La bacteria dragón amarillo se incrustó en las plantaciones hace cinco años. El gobierno nacional solo creó un protocolo que consistía en fumigar las plantaciones cada 28 días, pero no ofreció el insecticida. 90% de la producción de naranjas está paralizada. Carabobo aportaba 5 millones de kilos de naranjas antes de que la enfermedad atacara las plantaciones. Para 2020 la zafra no llegará ni a 1 millón. Los agricultores también deben lidiar con el mal estado de las carreteras.

Agricultores de los municipios Bejuma, Montalbán y Miranda, ubicados en el occidente del estado Carabobo, deben lidiar a diario con el mal estado en que están las carreteras. Y lo más grave: La bacteria denominada dragón amarillo, que apareció en las plantaciones hace cinco años, fue arrasando con este fruto cítrico.

Ahora los que se dedicaban a la siembra de naranjas tienen que buscar otros rubros para tener sustento.

Carlos Romero, presidente nacional de fruticultores, informó que se afectaron 38 mil hectáreas que tenían árboles de naranja. Representan el 90 % de la producción que está paralizada. El 10 % que aún se mantiene no está exenta de contagiarse con dragón amarillo, solo que este microorganismo actúa lentamente en zonas con clima fresco.

Va a llegar un momento en que no habrá naranjas en el país. Y se tendrán que importar concentrados de esta fruta. A Carabobo le queda la zona de Nirgua y Yaracuy prácticamente no tiene nada”, dijo.

Carabobo, mayor productor de naranjas

Hace cinco años, Carabobo aportaba 5 millones de kilos de naranjas, para este 2020 la zafra no va a llegar ni a 1 millón. Cuando dragón amarillo apareció, el Gobierno nacional solo creó un protocolo que consistía en realizar fumigaciones cada 28 días; sin embargo, muchos agricultores no contaban con los recursos para hacer el tratamiento, por lo cual la bacteria fue ganando terreno y contagiaba los sembradíos en los que sí se realizaba la fumigación.

Romero aseguró que las matas estaban contagiadas con el microorganismo desde los viveros, y el Gobierno nacional no los apoyó con los insecticidas. Asimismo, explicó que los agricultores afectados que perdieron las plantaciones de naranjas migraron a otros rubros, como: caraotas, cacao y jojoto, para poder tener flujo de caja y no ir a la quiebra.

Luis Vicente es agricultor. Lo que más lamenta es que desde que llegó “la revolución” no ha visto que se preocupen por acomodar las vías agrarias. Llegar a su finca, que está ubicada en el sector Los Chorro del municipio Miranda, toma por lo menos 15 minutos desde la autopista. El recorrido se convierte en una travesía, pues hay que sortear los desperfectos de la carretera de tierra.

Vicente, de 58 años de edad, solo les pide a las autoridades municipales que hagan las canaletas que desahoguen el agua que se acumula cuando llega la temporada de invierno.

Desde que está la revolución aquí ni han pasado una máquina. Cuando la lluvia llega, no sale el agua porque no tienen canales. Uno no exige asfalto, pero por lo menos que hagan las canales para que fluya el agua”, expresó.

Luis tenía en sus tierras unas 200 matas de naranja y vendía el fruto a empresas que procesan la fruta cítrica y hacen jugo. Llegaba a ofrecer hasta unos 1200 kilos. Pero de pronto las naranjas comenzaron a nacer más pequeñas, duras y sin jugo; lo poco que les podían sacar era muy ácido.

Por los momentos, Vicente siembra caraotas, jojoto, plátanos, cambures, lechosa, entre otros. Explicó que ha tenido que utilizar estiércol de ovejo y gallina como fertilizante, porque comprarlo se le hace cuesta arriba por el costo, y es escaso. También ha tenido que improvisar semilleros con vasos plásticos, porque las bolsas especiales para esta práctica son costosas y no cuenta con el capital para invertir.

Héctor Sequera lleva 50 años vendiendo naranjas al pie de carretera en el municipio Bejuma. Con este oficio logró mantener a su familia, sus tres hijos se graduaron de distintas profesiones en la Universidad de Carabobo. En la actualidad, el hombre, con el rostro envejecido, asegura que vender naranjas no le alcanza para mantenerse.

Hace 10 años, Sequera compraba semanalmente 20 sacos de naranjas y lo vendía todo. Ahora solo puede adquirir cinco sacos semanales y muchas veces no logra vender el fruto. Este hombre, de 67 años de edad, se ha tenido que adaptar a nuevos métodos de pago. La falta de efectivo lo llevó a recibir pago móvil. Sin embargo, en muchas oportunidades no logra cerrar la venta porque la señal hace de las suyas y no permite la conexión.

“Yo trabajaba aquí cuando las matas de naranja eran grandísimas. Esto era siempre full carros. La gente viajaba mucho, sobre todo en Carnaval y Semana Santa y agosto. Ahora me cuesta vender porque no hay efectivo, acepto pago móvil. A veces pueden hacer el pago, otras veces no, porque no hay señal”, sostuvo.

Leer mas: Crónica Uno.-




Estimado lector: El Diario El Carabobeño es defensor de los valores democráticos y de la comunicación libre y plural, por lo que los invitamos a emitir sus comentarios con respeto. No está permitida la publicación de mensajes violentos, ofensivos, difamatorios o que infrinjan lo estipulado en el artículo 27 de la Ley de Responsabilidad en Radio, TV y Medios Electrónicos. Nos reservamos el derecho a eliminar los mensajes que incumplan esta normativa y serán suprimidos del portal los contenidos que violen la Constitución y las leyes.