Foto EFE

Los miles de feligreses que se congregaron hoy en el estadio de béisbol de la Universidad Central de Venezuela (UCV) en Caracas para la beatificación de la madre Carmen Rendiles, la tercera beata venezolana, clamaron por la libertad de su país y pidieron al papa Francisco visitar la nación.

“Papa Francisco, papa Francisco, papa Francisco”, gritaron a viva voz los venezolanos para luego pedir al cardenal enviado por la Santa Sede para la beatificación, Angelo Amato, que dijera al papa que venga a Venezuela, algo que fue respondido por el prelado de forma positiva. “Oremos, en todo caso, lo diré al papa”.

La petición, que se dio minutos antes de que finalizara la ceremonia, fue seguida por un estruendoso grito de “libertad”, una escena que suele repetirse en ese mismo estadio -cuando hay juegos de béisbol- desde que el país suramericano entró en una grave crisis política, social y económica.

Con capacidad para más de 20 mil personas, el estadio de béisbol de la UCV se llenó casi en su totalidad de fieles católicos, vestidos en su mayoría de blanco, un color que en algunos espacios se perdía de vista con los llamativos colores de las sombrillas que usaban los asistentes ante los fuertes rayos del sol caribeño.

Al terminar la misa, los cardenales y sacerdotes venezolanos también manifestaron a la prensa la necesidad de unión en el país ante la situación que se vive y consideraron que el hermoso momento de la beatificación fue un escenario para ello.

“El pueblo de Venezuela tiene fe, una fe cristiana católica arraigada en el corazón y hoy en estas circunstancias muy difíciles que estamos viviendo todavía la sacamos desde adentro para poder continuar luchando por justicia, por libertad, por nuestra patria. Ese es el deseo de todos los venezolanos”, dijo el arzobispo de Valencia (centro-norte), monseñor Reinaldo del Prette.

El cardenal Baltazar Porras también dio un mensaje para hacer valer los valores positivos y salir de la violencia y el odio y, como gritaban, pues, nuestros muchachos: ‘libertad’. Que esa libertad sea interior y exterior para que podamos construir el país que todos soñamos”.

En esta fiesta religiosa, que contó con cantos criollos de alabanza a Jesucristo y a la Virgen María, destacándose los tambores y el cuatro venezolano, también fueron múltiples las plegarias para que sea beatificado José Gregorio Hernández, un médico nacido en 1864 en el estado de Trujillo (oeste) de vocación católica y al que se le atribuyen cientos de milagros.

La petición a la iglesia se hizo presente desde que inició la ceremonia y en un momento determinado el cardenal Amato respondió a la multitud que el caso del “doctor José Gregorio”, como le llaman los venezolanos, está en latencia pues falta el milagro.”Debemos orar al señor por el milagro”, agregó el cardenal.

Para el arzobispo de Caracas, Jorge Urosa Savino, el deseo de los venezolanos de que Hernández sea beatificado es una alegría inmensa. “Él es realmente un ejemplo que todos nosotros tenemos que seguir, un ejemplo de vida, un ejemplo de entrega al pueblo de Dios”, indicó el también cardenal que durante la apertura de la ceremonia dijo que la misa también serviría para pedir a “Dios que Venezuela supere en paz sus problemas”.

Los venezolanos además abogaron por la unión en el país y vieron en la beatificación de la madre Carmen Rendiles un momento propicio para el encuentro ante la situación política del país.

“Siento que cada beatificación es un momento histórico para la nación y más en el contexto actual que tenemos como nación, siento que momentos como este está reuniendo a todos los venezolanos”, dijo el joven Jair Pineda de 18 años.

El también estudiante de Comunicación Social pidió al papa rezar por Venezuela para que el país salga de los problemas en sana paz.

La beatificación de la madre Carmen Rendiles responde a una petición de la Iglesia local, según se explicó en la misa, luego de que concediera un milagro a la médico venezolana Trinette Durán de Branger, quien el 20 de mayo de 2003 recibió una fuerte descarga eléctrica en el brazo derecho mientras trabajaba.

Durán de Branger, tras asistir a una veintena de médicos y estando a punto de ser operada, imploró ante un cuadro de la madre Carmen su curación y luego de ver un rayo de luz que salió de la imagen y llegó hasta su hombro su brazo quedó “restablecido totalmente”.

Las otras dos beatas de Venezuela son la Madre María de San José, en mayo de 1995, y la Madre Candelaria de San José en abril de 2008




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