Ramón Guillermo Aveledo.
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Sobriedad. Está definido por esa palabra. La mesura en el empleo de su verbo hace que detrás del análisis proponga silencios reflexivos. La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) es una alternativa de Poder. Por eso tiene que tener una combinación de protesta y de esperanza. Si es solo lo primero, se vuelve desahogo; si es únicamente lo segundo, se vuelve ilusión. Para Ramón Guillermo Aveledo, primer secretario ejecutivo de la coalición, es necesario entender ciertas cosas en la balanza del poder político del país.

El Gobierno ya no respeta las reglas. Anuncia y desmiente. Dice y contradice. Promete y no cumple. Ya no se puede hablar de términos o lapsos en la negociación. El país ha entrado en una nueva etapa en la que toca definir los rumbos mediante estrategias consensuadas y, sobre todo, efectivas. De eso dependerá que se cumpla el objetivo de sacar a Nicolás maduro de Miraflores, dice el exsecretario de la MUD.

-Se ha hablado de ciertas fisuras, discrepancias en la Unidad. De partidos que estaban muy molestos porque se estaban tomando decisiones entre un grupo. Usted que viene de la dirigencia de la MUD, ¿eso siempre fue así?

-Siempre ha habido divergencias y siempre han podido resolverse. Creo que en la medida que la responsabilidad se ponga por delante, con el país y el deber para poder ser creíbles nacional e internacionalmente, y la valoración que se haga de la Unidad como base de la fortaleza de la oposición; en esa medida siempre podrá resolverse cualquier diferencia. Creo que en eso hay un deber que los dirigentes políticos tenemos: el de la discreción. En buscar resolver los problemas sin crear unos nuevos.

-¿Qué tan difícil le fue sentar en una mesa y apaciguar los intereses de personas como Julio Borges, Henry Ramos Allup, Henrique Capriles y la gente de Un Nuevo Tiempo y Voluntad Popular?

-Todas las cosas tienen su dificultad. No hay tareas que sean sencillas. Las tareas que lo son, dejan de ser necesarias. Aquello dependía del momento, de las circunstancias y, naturalmente como es en política, de las visiones e intereses en conflicto. Y sin embargo siempre se pudieron resolver las cosas. Claro, unas tardaron más y otras menos, pero se logró la unidad. Se logró una cohesión no solo en lo político, sino en lo estratégico, programático y electoral. Eso le dio una forma que todavía hoy le mantiene vigente. En este momento, donde hay tantas críticas y preocupación de la gente por la situación del país y por lo que hace (o no hace) la oposición, el respaldo a la Mesa es muy grande, lo que significa que los venezolanos valoran ampliamente la Unidad. Los dirigentes de los partidos, grandes y pequeños, deben ver eso, valorarlo y actuar en función de esa responsabilidad.

-Hablando de estrategias ¿Cómo ve usted la calle?

-La calle es muy importante para cualquier estrategia política democrática. Ahora, hay gente que piensa que la calle es solamente la avenida Urdaneta de Caracas. Y no solo eso, sino que piensa que es desde la esquina de Bolero en adelante. La verdad es que ‘calle’ son todas las calles de Venezuela. Allí donde hay problemas, reclamos e inconformidad. Donde la gente tiene que buscar cómo expresarse. Creo que la batalla política se libra en la calle, mediante el voto, en la opinión pública. Se logra también en el debate parlamentario, en el diálogo. Hay distintos caminos, pero el acento que se haga en uno u otro medio debe depender de la eficacia y proyección.

-Sobre la eficacia, Chúo Torrealba dijo que la marcha hacia Miraflores era suicida…

-Depende. Naturalmente en la marcha que la gente sepa que va a ser esperada por una violencia que no es simétrica, que además hay más capacidad de violencia en el Gobierno y mucho menos escrúpulos, hay muchas razones para pensar que sería algo muy peligroso. La dirigencia tiene que calibrar muy bien eso. Pero por supuesto, por eso yo digo que las calles de Venezuela son todas.

 

MUD: DIÁLOGO Y RESPONSABILIDAD

Esta semana el diálogo quedó suspendido y reanudado en menos de 12 horas. Primero, el opositor Henrique Capriles anunció el martes que la noche anterior la Unidad fue notificada por los expresidentes mediadores que el Gobierno decidió suspender las mesas técnicas de trabajo. Luego, el expresidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, salió en fotos con el presidente Nicolás Maduro, quien dijo que el diálogo se extendería hasta marzo de 2017; aunque no se explicó ni desmintió la ausencia de voceros de la Comisión Presidencial para el Diálogo (integrada por Jorge y Delcy Rodríguez, Roy Chaderton y Tareck El Aissami) a las reuniones pautadas para el lunes en la noche. Aveledo analizó la posibilidad de una retirada. Una circunstancia que, dadas las ambigüedades de la política, no puede descartarse.

-¿Cómo puede interpretarse que el Gobierno se retire del diálogo?

-Retirarse del diálogo es una manera insincera de actuar, le digo sinceramente. El Gobierno no quiere el diálogo. No ha cumplido ninguno de los compromisos que asumieron ante los delegados de la Unidad. De ser ciertas las cosas que han trascendido, se valen ahora de una excusa insólita: que la Asamblea Nacional se ocupe de un tema que representa un obvio interés nacional y del cual el Ejecutivo debería ser el primer interesado en esclarecer, a través del Ministerio Público o tribunales, eso dice mucho. Hay una serie de cosas que ocurrieron en el propio seno del Ejecutivo, según las declaraciones de estos mismos jóvenes (sobrinos Flores, de la pareja presidencial) en Nueva York que así lo determinan. Que el hecho de que la Asamblea cumpla su deber, le sirva como excusa al Gobierno para pararse de la mesa, muestra la gravedad de la crisis venezolana. Por otro lado, la falta de disposición verdadera y sincera para un diálogo constructivo.

-¿No cree usted que el Gobierno ya tenía planificada esta estrategia: ganar tiempo para luego, en las primeras de cambio, buscar una excusa y levantarse?

-Si fuera así, sería contradictorio. Si el Gobierno lo que quería era ganar tiempo, lo que debió fue haber alargado el diálogo. Inclusive, el reclamo que había en la sociedad con respecto al diálogo era la urgencia de resultados. Se hacía, equivocadamente, una presión sobre los delegados de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), como responsables que el proceso continúe sin resultados. Se demuestra que no era cierto el asunto de la ganada de tiempo porque, si fuera así, ellos mismos se han interrumpido, boicoteado su estrategia.

-¿Cuál podría ser esa estrategia que planea el Gobierno?

-Mire, por lo general no me gusta adivinar, ni me la echo de adivino. Uno conoce cómo actúa el Gobierno. Lamentablemente siempre hay que esperar lo peor. A eso estamos acostumbrados. Lo que quiero subrayar es que esa situación nueva, después del irrespeto del Ejecutivo y del Tribunal Supremo a la Asamblea Nacional a lo largo de todo este año y el pasado, después de las elecciones; y lo que ocurrió con el bloqueo inconstitucional al referéndum revocatorio el 20 del mes pasado, han abierto una etapa nueva de la política venezolana.

-¿Cuál etapa?

-Una en la que las reglas son difusas. Son borrosas. Ya no hay reglas ciertas. Y entonces ya no podemos pensar en términos de normas y lapsos porque no se están cumpliendo. Mejor dicho: el Gobierno no las cumple. La estrategia de la oposición tiene que asimilar esa realidad nueva y hacer un esfuerzo mucho mayor de explicación y comunicación con la gente. Y los ciudadanos tenemos que hacer un esfuerzo también de comprensión, para entender que esto que está pasando es muy distinto a lo que pasaba hasta hace unos meses.

-Desde su condición de ciudadanía, ¿qué consejo le daría a la Unidad?

-Mucha serenidad y mucha firmeza. Firmeza para defender los principios y el rumbo hacia el objetivo. Serenidad para no perder la paciencia, la cabeza y para conducir al pueblo venezolano a ese feliz término que es el cambio. Que se abra esperanza para todos, no solamente a los que hemos sido opuestos a este Gobierno, sino para todos los venezolanos.




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