En días recientes he tenido la oportunidad de participar en diversos eventos organizados por el sector privado nacional, incluyendo la Reunión Anual de la Federación Iberoamericana de Bolsas de Valores celebrada en Caracas, el afamado Almuerzo de Contralores en Valencia y la Expo Empresarial de Camcaroní en Ciudad Guayana. Entre otras lecturas destaca el significativo poder de convocatoria del sector productivo y las ganas de hacer de sus miembros, ya que en todos los anteriores los salones han estado “a casa llena”. Clara y admirable manifestación de compromiso.

Estamos quizás ante un eventual y muy ansiado punto de inflexión de nuestra realidad económica, inicialmente tibio que apenas comienza a manifestarse y cuyo alcance y resultados están todavía por verse. Permitir la dolarización, dar un respiro al empresariado en la aplicación de ciertas medidas restrictivas, el alza en la producción y precio del petróleo, la regularización en el suministro de gasolina y varios otros factores se conjugan para que hayamos alcanzado un ligero incremento en la producción nacional de bienes y servicios. La innegable verdad es que la resiliencia de quienes se dedican a esto es digna de respeto y admiración, ya que al mejorar tan solo un “poquito” las condiciones bajo las cuales operan las empresas de inmediato responden con un repunte de la actividad, del empleo, de mejoras salariales, de la búsqueda de nuevas oportunidades y pare usted de contar. Se ratifica aquél viejo término en francés, laissez-faire.

No hay dudas de que esto aún es para nada suficiente, las incipientes mejoras no han llegado a todos y todavía falta mucho por hacer. Un sector informal de la economía que ocupa más del 80% de la población activa es un indicador claro del marcado atraso en el cual estamos. Y es ahí donde se debe insertar el liderazgo del sector productivo, que a mi entender bien ejecuta su rol en el escenario actual. Porque a nivel gremial es imperioso desunir lo político de lo socioeconómico y enfocarse, como en efecto hoy lo están, en la propensión a las mejores condiciones para producir y competir. Solamente si logramos rectificar el marco regulatorio podremos realmente avanzar. Ello implica exigir cambios fiscales, desmontar legislaciones punitivas, permitir el financiamiento bancario en bolívares y divisas, junto a mejorar los servicios públicos y la infraestructura en general; que son tan solo algunas de las sonadas aspiraciones.

La monumental complejidad del momento político ha marcado el momento económico del país, lo cual de inmediato se traduce en nuestra realidad social. Hasta ahí vamos más o menos todos de acuerdo. La dificultad estriba en cómo enfrentar dicha complejidad si los actores de ambos lados son los mismos – gobierno y empresarios. Tamaño reto cuya magnitud no debe pasar desapercibida. No obstante, para los que seguimos aquí rendirse no es una opción. La sempiterna lucha por proponer hasta convencer a quienes tienen el poder de cambiar el entorno no ceja, más bien se acentúa cuando el sector privado tiene, junto a la Iglesia Católica, el más alto grado de credibilidad del país. Y se trata de mantener en el plano objetivo que las condiciones que pedimos son para el bienestar de todos, por la vía de las utilidades, el empleo y los impuestos. Las mejoras que alcance el sector privado nacional son del tipo ganar-ganar, porque se vende más, se contrata más, se remunera mejor y se pagan más tributos. Queda claro que solamente podemos redistribuir riqueza, lo otro es la realidad social actual a que hago referencia arriba.

Todos los eventos y actividades empresariales que se están dando a nivel nacional, resaltando las recientes conversaciones bilaterales con empresarios de Colombia en la frontera y las que a diario proponen las Cámaras regionales de Comercio e Industria, la Cámara Petrolera, la Inmobiliaria, de la Construcción, Turismo, Transporte y tantas otras, esbozan el manifiesto empeño multisectorial en seguir adelante. No es tarea fácil voltear la tortilla de las condiciones y sin embargo seguiremos adelante, marchando como reza el himno de Francia… ”hasta que la victoria acuda bajo nuestras banderas”.

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