

Es una odisea que inicia en la madrugada, aunque esto no baste. María se levantó a las 4:30 de la mañana. Dejó todo listo y a las 5:30 ya estaba en la parada de la avenida Branger. Como ella, decenas de personas ya aguardaban una unidad de transporte colectivo que las llevara a su trabajo. La resignación comenzó a aparecer.

Llegaron las primeras unidades, pero María no corrió con suerte. La cola se desvaneció, todo el mundo quería entrar de primero y su esfuerzo resultó inútil. Sigue esperando.

Dos horas después logró montarse en una unidad colectiva. Es uno de los famosos transdrácula, que cubre la ruta al Sambil por el Paseo Cabriales. Resignada, se prepara para caminar el trecho desde la torre BOD hasta El Tijerazo. Para su fortuna, una despampanante amiga del conductor lo hizo desviar la ruta y llegar hasta El Camoruco. Ya María no tendrá que caminar tanto. El transdrácula siguió su ruta hacia el Sambil

Ya en Camoruco divisó frente al Banesco una unidad colectiva. Corrió, pero no la alcanzó. Otra hora más de espera y finalmente logró tomar una unidad que la dejó en la Redoma de Guaparo. Debe bajarse porque ya es otro municipio. Van 10 mil bolívares y aún no llega a su trabajo, más allá de la Brigada Blindada.

A las 9:00 de la mañana entró a las instalaciones laborales. Los patronos son conscientes que la odisea de tomar un transporte colectivo en Carabobo es un verdadero drama. Una tragedia que, en el caso de María y de muchísimos otros usuarios, se repetirá al salir, pero ahora de regreso y en horario vespertino.

Cansada, llega a su hogar mucho después de la puesta del sol.  Solo le resta cerciorarse de tener efectivo y prepararse psicológicamente para una otro odisea, a la mañana siguiente.

Maltrato a los usuarios

En especial las personas de la tercera edad son víctimas frecuentes del maltrato de conductores y colectores. La semana pasada fue tema en las redes sociales el maltrato a un anciano por parte del colector de un transporte colectivo que salió desde el Sambil.

El anciano solo tenía billetes de 500 bolívares que minutos antes le habían entregado en el banco. El colector se resistió a recibir los billetes de esa denominación y empujó al señor. El resto de los pasajeros intentó hacer justicia. Llamaron a la policía y estos obligaron a la unidad de retirarse del lugar.

Minutos después apareció un transdrácula, Intentó evitar el pago con billetes de 500 bolívares, pero finalmente se comprometió a “hacer una excepción”. El anciano pudo montarse, la próxima vez no se sabe si lo logrará.

Rutas caras e incompletas

Antes un trabajador podría llegar desde Plaza de Toros hasta Naguanagua en un solo viaje. Ahora debe pagar tres pasajes. La primera parada está en la avenida Cedeño. Muchas unidades bajan a los pasajeros, dan una vuelta y siguen la misma ruta para obligar al pago de otros cinco mil bolívares, algunos 10 mil y otros más, dependiendo de la unidad que sea.

Esa unidad llevará al pasajero hasta la redoma de Guaparo. Por ser otro municipio, el que quiera seguir debe volver a pagar el pasaje.

La ruta que antes María hacía en un solo viaje, desde la Branger hasta Naguanagua, se convirtió en tres paradas, tres colas y tres carreras, para abordar una unidad repleta de personas que, como ella, viven esta odisea a diario.

La falta de repuestos e insumos para las unidades, sumado al alto costo, hacen que abordar un transporte colectivo sea una odisea, que algunas veces termina en tragedia




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