La Isabelica
Los vecinos aseguran que lo único que han hecho recientemente en La Isabelica es la pintura de algunas fachadas (Foto: Dayrí Blanco)

El proyecto fue presentado de forma ambiciosa: La urbanización satélite. Así nació La Isabelica hace 56 años, como una respuesta al crecimiento poblacional de la zona por su cercanía a la zona industrial, pero que se ha transformado en una comunidad con más de 75 mil habitantes que sortean día a día grandes precariedades.

Yeris Maduro y su familia llegaron al lugar en 1968, cuanto todavía el progreso era una promesa posible. Para él, esas calles en las que creció y se formó son, actualmente, muy diferentes a lo que se proyectaba.

“Esto ahora es como un mercado persa, con tarantines y comercios ilegales por todos lados… Está muy lejos de la urbanización satélite que se fundó el 13 de octubre de 1965”, dijo para referirse de un problema macro del que responsabilizó a los gobernantes “porque han sido permisivos y se ajustan solo a sus intereses económicos”.

Pero es solo lo que está a simple vista. Buhoneros en cada calle y las casas, y hasta apartamentos de las plantas bajas de los edificios, transformados en comercios informales. A lo interno, en el día a día de quienes habitan en los 13 sectores, 93 bloques, tres mil 659 apartamentos y cuatro mil 775 viviendas unifamiliares, las precariedades en La Isabelica se multiplican.

La precariedad de los servicios públicos

Los colores de las fachadas, recién pintadas por la gobernación, de los edificios que están en las avenidas principales de La Isabelica resaltan, tanto como lo hacen las aguas negras desbordadas en calles, veredas, y hasta dentro de las casas de la urbanización.

Son más de 60 años las que tienen esas tuberías instaladas y están dando señales, desde hace unos tres años, de su colapso y fin de su vida útil. Es un drama que enfrentan quienes residen en la mayoría de los sectores y, aunque han acudido a diferentes instancias públicas, no han tenido respuesta.

“Desgraciadamente no hemos tenido la suerte de tener un buen alcalde, el único fue Paco Cabrera, los demás solo hacen maquillaje y no resuelven los verdaderos problemas… Vivimos una compeljidad muy fuerte y nadie le ha puesto el pecho a un sector que, después de Miguel Peña, es segundo en población votante”, aseguró el vecino Filiberto Sulbarán.

La Isabelica
En La Isabelica esperan que en lugar de pintura se resuelvan problemas de los servicios públicos (Foto: Dayrí Blanco)

Entrar en La Isabelica en estos momentos es renunciar a las conexiones. Las plataformas de empresas de telefonía están caídas desde hace varios años, solo funcionan de manera intermitente en algunos tramos y el servicio de Cantv es toda una lotería. “Lo peor es que no tenemos a donde llevar nuestras quejas porque no nos hacen caso”, expresó Eliécer Maduro, vecino del sector 5.

Es visible en la urbanización que ya no es satélite otro severo problema: el de la recolección de desechos sólidos. “Los camiones ya no pasan por las calles internas y tampoco van sus trabajadores a las veredas. Nos toca dejar la basura en las avenidas principales”, advirtió Yeris Maduro.

Es así como, en los alrededores de los bulevares recién pintados por la gobernación hay montañas de basura que contrastan con las líneas multicolores que acaban de hacer.

Y es que ni los servicios más básicos funcionan. “Casi nunca hay agua y, cuando llega, es sucia y maloliente”. Mientras que las fallas eléctricas no cesan, Maduro las califica como “alumbrones porque no pueden llamarse apagones cuando pasamos más tiempo a oscuras”.

Cultura en el abandono

La Isabelica es de las pocas urbanizaciones de Valencia con un ateneo. Funciona desde 1993 y fue respuesta a la necesidad cultural tanto de habitantes de la parroquia Rafael Urdaneta, como de Miguel Peña y otros municipios cercanos como Los Guayos y San Diego.

Eran más de 350 alumnos los que recibían clases de música, artes escénicas, danza, expresión corporal y cursos de formación laboral. Pero en 2017 la crisis económica tocó las puertas del Ateneo Popular de La Isabelica que, prácticamente, tuvo que paralizar sus actividades porque “la gente solo tenía dinero para comer”, expresó el presidente de la institución, Gerardo Urbina.

La Isabelica
El Ateneo Popular de La Isabelica está en precarias condiciones (Foto: Dayrí Blanco)

Ellos no reciben subsidio de ningún ente gubernamental nacional, estadal ni municipal, por lo que depende de la colaboración de los estudiantes. Hace dos meses se decidió reiniciar las actividades a petición de la propia comunidad y ya se cuenta con 80 personas en las diferentes clases.

Pero lo hacen en condiciones precarias. Los techos tienen grandes filtraciones, el cableado, lámparas y piezas de los baños fueron hurtados y las paredes requieren mantenimiento, por lo que muchas de las actividades las hacen al aire libre.

El llamado que hace el presidente del Ateneo Popular de La Isabelica es claro: “A las autoridades que metan la mano, que nos ayuden, lo que necesitamos no va a empobrecer a la gobernación ni nos va a enriquecer a nosotros, pero lo requerimos para seguir adelante. A usted señor gobernador Lacava, que ha pintado los bloques, dele unas goticas de esa belleza al ateneo”.

Y es así como la que fue proyectada como la urbanización satélite, este 13 de octubre llega a su 56 aniversario, con poco que celebrar y muchos problemas sin resolver.




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