La placa recordatoria al camarógrafo argentino Leonardo Henrichsen en Santiago (Chile). Foto: EFE/ Elvis González

El 29 de junio de 1973, militares y tanques salieron a las calles de Santiago de Chile para intentar derrocar a Salvador Allende. Un viernes negro de inicios de invierno en el que el argentino Leonardo Henrichsen estaba, como era habitual en su ajetreada vida, en el centro de la noticia. El día en el que grabó con su cámara los tiros que le provocaron la muerte.

Una multitud de personas huye en una calle mientras una camioneta llena de soldados armados estaciona. Varios uniformados empiezan a disparar. En un momento dado, la cámara cae y el objetivo se nubla. Unas imágenes y un abrupto final que quedaron para siempre en la memoria de quienes vivieron aquellos tiempos convulsos, y a golpe de clic para las nuevas generaciones en Youtube.

«Él tenía una cámara grande, con dos rollos. En un lado estaba uno y, cuando se terminaba, usaba el otro. Cuando él se cae (tras los disparos), agarra la cámara, no la quería soltar. Entonces uno de los carabineros se acerca y se la arranca. Saca un rollo de los dos que había y lo vela, pero quedó el otro, el que tenía esta película», explica a EFE Josephine, hija de Leonardo.

«Agarró la cámara y salió a filmar»

Lo de Henrichsen y la cámara fue amor a primera vista. Nacido en 1940 en Buenos Aires, este hijo de un sueco y de una argentina de orígenes británicos comenzó a tomar imágenes con una máquina que le regalaron cuando era chico, y no tardó en entrar como joven aprendiz en «Sucesos Argentinos», el primer noticiero cinematográfico argentino.

Poco a poco fue forjándose como camarógrafo televisivo y se curtió en la cobertura de acontecimientos nacionales e internacionales.

«Terremotos, levantamientos… Era un momento de muchos procesos militares, revoluciones, estuvo en varias», recuerda su hija.

Aquel junio de 1973, con 33 años, casado y con tres hijos, Leonardo recaló en Santiago contratado por una televisión sueca para trabajar con el corresponsal Jan Sandquist. «Iban a cubrir una entrevista (a un dirigente comunista), había un paro grande, situaciones de oposición al Gobierno de Allende y bueno… fueron allá», señala Josephine.

Cuenta que su padre estaba en el hotel donde se alojaba cuando, por la mañana, escuchó disparos, «agarró la cámara y salió a filmar». Fuera, cerca del Palacio de la Moneda -sede del Ejecutivo chileno- y junto a otra periodista sueca, Gunilla Molin, inmortalizó a esos militares que llegaron en camioneta en medio del ‘Tanquetazo’, como se conoce a esa sublevación militar contra el Gobierno democrático, que no tardó en ser sofocada.

Un disparo de esos soldados le quitó la vida.

«Todo esto lo ve un señor (de la productora Chile Films) que estaba arriba del edificio. (…) Luego, a la noche, cuando termina la revuelta, la persona que vio el hecho baja y busca la cámara y se encuentra la película», agrega la hija del camarógrafo.

El negativo fue revelado en Buenos Aires y las imágenes dieron la vuelta al mundo.

Cinco décadas de impunidad

Josephine, que tenía ocho años cuando perdió a su padre, aún recuerda lo que él contaba sobre sus viajes y cuando, en vacaciones, le acompañaba en alguna grabación: «Era muy bueno enseñando», evoca, y remarca lo duro que fue para la familia asumir su muerte.

El ‘Tanquetazo’ -incluido lo sucedido en aquella calle- dejó 22 muertos y empezó a investigarse por el Gobierno de Allende, pero quedó en la nada cuando Augusto Pinochet dio el golpe definitivo el 11 de septiembre de ese año.

No fue hasta la década de 2000 que, gracias al periodista Ernesto Carmona, se localizó el contenido del expediente judicial de 1973 y se pudo reconstruir lo sucedido a Henrichsen, identificar al cabo Héctor Bustamante, considerado principal sospechoso, y presentar una denuncia.

Según Josephine, fueron tres quienes dispararon queriendo impactar en su padre. Relata que el cabo -presuntamente siguiendo órdenes de otro militar- pegó el primer tiro contra el hombre mientras grababa, pero no le dio y convocó a hacerlo a jóvenes soldados que estaban en la camioneta: «Y el tercer tiro es el que le pega».

Tras varias idas y vueltas, la causa, que incluyó la declaración de diversos soldados, fue cerrada en 2012, al resolverse primero la prescripción del delito y después la extinción penal por la muerte de Bustamante en 2007.

Pero Josephine no se rinde y quiere que se reabra.

«Hasta que no logremos probar que esto es un crimen de lesa humanidad, no voy a estar tranquila», afirma, esperanzada con que su lucha pueda ayudar a otros casos impunes de periodistas asesinados.

En Chile, una placa homenajea desde 2013 a Leonardo en el lugar donde murió, y en Argentina cada 29 de junio se conmemora el Día del Camarógrafo.

¿Quieres recibir nuestros titulares diarios, matutinos y vespertinos?

Únete a nuestro canal de Telegram: https://t.me/titularesec

O a nuestro grupo de WhatsApp: https://chat.whatsapp.com/E55qyLa9mGw2hNNrN32r1b

Con gusto te los enviaremos.




Estimado lector: El Diario El Carabobeño es defensor de los valores democráticos y de la comunicación libre y plural, por lo que los invitamos a emitir sus comentarios con respeto. No está permitida la publicación de mensajes violentos, ofensivos, difamatorios o que infrinjan lo estipulado en el artículo 27 de la Ley de Responsabilidad en Radio, TV y Medios Electrónicos. Nos reservamos el derecho a eliminar los mensajes que incumplan esta normativa y serán suprimidos del portal los contenidos que violen la Constitución y las leyes.