Es muy común escuchar a las personas decir, en particular a los padres, que los niños “de ahora” nacen con muestras de conductas cada vez más adelantadas. Son crecientes las experiencias que dejan ver algo en este sentido. Una mejorada alimentación en general, y cuidados a la mujer gestante, aparte de beneficios derivados de las nuevas tecnologías médicas y de atención prenatal explican, en parte, estas supuestas diferencias. No dejemos de lado que, la especie humana trae un acumulado desarrollo evolutivo que se aligera con cada generación.

Pero, es la llegada a los ambientes receptores del recién nacido, que conocemos como cultura y sociedad, lo que parece decidir las tendencias a seguir; tanto en los recién llegados, como en lo que harán los padres y allegados influyentes. En los primeros meses de la infancia comienzan a elaborarse las bases psicológicas de las primeras filiaciones e imágenes relacionadas con las “figuras de autoridad” más influyentes (padre y madre). Un pronto resultado, resultante de este proceso de influencias sobre los niños, es que estos comiencen a creer y sentir, desde temprano, que dependen de la presencia cómoda, o faltante, al contrario, de otras figuras vivas, que son los adultos, en general, o de algunas personas en particular, para sentirse seguros, y sobrevivir.

Esta formación de dependencias que crea el niño o niña sobre las figuras paternas, o de otra  autoridad, ha sido muy bien estudiada por la psicología y la psiquiatría clínicas, al explicarnos cómo es que, desde temprana edad, pueden aparecer en los niños huellas o ideas primarias de culpabilidad, muy difíciles de superar o de enmendar, cuando luego lo intentamos.

Mediante un mecanismo retroactivo (que es inconsciente) de “proyección psíquica” hacia los adultos, los niños llegan a creer, muy pronto, que tienen algún grado de “culpa” o “responsabilidad” por todo lo que hacen ante sus padres u otros adultos. Una culpabilidad que para los menores es, con frecuencia, frustrante y auto reforzada, porque en sus relaciones afectivas no es fácil entender que ellos puedan “culpar a un adulto”, para así lograr liberarse de culpas. En la mayoría de los casos, llevará mucho tiempo para que los niños superen esa culpabilidad tan tempranamente aprendida.

Luego, al ser adultos, será competencia en buena parte de ellos y ellas, esos sufridos infantes culpabilizadores y dependientes, lograr iniciar y mantener un intenso esfuerzo propio, personal, consciente, salido de sí mismo y manejado por sí mismo, para “desenrollar” y “desmontar” la huella y situación de culpabilidad que había sido establecida. ¡Todo esto significa solucionar ese terrible “entuerto” que puede vivirse en el mundo infantil, como resultado de las carencias emocionales afectantes! ¡De lograrse la situación, qué bueno será el resultado para la continuidad del desarrollo saludable de los que ahora son adultos, y quieren soltarse de las barreras y traumas de la primera infancia! … ¡Claro que es posible, pero hay que comenzar por averiguar, conocer y reconocer qué y cuál es la información indeseable (apendizajes) que tenemos acumulada en nuestros ex cerebritos, desde la pequeña infancia, para proceder luego a intentar los cambios que aseguren un mejor desarrollo psicológico y social!




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